3.5.18

WILLIAM ACKERMAN:
"It takes a year"

William Ackerman y Anne Robinson habían sido los artífices de un nombre mítico en el panorama musical instrumental, un fenómeno que desde California iba a extenderse paulatinamente, primero por Estados Unidos, hasta alcanzar un nivel mundial conforme mejoraban los sistemas de distribución y marketing. Windham Hill, el sello discográfico en cuestión, era una 'gallina de los huevos de oro', pero primero había que cuidarla y alimentarla, antes de recibir los dorados beneficios. Del 76 al 80 destacaban los protagonistas de esta aventura que tuvieron muy buena prensa pero no ganancias, y aunque su propósito no fuera lucrarse sino disfrutar trabajando con su propio potencial musical, al fin y al cabo había que comer, y pagar a sus músicos: "Se trataba de un puñado de artistas -destaca Will- cuya música cayó fuera de las categorías comerciales de su tiempo, y se convirtió en un pequeño movimiento". Robinson y Ackerman vendían álbumes por correo y acudían con su vieja furgoneta Volvo a tiendas de alimentos saludables y librerías metafísicas, donde dejaban sus discos, pero ambos seguían con sus trabajos, Will de carpintero en Windham Hill Builders y Anne en la librería The plowshare. Ya llegaría George Winston para que todo explotara definitivamente, y de paso para que la vida en común de William y Anne llegara a un punto sin retorno, pero mientras tanto, el talento de Ackerman continuaba intacto, casi virginal y maravilloso, como acabó demostrando en su segundo plástico y tercera referencia de la compañía, publicado en 1977 con el título de "It takes a year".

Según sus palabras, Ackerman quiso intentar un sonido diferente para su segundo disco, "intenté algo retirado deliberadamente del lenguaje folk y blues. Yo no iría tan lejos como para llamarlo cualquier tipo de clasicismo, no soy un intelectual". "It takes a year" no se separa excesivamente, sin embargo, del lenguaje musical de "In search of the turtle's navel", aquel primer plástico de Windham Hill en 1976. "The bricklayer's beautiful daughter" es el emblemático comienzo de la obra, un suave lirismo impregna la canción de poesía, un ímpetu entusiasta que se desplaza enseguida al oyente, atrapado en la jaula de metal de las cinco cuerdas. Este maravilloso inicio, posiblemente la composición más conocida del guitarrista, tal vez suene más complaciente que en la generalidad del álbum de debut de Ackerman, pero su aparente sencillez no es tal, su técnica de interpretación hace honor a unas piezas para guitarra acústica verdaderamente inspiradas, que acaparan totalmente el espacio y el tiempo de un oyente fascinado. Su título, tan folclórico ('La bella hija del albañil'), parece recrear viejas trovadas celtas. A este respecto, las cuerdas de metal también pueden sonar tan dulces como un arpa y viajar hasta esas lejanas aldeas irlandesas, sólo hay que escuchar la estilosa "Balancing" para realizar el viaje. Es sin embargo un desplazamiento ficticio, ya que las impresiones generales del trabajo son puramente norteamericanas. La segunda tonada destacada del trabajo es "The impending death of the Virgin spirit", otro título extravagante para otra bellísima composición con la que Will sigue contando historias, camufladas en notas musicales con evidente gracia; en esta ocasión la historia es tan emotiva como rendir memoria a su madre, que se suicidó cuando él tenía doce años. La canción que titula al álbum ("It takes a year") es otra pieza reflexiva, como un paseo en barca por un río calmado pero con un pequeño oleaje, suficiente como para no bajar la guardia, como no se puede bajar ante el aluvión de buen gusto que presentaba Ackerman en esta su obra de confirmación. Por ejemplo en la movida "The townshend shuffle", con sus aires sureños, una alegre y cuidada melodía fingerstyle, la primera en un trabajo dominado por un sentimiento general de melancolía; la segunda muestra de este acercamiento al bluegrass llegará al final de todo con "The rediscovery of Big Bug Creek Arizona", un sonido muy metálico para acabar de forma explosiva. Entre tanto, el álbum disfruta de la calma folclórica de "Tribute to the philosophy of James Estell Bradley" -otra tonada con aromas de campo y espacios abiertos-, justo antes del tema que de mítico título, "The search for the turtle's navel", soleada, vacacional, como si la estuviera tocando despreocupado a los pies del gran árbol que ilustra la portada. Es difícil comprender por qué esta composición, originaria de 1970 (una de sus primeras creaciones, de hecho), no fue incluida en su debut discográfico. Como ya había sucedido con su primer trabajo, "It takes a year" también contó con un curioso cambio de portada en una edición alemana por parte de la compañía Pastels. En las demás, ese enorme y frondoso árbol. Aparte de en los típicos samplers del sello ("Windham Hill Records sampler 81", por ejemplo), "The bricklayer's beautiful daughter" fue incluida en el recopilatorio "Jane Fonda's Workout Record", una especie de banda sonora para las posturas de entrenamiento, música para ponerse en forma con la conocida actriz norteamericana.

"It takes a year" fue producido de nuevo por Scott Saxon y grabado en Mantra Studios (San Mateo). Construido acto seguido de "In search of the turtle's navel" con piezas compuestas entre 1970 y 1976, este disco y aquel parecen hermanos, ambos exploran en un folk americano sin palabras, donde la guitarra es más que la protagonista, es el vehículo por medio del cual surge una nueva ideología, la cultura del sello que popularizó en todo el mundo la nueva música instrumental acústica, solos de guitarra, piano o variados conjuntos en los que convivían folclore, jazz, blues y una pizca de clasicismo. El rabioso ímpetu del punk y la eclosión de la música disco, lejos de frenar la progresión y el crecimiento de Windham Hill, provocó mas bien el efecto contrario, una reacción de la audiencia tradicionalista, una acuciante necesidad de reivindicar lo artesanal, lo acústico. William Ackerman, como Manfred Eicher en Europa con ECM Records, han hecho más por la música (y han entrado por ella en la historia) que cualquier banda de punk o disco, aunque no sean recordados por el gran público y multitud de libros como aquellos. Vale la pena dejarse atrapar por este genio de la guitarra cuyo importante papel, aunque distante en el tiempo, hay que reconocer en su justa medida.

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3 comentarios:

jose pobes lacruz dijo...

No puedo ser muy objetivo con éste disco porque fue de los primeros que me "piratee" dentro de éstas músicas. Sin ser uno de los "mejores" guitarristas, me llega mucho más que otros con más destreza técnica. Pero en lo que era (o es) grande éste hombre es produciendo, es casi el alma aquella maravillosa corriente musical que en éste blog se trata.
Por cierto, ahora me doy cuenta de que un buen porcentaje de aquella irrepetible generación llamada de música N.A. eran norteamericanos, cosa que no sucede en ningún otro género musical de la cultura anglosajona, siempre comandado por británicos y alemanes.
Grande Ackerman.

Pepe dijo...

Desde luego, las grandes compañías exclusivas de 'new age', al menos en los comienzos, eran norteamericanas. En Europa también hubo grandes sellos de músicas electrónica, folclórica, etc, claro, de las que en España hay buenos ejemplos (El cometa de Madrid, Música Sin-Fin...), pero aquellos pioneros suponen algo especial, y Windham Hill es el mito por excelelencia, como lo es particularmente Will Ackerman.

Carlos dijo...

Simplemente maravilloso, para echarte a volar!!!!!