1.7.07

DAVID LANZ:
"Nightfall"


David Lanz asegura que sintió miedo la primera vez que ojeó una revista en la que aparecía un disco suyo como número 1. Este hecho sucedió cuando Billboard -la más importante revista estadounidense de rankings musicales-, tras darse cuenta de que existía un movimiento musical fuera de lo común que generaba unas inmensas ventas, decidió dedicarle por primera vez un apartado exclusivo. La creciente fama y aceptación popular del fenómeno new age elevó a David Lanz a la categoría de superventas, y en su pequeña lucha con Windham Hill, Narada Productions se apuntó el primer tanto con este pianista albino nacido en Seattle en 1950 y un carismático álbum titulado "Cristofori's dream". Sin embargo, ese era el tercero de los discos de piano que Lanz editó con Narada, tras "Heartsounds" en 1983 -que sirvió de aprendizaje y toma de contacto con ese mundillo, y fue también la tercera referencia de la propia Narada tras "Pianoscapes" del también pianista Michael Jones y "Seasons" del guitarrista Gabriel Lee-, y "Nightfall" en 1984, la confirmación de un fenómeno que comenzaba a tomar forma.

Lanz, que provenía del mundo del rock, pop y jazz (en los cuales incluso cantaba), llegó por casualidad a la new age, por mediación de un amigo que le pidió que compusiera una música muy espiritual para un seminario en el que se hablaba de los chakras, centros de energía del cuerpo humano. Esas melodías le hicieron encontrarse con un plano introspectivo de su realidad, y tuvieron tan espectacular acogida que Lanz las utilizó como base de su primer disco de solos de piano, "Heartsounds", en el cual adivinó un mundo de posibilidades para su exclusiva música, por lo que se implicó al 100% desarrollando su propio estilo como solista. El piano estuvo siempre el casa de David, su abuela y su madre lo tocaban, así que a los cinco años ya daba clases y destacaba. El Lanz de "Heartsounds" tenía un estilo más agresivo, rockero, melodías vertiginosas con ecos de ragtime. El cambio con su siguiente álbum, "Nightfall", se evidencia en la profundidad de las piezas, mejor estructuradas y más sentidas y expresivas. En efecto, un aura de romanticismo y delicadeza envuelve el trabajo, haciendo del piano un vehículo de cálidos sentimientos, pero además cualitativamente inmensos, ya que cualquiera de las seis composiciones que pueblan el álbum son destacables, constituyendo algunos de sus grandes clásicos, desde el esplendoroso comienzo que supone "Leaves on the Seine" -sin duda una de las mejores composiciones de Lanz en toda su carrera- hasta el final en "Song for Monet", ambas piezas de evidente inspiración parisina. La primera es una partitura preciosa, melancólica, de pinceladas impresionistas, que representa el cambio definitivo del pianista hacia un estilo melódico sin rival en el campo de la new age de los 80; con la segunda vuelve a entrar en juego una melodía agradable, dulce, con las que Lanz acaricia el piano y los corazones de los oyentes. Ambas fueron incluidas en el primer sampler de Narada, titulado simplemente "Narada Sampler #1". "Nightfall", la composición que da título al disco, es también de las más admiradas del mismo, es difícil no quedarse completamente encandilado durante siete mágicos minutos con su lenta cadencia reflexiva, de tristeza luminosa, algo parecido a lo que sucede con "Courage of the wind". En una línea algo más movida nos encontramos con "Water from the moon" y "Faces of the forest", delicioso himno en la senda de otros anteriores como "Heartsounds" (ni tan frenético ni tan breve), que se engalanará y acortará en su versión para el posterior trabajo de Lanz junto al guitarrista Paul Speer -productor además de este "Nightfall"-, "Natural states", otro de los grandes clásicos de la new age. Especialmente destacable es la dedicatoria que acompaña al trabajo: "La música de este álbum fue escrita durante el noviazgo con mi entonces futura esposa, Alicia. Fue un momento maravilloso y romántico para los dos, y a menudo pienso en este álbum como un hermoso recuerdo de ese período en nuestras vidas. Alicia nombró varias de las piezas, y ella fue la fuente de inspiración detrás de muchas de ellas. Este es un álbum que siempre será especial para mí".

Escuchar las primeras obras de David Lanz es un regocijo y un auténtico placer auditivo, su piano suena distinto, posee una elegancia natural, reflejo tal vez de su imagen sofisticada y sugerente. En su estilo pausado y romántico, el teclista propone un largo viaje con la única compañía de las teclas, donde descubrir un mundo de sentimientos latentes. Discos como "Nightfall" proporcionan todo lo que cualquier oyente con predisposición y buen gusto desea, una notable inspiración en la composición y la indudable calidad en la interpretación, por lo que la música de este pianista estadounidense no sólo es altamente aconsejable sino de escucha obligatoria para el melómano, seguidor o no de lo que ya se denominaba música new age.

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4 comentarios:

Jaime dijo...

A cualquier persona con sensibilidad, no le dejaría indiferente. Romántico y sensible, todavía dentro de la sencillez previa a "Christophori's dream". Evidencia esa frescura de estas músicas en aquella época. De nuevo el sacar una melodía y recrearse en ella, como queda evidente en "Nightfall".
Quizás Winston sea más completo, pero Lanz más sensible

Pepe dijo...

Hay muchos otros pianistas en esa época pero pocos tan completos como estos dos. Me quedo con ambos aunque Lanz coincida más con mis preferencias (a Winston le dan locuras de vez en cuando -guitarras hawaianas, Vince Guaraldi-).

Warren Keffer dijo...

Pues este disco no lo tengo, así que a por él de cabeza.

Misael dijo...

Water of the Moon es mi pieza favorita de David Lanz. Suena tan melancólica y profunda. Sin duda la mejor pieza del disco Nightfall.