21.5.07

MIKE OLDFIELD:
"Ommadawn"

Por encima del misticismo de "Tubular bells", del encanto pastoril de "Hergest Ridge", del eclecticismo de "Amarok", de la tecnología de "The songs of distant Earth" y por supuesto de la comercialidad de "Crises" o "Islands", hay un disco en la carrera musical de Mike Oldfield que ha levantado admiración y favoritismo más allá de tiempos y lugares: "Ommadawn" llegó en 1975 de la mano de Virgin Records y fue la demostración de que Oldfield era en esa época, simplemente, 'el mejor', el que había revolucionado los conceptos musicales con "Tubular bells", el que había solapado dos números 1 cuando lanzó "Hergest Ridge" en plena crisis petrolífera, el que agobiado por el éxito y presa de una difícil personalidad y de peligrosos ataques de pánico, escapaba de la prensa y de la gente siempre que podía y se refugiaba en lo más profundo de la campiña. Y precisamente, tras la agobiante y ruidosa urbanidad de "Tubular bells", que supuso una necesaria válvula de escape para el joven Oldfield, llegaron dos discos relajados, inspirados por la hierba (en sus dos sentidos) y por la libertad, y ante todo la confirmación de que cada obra de este compositor era distinta que la anterior.

A pesar de lo que se suele afirmar, "Ommadawn" no es música celta, es música de Mike Oldfield (un estilo que ya era propio) inspirada por la Irlanda de sus antepasados y por el folclore y la cultura celta. El indudable encanto del arranque de la obra es solamente el inicio de una monumental sinfonía en la que todo es destacable, un primer acercamiento de Oldfield a la música étnica -lo que poco después comenzó a llamarse world music- con escasos atisbos clásicos, alejándose bastante de sus dos primeros plásticos. El folclore irlandés y la percusión africana se alían con la personalidad del rock, en una especie de historia de amor entre Oldfield y su público, una obra que huele a remembranzas familiares, a lluvia en la campiña británica, llena de dolor pero también de paz. Desde su mansión en la frontera con Gales, The Beacon, y con las ideas no del todo claras, se acabó cuajando una convivencia perfecta -con la ayuda de nuevo en la co-producción de Tom Newman- entre teclados, las guitarras ya características de Oldfield (que también se encarga de bajo, banjo, bouzouki, bodhrán, órgano, glockenspiel, arpa, mandolina, voces y algunas percusiones), las percusiones africanas del sudafricano Julian Bahula, las voces de Sally Oldfield, Clodagh Simmonds y Bridget St.John, y otros instrumentos más clásicos (chelo, trompeta) y folclóricos (especialmente las flautas de su hermano Terry y de Leslie Penning, y la gaita irlandesa del carismático líder de los Chieftains, Paddy Moloney). Que la obra acabara resultando casi perfecta es una muestra de que Oldfield estaba en esa época tocado por una varita mágica, ya que algunos colaboradores desvelan un cierto caos: Moloney asegura que tocó su parte a ultimísima hora y alegremente embriagado; Philip Newell, ingeniero de sonido, revela desesperado que fue obligado a borrar unas increibles melodías de guitarra porque Oldfield tuvo miedo de que la crítica no las aceptara; además, toda la primera parte de la obra tuvo que ser grabada de nuevo por un excesivo gastado de la defectuosa cinta original. A pesar de todo, el resultado acabó siendo impresionante, pero aparte de las virtudes que ya se alabaron en la época (el soberbio encuentro entre estilos, la condición de multiinstrumentista de un autor joven y misterioso), el paso del tiempo ha alimentado otras (parece imposible que el disco pase de moda tantas décadas después, y para la mayoría de la crítica y seguidores nunca se ha podido superar) para confirmar que la leyenda de "Ommadawn" existe y sigue estando viva. No podía ser menos después de admirar el resultado: en su primera parte el delicado comienzo, la continuación genuinamente folk y el maravilloso guitarreo que antecede al extracto más conocido, un final apoteósico culminado por un enorme clímax, cuya monstruosa guitarra eléctrica final posee una fuerza descontrolada, deudora del dolor que le produjo la muerte de su madre escasas fechas atrás. La segunda parte, no menos inspirada, presenta tras un comienzo caótico donde conviven hasta 62 guitarras dobladas (en una nueva labor de ingeniería en el arcaico estudio de grabación), otro pasaje campestre con la gaita de Paddy Moloney ejecutando una bella melodía, y uno de los más apoteósicos solos de guitarra de toda la carrera de Oldfield, para concluir con la inocente pero simpática canción titulada "On horseback", donde William Murray (un batería de la banda de Kevin Ayers con el que Mike convivía en The Beacon tras su última ruptura sentimental -que repetirá colaboración, como Paddy Moloney y Tom Newman, en esa especie de segunda parte de "Ommadawn" que será "Amarok"-) y Mike Oldfield firman una letra en la que hablan de lo mucho que les gusta el campo, la cerveza, el queso, pero sobre todo montar a caballo. Simple y precioso, como un postre -dijo oldfield- para cerrar relajadamente el álbum, una obra que por legendaria iba a gozar de dos continuaciones muy separadas en el tiempo, el glorioso "Amarok" en 1990 (obvio homenaje, aunque no incluyera el título del original), y un bonito resucitar en 2017 titulado "Return to Ommadawn".

"Ommadawn" es la pronunciación inglesa de la palabra gaélica "Amadian", que literalmente signica 'tonto', si bien los caprichos del lenguaje la asemejan a 'on my down' (en mi amanecer). La bucólica portada nos deja ver por primera vez el rostro de Mike Oldfield, aunque dentro hay mucho más que música para días lluviosos, hay lucidez y depresión, alegría y tristeza, esperanza y nostalgia, pero sobre todo, impregnando el conjunto, advertimos una belleza difícil de igualar, que la prensa de la época no supo apreciar en su totalidad, si bien no fue tan duramente atacado como "Hergest Ridge". Curiosamente, no alcanzó en Inglaterra el número 1 que sí había obtenido aquel, llegando sólo hasta el 5, y pasó sin pena ni gloria por las listas norteamericanas, aún habiendo ganado ese año el grammy por "Tubular bells". Para afianzar el tirón del álbum, se comercializó un single con la deliciosa pieza "In dulci jubilo" en la cara A, y "On horseback" en la B, y seguidamente otro con dos nuevas y deliciosas miniaturas de corte tradicional, "Portsmouth" y "Argiers". De forma parecida que sus dos álbumes anteriores, puede que nunca se vuelvan a repetir, ni en Mike Oldfield ni en ningún otro artista, las condiciones que contribuyeron a crear un trabajo como "Ommadawn", es necesario entonces disfrutarlo como la obra única y genial que es.

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16 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Hola Pepe

Para mí el disco de Mike que mejor ha envejecido...está entre los tres que más me gustan (depende del dia, puede estar el 1º, 2º o el 3º)

Y como siempre, muy buen análisis.

Un saludo desde la lluviosa y verde Asturias.
Cuidate mucho...('21 días ya de Rodriguez')

10:59 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Vaya, el de arriba soy yo...valiado

11:00 p. m.  
Blogger Pepe said...

Aunque no lo hubieras aclarado (con otro anónimo) lo hubiera supuesto, combinando la verde Asturias con tus días de Rodríguez. Espero que lo lleves más o menos bien (y si no, vente a Zaragoza, que está más cerca que Basilea).

A mí me pasa parecido con "Ommadawn", está en el podium pero la posición es indiferente, lo mismo que este año con alonso, Massa y Hamilton (y Raikonnen, si unimos "Amarok").

4:47 p. m.  
Anonymous santi said...

Si señor,por fin Ommadawn,el mejor disco de Mike. Buena crítica. Me quedo con el final,una obra única y genial.

6:04 p. m.  
Anonymous David said...

¡Hola Pepe!

Lo que daríamos por escuchar esos fragmentos que borró el Newell!!!

Fantástica entrada de un disco que seguramente encabezará el ranking de la mayoría de oldfianos. En mi caso, también su posición sería indiferente, compitiendo duramente con Tubular Bells y Amarok. Aunque parezca mentira, a Hergest Ridge no lo meto en el lote de los elegidos, me gusta, pero tras tropecientas escuchas no me engancha tanto como esos tres.

Una de las claves de que mejore con el paso del tiempo creo que la apuntas en el segundo párrafo: "convivencia perfecta entre teclados, las guitarras ya características de Oldfield, otros instrumentos..." Ommadawn transmite una gran sensación de armonía, con entradas y salidas de todos los instrumentos justo en los momentos adecuados.

Por cierto, leyendo su autobiografía, o intentándolo con el inglés, resulta llamativo (o quizá esperado) la cantidad de páginas que dedica hasta Incantations. Cuando vamos por la mitad del libro, página 130 más o menos, Mike todavía no había grabado Tubular Bells. Con este detalle queda todo dicho de la minuciosidad en la narración de su infancia, juventud y las experiencias que le fueron forjando como persona (rara) y músico. Apasionante.

En el caso de Ommadawn, le dedica el capítulo 11, entre las páginas 171 y 185, y describe bastante bien el concepto, anécdotas de la grabación y su difícil situación personal en esos meses. Ya lo comentaremos cuando quedemos.

Nos vemos pronto.

Un saludo.

8:51 a. m.  
Blogger sergio said...

un mundo al que escapar a menudo. que grande el oldfield "curro romero".

OLE!

12:28 p. m.  
Blogger Pepe said...

Vaya, David, das envidia con eso de la autobiografía (espero que sea mejor que la biografía no autorizada que publicó Cátedra, ja, ja), pero como no sé inglés paso mucho de comprarla por que sí, esperaré a que, como tenéis buen corazón, la vayáis traduciendo.

Santi, ya conocía tu debilidad por "Ommadawn", y la tuya, Sergio, -símiles taurinos incluídos-, aunque te veo más hergestridgeado.

5:19 p. m.  
Anonymous jaimixx said...

Ya era hora, te has hecho de rogar pero por fín lo has puesto. Ommadawn es para mí el disco más perfectod e Oldfield, sin ningún momento sobrante (lo siento ni el hombre de las cavernas de TB ni la tormenta eléctrica de HR me convencen).

P.D: respecto a lo de cual biografía es mejor, no se que decirte... ;-)

9:45 p. m.  
Blogger Pepe said...

Jaimixx, no tengo ninguna duda de cual de las dos biografías es mejor, pero tampoco de cual tuvo más trabajo de documentación en una época en la que casi casi no había ni internet.

En cuanto al caveman y la tormenta eléctrica, son momentos intensos que complementan los discos aportando mucho carácter, a mí me parecen maravillosos pero entiendo que haya gente, como tú mismo, a la que no le convenzan.

3:48 p. m.  
Anonymous jaimixx said...

Pues espero que digas la tuya, porque aunque esta nueva tiene documentación de primera mano, me parece torpemente escrita.

3:43 p. m.  
Blogger Pepe said...

Sinceramente, no la he leído, sobre todo porque no sé inglés, así que esperaré a las prometidas traducciones.

Escrita torpemente o no, la información de primera mano que incluye es muy importante. Eso sí, el momento en el que se publicó la mía también fue importante, y seguro que mucha gente descubrió en ella cosas que desconocían totalmente. En fin, lo importante es tener las dos y quedarse con lo mejor de cada una, pero gracias de todos modos por tu incondicionalidad, ya te pagaré lo acordado, je je.

4:37 p. m.  
Anonymous Jaime said...

Este disco fue influido y a su vez influyó en el auge de la música celta en las islas (y demás geografía musical), ésta última es la diferencia con "Voyager". Fresco, bello,....no acabaríamos. SIMPLEMENTE: LO MEJOR DEL MEJOR!

12:33 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

BUEN DISCO,pero nada es comparado a OXYGENE de J.M.JARRE; MIKE O. es genial pero a veces muy repetitivo y monotono, JARRE siempre innova,sorprende.. Al menos Ommadawn tiene sentimiento y no el ladrillo de Tubular bells q tras pasar los 5 min es para tirarlo.
LA musica murió en 1992!!! nada es igual

2:29 p. m.  
Blogger Pepe said...

Bueno, a mí también me gusta mucho Jarre (un día de estos hablaré de "Chronologies"), aunque esta época de Oldfield es majestuosa.

Me parece bien que prefieras "Oxygene" a "Ommadawn" pero eso de 'el ladrillo de TB'... un poco fuerte, no?

3:21 p. m.  
Anonymous Saint Germain said...

Saludos, amigo Pepe. Mucho tengo que agradecerte aquel librito tuyo que tanto me ayudó a enfrentarme a la que por entonces me parecía una discografía enorme y que venía sin manual de instrucciones: la de Mike Oldfield. Tengo por ahí tu libro, en un cajón, hecho pedazos de tanto usarlo. La verdad es que solamente quería saludarte, aunque aprovecho para darte mi opinión sobre Ommadawn, que es lo que viene al caso. Creo que es, efectivamente, de lo mejor de Oldfield. No estoy totalmente de acuerdo contigo sobre la sonoridad predominantemente celta del disco, yo veo en él una especie de "world music" primitiva, con un peso africano considerable.
Aparte de todo esto, también sería interesante realizar una reflexión, dando quizá un paso atrás, sobre el porqué de tantas críticas a Oldfield, a su etapa actual de teórica decadencia. Si un día escribes algo específico al respecto, espero estar ahí para aportar mi particular opinión. ¡Saludos!

5:45 p. m.  
Blogger Pepe said...

Saint Germain, muchas gracias por los cumplidos, yo sigo por aquí comentando (de Oldfield ya no tanto, pero algo seguirá cayendo en 2016), así que confío en que sigas atento.
Deodárain, también gracias por comentar, buena conclusión la tuya, "Amarok" es un experimento maravilloso y un poco loco, pero Oldfield en esa época estaba alumbradísimo, sin duda. Ojalá se repita!!

11:27 a. m.  

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