10.2.07

DULCE PONTES:
"Lágrimas"

Desde que viera la luz "Os dias da Madredeus" en 1988, una nueva corriente de modernidad se instauró en determinados movimientos musicales portugueses, si bien con un respeto adecuado a la tradición. Los propios Madredeus fueron la avanzadilla de esta pequeña revolución, de la que Setima legiao, Rodrigo Leao (que había dado el salto de Setima legiao a Madredeus, y que decidió investigar en solitario a partir de entonces con un tremendo acierto), Julio Pereira, V Imperio o Amélia Muge son nombres destacados. Y, por supuesto, no nos podemos olvidar de Dulce Pontes.
Montijo fue el lugar de nacimiento en 1969 de esta portuguesa que llegó a representar a su país en el festival de Eurovision de 1991. Dos años después apareció "Lágrimas", la revisión de un puñado de temas tradicionales y de grandes artistas portugueses como José Afonso y Amalia Rodrigues entre otros. El resultado es un impoluto estudio de la cultura musical portuguesa del siglo XX, remarcado además por una excelente producción de Guilherme Inés y por supuesto la fantástica voz de Dulce ('dulcísima', diría yo), que se alza por encima de la cuidada instrumentación, en la que destaca la sempiterna guitarra portuguesa y la participación de la Orquesta Sinfónica de Lisboa. Dulce explica en el libreto que el trabajo fue tomando forma durante un año de gestación, con el interés de redescubrir sus raíces musicales y contribuir a su perduración, un interés que cumplió con creces esta joven luchadora que, lejos de estar atrapada en el universo fadista, adorna esa tradición lusitana con influencias mediterráneas, africanas (no en vano Afonso estuvo muy relacionado con Africa) o árabes, consiguiendo universalizar su sonido y hacerlo asequible a casi todo tipo de situaciones.
El repertorio de "Lágrimas", si bien dominado por ese mítico cantante y activista que fue José Afonso, hurga también en la música popular y en otros músicos bastante desconocidos para nosotros. La excepción podría ser Amália Rodrigues, la célebre fadista fallecida en 1999 que, como Dulce (lo que le ha valido a ésta el título de sucesora), fue conocida y reconocida también más allá de las fronteras de su país. De su repertorio son dos de las canciones más emocionantes del disco, en especial por la interpretación, magistral y en vivo (en el estudio): "Estranha forma de vida" y la excepcional "Lágrima", indispensable joya de las músicas del mundo de todos los tiempos. De Afonso nos encontramos con cinco temas, de los que particularmente destaco "Que amor nao me engana" y "Se voaras mais ao perto", pero no hay que olvidar "Os Indios da Meia Paria" y su incursión en el terreno popular portugués y gallego ("As sete mulheres do minho" y "Achégate a mim Maruxa"). La popular "Laurindinha" y otros compositores portugueses (os remito a los créditos del CD) completan el disco de forma más que gratificante ("Povo que lavas no rio", "Novo fado da severa", "Zanguei-me com o meu amor"), pero antes de culminar no hay que dejar de detenerse en la canción estrella del trabajo (al menos por su radiodifusión y repercusión, si bien también por su belleza y calidad), una composición de Federico de Brito y Ferrer Trindade titulada "Cançao do mar" que todos hemos tarareado y que abrió el camino del éxito internacional a Dulce Pontes, un éxito más que merecido que ha refrendado con sus siguientes entregas, lo que además de nuestra admiración le ha valido un respeto, un nombre y una sucesión de colaboraciones (destacan las de Ennio Morricone, con maravillas como "A brisa do coraçao" o "Renascer") y de premios. Su nuevo disco y próxima gira volverán a demostrarlo, ya la estamos esperando con los brazos abiertos.

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2 Comments:

Anonymous jaimixx said...

Es cierto que es muy destacable como han cuidado los portugueses la mezcla entre tradición y modernidad. los resultados son sublimes.

3:27 p. m.  
Blogger Pepe said...

Es cierto, aunque en España no hay que envidiar nada (bueno, quizás alguna voz sublime como las de Pontes o Salgueiro), tenemos músicos y discos maravillosos que han sabido hurgar en nuestras raíces.

5:50 p. m.  

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