23.2.08

MADREDEUS:
"Os dias da MadreDeus"

A mediados de los 80 una guapa jovencita cantaba temas tradicionales portugueses en las tabernas de Lisboa. Qué poco podía imaginar Teresa Salgueiro que dos décadas después iba a poseer el caché actual y su nombre iba a ser referencia no sólo en su país sino en el resto del mundo. Y aunque gran parte del mérito sea de su voz, en realidad otros nombres tienen mucho que ver en esta historia, y son los de sus 'descubridores', Pedro Ayres Magalhaes y Rodrigo Leao. Magalhaes y Leao buscaban un cambio de rumbo en la forma de enfocar la música portuguesa, una apertura de miras que, manteniendo el respeto al fado y la tradición, abriera un nuevo camino y una necesaria forma de encauzar sus objetivos artísticos. Guitarrista el uno, teclista el segundo, miembros de grupos destacados del panorama portugués como Herois do mar y Setima Legao, necesitaban expresarse no por medio del fado, ni del rock ni de la música folk, sino por una nueva vía que englobara lo anterior en un nuevo contexto más cercano a la música de cámara que a movimientos más modernos, un estilo propio que iba a encontrar su auténtica forma de ser gracias a aquel encuentro con Teresa Salgueiro en una taberna del Barrio Alto.

Al este de Lisboa, en el barrio de Madre de Deus, estos músicos 'avanzados' encontraron un sitio ideal para sus ensayos, la antigua iglesia del convento de Xabregas. Enseguida un nombre comenzó a tomar forma, merced a los comentarios de la gente que iban a ver al grupo a Madre de Deus. Poco después, "Os dias da Madredeus" fue grabado en aquel mismo sitio y en rudimentarias condiciones, ya que no se trata de un disco de estudio, cuidado y convenientemente producido, sino el fruto de unos directos interpretados las noches del 28, 29 y 30 de julio de 1987 evitando todo ruido, por lo que el público invitado es escaso, se tenían que evitar los horarios de los trenes cercanos y los intérpretes llevan los pies envueltos en cojines. Varias conclusiones se pueden extraer al escuchar el álbum, que fue publicado por EMI ese mismo año, pero sobre todo es un atisbo de la calidad de los músicos implicados en el mismo. La semilla de Madredeus son los experimentos de guitarra y teclado entre Pedro Ayres y Rodrigo, si bien la faceta acústica iría tomando mayor forma tras la incorporación de los demás miembros del grupo: Fernando Judice -guitarra acústica-, Gabriel Gomes -acordeón- y Francisco Ribeiro -violonchelo-. La sonoridad de la guitarra clásica y el especial sentimiento del acordeón les hacen destacar sobre teclados y violonchelo, lo cual no significa que éstos no tengan la importancia debida en el conjunto, porque Madredeus es realmente un todo. Así comienza el trabajo, con el espléndido acordeón de Gomes en "As montanhas", un tema de esos que seguramente nacieron casi como improvisaciones -según contaba Magalhaes poco después-, creadas con calma, como ejercicios para el perfeccionamiento instrumental de los músicos. En efecto, otros de los instrumentales destacados parecen también pequeños divertimentos, con predominio de teclados en "Os pássaros quando morren caem no céu", o de guitarra en "A península". Sin embargo es indudable que los que realmente impactan son los temas vocales, en especial en una primera mitad del disco sorprendente, por cuanto algo tan sencillo pueda resultar tan original: en "A sombra" -dedicado a la memoria de Antonio Variaçoes, primer músico portugués muerto de sida- se refleja una imponente sensibilidad; "A vaca de fogo", primer single, cuyo video-clip revela ese espíritu experimental en el que hay impresa una extraordinaria fuerza y seguridad -genial ese carácter casi hipnótico de guitarra y acordeón-; "Adeus... e nem voltei", triste pero firme como su título, donde no hay vuelta atrás posible. Tras esas tres canciones de composición casi exclusiva de Pedro Ayres Magalhaes (Gabriel Gomes colabora en la música de "A vaca de fogo", pero queda claro quién es el alma del comienzo del grupo) en casi todas las demás la música va a ser colaboración de Magalhaes con Rodrigo Leao, destacando la alegre "A cantiga do campo" (con letra del poeta Gomes Leal), "Fado do mindelo" o "A cidade".

Portugal es un territorio agazapado, oculto para Europa por la amplitud de España, pero no sólo guarda innumerables tesoros naturales y una hospitalaria humanidad, sino que su bagage cultural proporciona al buscador de belleza un incontable número de razones para detenerse en su idioma y sus costumbres. Siguiendo en su mayoría la estela de Amalia Rodrigues, muchos han sido los nombres de cantantes portuguesas que han saltado a la fama más allá de sus fronteras: Dulce Pontes, Misia, Mariza, Cristina Branco, cada una de ellas otorgando su personalidad al fado, o incluso intentando en algunos casos una cierta revolución estilística, como la que supusieron los discos de Rodrigo Leao o V Imperio. Junto a Dulce Pontes, posiblemente la popularidad más grande sea para Teresa Salgueiro, la voz cantante de un grupo que fue más allá de Lisboa para llegar a practicamente cualquier rincón de un planeta que, en 1987, acogió una música especial, un caudal de expresividad con la fuerza de las raíces y la osadía de la modernidad. Cada día debería formar parte de los días de Madredeus.

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