26.7.16

MICHAEL GETTEL:
"Intricate balance"

La potencia y versatilidad del piano le permite, más que a ningún otro instrumento en las nuevas músicas, poder depender únicamente de sí mismo para que un interprete consumado saque adelante un disco sin necesitar más acompañamiento. Numerosos son los ejemplos del conocido como piano new age, aunque otros artistas decidan llamarle de maneras diferentes dependiendo de sus intereses e influencias (piano folk, piano pop, romantic piano, piano ambient...). Así, en solitario, comenzó el estadounidense Michael Gettel, a la sazón profesor de piano en la Bush School de Seattle, si bien nació en Evergreen (Colorado), cerca de Denver, capital a la que acudía a tomar clases de piano y trompeta (instrumento que tocó profesionalmente desde los trece años). Tras licenciarse en teoría y composición musical por la University of North Carolina, optó por la enseñanza del piano, pero afortunadamente desplegó sus inquietudes en forma de álbumes. Con su manera ágil y cálida de tocar, construyó un hermosísimo cuadro de paisajes naturales en su primera obra, "San Juan suite", publicada en 1987. Sin embargo, Gettel decidió renunciar parcialmente a esa soledad instrumental en su segundo plástico, de título "Intricate balance", tal vez no tan pintoresco y luminoso como el anterior, pero de cualidades intrínsecas realmente similares.

Publicado por Miramar Recordings ese mismo año 1987, "Intricate balance" supone una continuación del estilo y las ideas desarrolladas unos meses antes, sigue teniendo un aroma vacacional, aunque se apoya también en vivencias personales, el solista dilata su campo de inspiración, desde el paisaje embriagador hasta la ternura, la familia y el amor, en un trabajo autoproducido. También se amplía la mencionada instrumentación, ya que al piano se unen (en un bastante muy dulzón, eso sí), dependiendo de los temas, sintetizador (Kirk Hutchinson y el propio Gettel), oboe, cuerno inglés (ambos interpretados por Mike Miller), percusiones varias (Keith Ewer), e incluso la voz de Nolan Mondrow y Joy Gettel, la esposa de Michael. "Existe un equilibrio sin edad que fluye a través de todo ser vivo. Buscarlo es descubrir la celebración de toda la creación". Así se presenta el corte que da título al álbum, de mucho dinamismo (aquí entran en juego la electrónica y la percusión) y esencia de sintonía de serie de éxito de la época. Son sin embargo los vientos los grandes invitados a esta fiesta, y con su gran personalidad, ejercen un inmaculado papel principal en composiciones como una controlada "Portrait" (una demostración de amor hacia su esposa), "Sucia" o "Prayers on the wind", tal vez el corte más ensoñador del trabajo, que suena realmente a una plegaria, más cercana a la artesanía de Windham Hill que a la de Narada, futura casa discográfica de Michael. También vuelve a intimidar el piano en solitario, alegre y desenfadado con sus notas rápidas y giros que le deben bastante al jazz, cuajando una pieza plena de magia como "Full circle", en la que Gettel se expresa desde el corazón, hablando de cómo la muerte de su abuelo y el nacimiento de su hija 'cierran el círculo'. En "Orca's dream" hay un regreso a las impresiones paisajísticas de su ópera prima con sintetizador y percusiones, y una cinematográfica espectacularidad ("si pudiera, sólo por un momento, me gustaría cambiarme de lugar con ellas, para ver a través de sus ojos"), como en la mencionada "Sucia", versión con oboe de la obertura de "San Juan suite", en la que se puede constatar una doble cara, ya que aunque se disfrute mejor la esencia relajante y evocadora del solo piano, los acertados arreglos (como sucediera anteriormente, por ejemplo, con Will Ackerman y algunas de sus memorables composiciones de guitarra -"Processional" o "The impending death of the virgin spirit" entre ellas-) marcan un acierto en ese guiño a su propia pieza. "When two hearts meet" es desenfada y juguetona, si bien no acaba de llenar en un envoltorio de gran calidad, y "Through Zach's eyes" es otra nota emotiva (tras "Full circle"), dedicada a su hijo Zachary, de 21 meses de edad en esos instantes. Para concluir, "The balance remains" es un correcto solo de piano que retoma la partitura que abría el trabajo pero con diferente tratamiento, representando de esta manera el mantenimiento del equilibrio. "Que siempre sea así...", concluye.

Con su estilo suave y natural, de teclas dulzonas y alegres glissandos, Gettel podía pecar de complaciente en esta época; una escucha atenta de su posterior discografía nos dice lo contrario, su carrera ni se ha estancado estilisticamente ni se ha limitado a solos de piano o dúos con instrumentos de viento de fácil digestión, sino que ha trascendido a un ensemble voluntarioso y bien formado con el que grabó varios discos, con mayor o menor fortuna aunque siempre buenas críticas, para la compañía Narada, previo paso por Sona Gaia con el delicioso "Return", publicado tres años después -un merecido periodo de descanso tras dos álbumes consecutivos- de "Intricate balance". Sobre él, Gettel afirma que es una celebración de las maravillas de la naturaleza, del amor y de la vida, aunque también ha reconocido en alguna ocasión la inspiración de la fe cristiana en su obra: "Mi fe me ayuda a apreciar la creación y proporciona un alto grado de inspiración (...) Cuando paso tiempo en algunos de esos lugares maravillosos en la naturaleza, me maravillo de todas las cosas majestuosas que Dios ha creado. tengo que reconocer la fuente de todo esto, y me gusta hacerlo de manera no verbal, a través de mi música".

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27.6.16

JULEE CRUISE:
"Floating into the night"

A la sombra del éxito de 'Twin Peaks' afloraron muchas otras series televisivas que exploraban en ambientes oscuros y misteriosos, casi claustrofóbicos, con asesinatos y agentes de la ley incluidos en la trama. Ninguna de ellas exhibía, sin embargo, una música tan inolvidable como la que acompañaba a la exitosa serie de David Lynch, una banda sonora de Angelo Badalamenti publicada convenientemente por Warner Bros. en 1990. Puede resultar curioso que un producto derivado de aquella (o de hecho un germen de la misma, al menos de su BSO), de hecho con algunos retazos incluídos en el soundtrack de la misma, fuera comercializado un año antes: "Floating into the night" era el título del primer disco de una desconocida cantante norteamericana llamada Julee Cruise, que fue apadrinada por Badalamenti y David Lynch desde que estos buscaran una voz especial para la canción de cierre del film de Lynch "Blue velvet": "conocí a Angelo en un musical de Broadway, él era el compositor, me pareció brillante, podía hacer cualquier cosa. Nos seguimos viendo de vez en cuando durante cuatro años y cuando tuvo que hacer la banda sonora de 'Blue velvet' me llamó porque necesitaba a alguien para cantar la canción 'Mysteries of love'. Conocí a David Lynch para conseguir el puesto y le encantó mi voz". Así comenzó la historia, Lynch y Badalamenti le propusieron escribir para su voz, y el primer paso fue "Mysteries of love", anticipando el tipo de sonido que iba a estar presente en "Floating into the night", que puso a la venta Warner Bros. en 1989.

La colaboración de estos tres grandes nombres fue muy fructífera, Badalamenti se encargaba de componer la música (la parte más creativa), Lynch escribía las letras y Cruise las interpretaba ("las letras, aun siendo muy románticas, creo que son simplemente lo que sale de la oscuridad", dijo). El resultado es delicioso, diez canciones con vida propia envueltas en una atmósfera oscura. "Floating" es un inicio sencillo y de muy bella factura que provoca, efectivamente, una sensación ingrávida, atmosférica, con su breve y tremendamente efectiva sucesión de cinco notas. Mayores visiones vienen a nuestra cabeza con el segundo corte, de título "Falling", que no es sino la versión cantada del esplendoroso tema principal de "Twin Peaks", cuyo fantasmal desarrollo la convierte en una obra maestra inolvidable para muchos, una composición influyente que ha sido desde entonces versionada por multitud de músicos y grupos. Otras de las canciones podían escucharse también en la serie, de hecho en la taberna del pueblo se podía ver a la propia Julee Cruise cantándolas: "Into the night" (una deliciosa aunque inquietante balada que esconde un breve y sorpresivo cambio de ritmo para llamar la atención del oyente), "The nightingale" (otra dulce balada muy asequible que ambientaba determinadas escenas de la serie), y "The world spins" (ejemplo de pop ambiental y envolvente que concluye el álbum). El resto del disco no perdía la cara a la emoción y el misterio, "I remember" presentaba un saxo rotundo que la podía acomodar en un jazz ambiental, mientras que su final onírico estaba más que acorde con la imaginería de David Lynch, "I float alone" parecía seguir la estela de "Floating", y "The swan" entraba en un terreno más adormecido. Restan por comentar sin embargo dos composiciones más importantes: la serena "Mysteries of love" es la misma canción que cerraba "Blue velvet", buscando la emocionante ambientalidad de "Song to the siren" (Badalamenti y Lynch quisieron incluir realmente la versión de This Mortal Coil de esta gran canción de Tim Buckley, pero no llegaron a un acuerdo sobre los derechos), sin llegar lógicamente a su altura pero alcanzando un cierto nivel, suficiente para ser un tema versionado también por artistas importantes como Antony and the Johnsons. Concluyendo, y teniendo en cuenta que "Falling" fue el indiscutible primer sencillo del disco (acompañada por "Theme From Twin Peaks (Instrumental)" en el single y también "Floating" en el maxi), el segundo puesto de promoción lo ocupó (junto a "The world spins" y -en alguna edición- "Mysteries of love") "Rockin' back inside my heart", bonita pieza de fácil radiodifusión que presentaba un ritmo popero muy pegadizo, consiguiendo sonar a otra época, a canción de jukebox, y es que su conexión con 'Twin Peaks' hace que ésta sea una música con ecos del pasado y un cierto poso de soledad y melancolía. De hecho, hay una sensualidad extraña, algo así como una insólita fatalidad en la voz de esta mujer, que la hace ser ideal para las atmósferas filmadas por David Lynch. En 1990 se puso a la venta una película corta y vanguardista de Lynch titulada "Industrial Symphony No. 1: El sueño del corazón roto"; como en el film de ese mismo año del mismo director "Corazón salvaje", sus protagonistas eran Nicolas Cage y Laura Dern, mientras en que la parte musical se recogían cuatro canciones de "Floating into the night", en concreto "I float alone", "Into the night", "Rockin' back inside my heart" y "The world spins".

Julee, que destacaba notablemente en cuestiones musicales desde pequeña, estudió orquestación y cuerno francés en el conservatorio. Fue su voz, sin embargo, lo que logró camuflar entre el hechizo que desprendían 'Twin Peaks' y sus personajes, con una interpretación etérea y soñadora, baladas acertadas con gran dosis de ambientalidad que difuminaban imágenes contingentes, envueltas en tupidas brumas de la américa profunda. 'Twin Peaks' fue el detonante que catapultó al álbum en las listas de ventas, las 40.000 copias vendidas en los EEUU en 1989 se convirtieron en 250.000 con el estreno de la serie en 1990, mientras la propia banda sonora de 'Twin Peaks' lograba incluso mejores cifras. En España, la BSO de "Twin Peaks" llegó al número 3, pero "Floating into the night" no logró entrar en listas. Aun manteniendo el mismo plantel (Badalamenti, Lynch, Cruise), el siguiente plástico firmado por la vocalista, "The voice of love", no era tan afortunado, especialmente por la ausencia de alguna canción verdaderamente especial, de esas que en "Floating into the night" sobraban. Sí que seguía intacta la angelical presencia de las cuerdas vocales de la intérprete de Iowa, si bien su nombre y el recuerdo del misterioso pueblo de Laura Palmer no bastaron para que el trabajo calase y despuntase en radios y ventas, y es que el embrujo de 'Twin Peaks' ya no estaba presente en sus notas. A partir de ahí, Badalamenti desapareció de los discos de la cantante, en cuya tercera entrega ("The art of being a girl", 2002) aparecía oculto, no acreditado, el tema de 'Twin Peaks' "Falling".

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2.6.16

OLAFUR ARNALDS:
"Eulogy for evolution"

Con poco más de 330.000 habitantes (un lejano puesto 181 del ranking), Islandia es sin embargo un país de una efervescencia musical extraordinaria, cuantitativa y calitativamente muy por encima que docenas de los que le preceden en dicha lista. Bjork, Sigur Ros, Amiina, Johann Johannsson o Valgeir Sigurdsson son algunos de los nombres más destacados entre los que combinan con sobrada pericia folclore, rock, clasicismo y electrónica, sin embargo desde mediados de la primera década de la nueva centuria ha cobrado gran protagonismo el joven teclista, guitarrista y batería Olafur Arnalds, una figura emergente que va más allá de las etiquetas en las que pueda verse inmerso, post-rock neoclásico, indie clásico, postminimalismo, experimentación o el hardcore de sus inicios. Piano, cuerdas y una sutil electrónica son la base de sus proyectos, cuya primera y sonora entrega vio la luz en 2007 bajo el título de "Eulogy for evolution" y el auspicio de la sublime compañía independiente londinense Erased Tapes Records. El primer prensaje se limitó a 500 copias, y un segundo a 1500 ejemplares.

La irrupción de este artista no pudo ser más prometedora, de hecho Olafur dio el salto en solitario el mismo año 2007 en que Robert Raths fundara Erased Tapes, convirtiéndose de lleno en uno de sus artistas de cabecera junto a otras jóvenes promesas que llegarían en años sucesivos, como Peter Broderick, Nils Frahm, o grupos como A winged victory for the sullen (formado por Dustin O'Halloran y Adam Wiltzie). "Eulogy for evolution" es un trabajo de gran sentimiento, intenso y maduro para ser el primer capítulo en la discografía de un joven de 20 años. La obra representa el paso de la vida y sus títulos son sólo los tiempos de la misma: "El álbum está inspirado por la muerte de un familiar cercano, lo que me afectó bastante, y el nacimiento de su nieto poco tiempo después. Esto me hizo pensar sobre la evolución de la vida y cómo siempre que sucede algo malo significa el comienzo de algo nuevo". Trascendental de base, también el cine era una influencia para el músico, así como otros grupos de diversos estilos y artistas del mundo clásico como Max Richter, Shostakovich, Bach o Chopin. Richter es sin duda el nombre a recordar en mayor medida a la hora de comentar este impoluto debut, aunque en determinados momentos pueden aflorar otros, como los de sus compatriotas Sigur Ros y Johann Johannsson, sin olvidar su ubicación por parte de la crítica en el ambiente indie, el verdadero punto de partida de un álbum que fue modelándose poco a poco, unas veces con ideas predefinidas y otras simplemente improvisando. En este crossover moderno-clásico, un cuarteto de cuerda (chelo, viola y dos violines) acapara el protagonismo en gran medida en cada uno de los ocho cortes que presenta la obra, para la que Arnalds interpreta piano, bajo, guitarra, órgano, melódica y percusión (Olafur tocaba la batería en el grupo de hardcore Fighting Shit). Tras la furibunda entradilla y una llevadera tonada de piano (en este tema lo ejecuta Dagny Arnalds, prima de Olafur y hermana de la cantautora Olof Arnalds, otra famosa en la familia), se alza majestuosa en "0040" la rutilante melodía de cuerdas (de clara tendencia islandesa, aunque él se encargue de recalcar que en Islandia hay mucho más que lo que se escucha fuera), que volverá a aparecer engalanada en el tercer corte, "0952", de forma algo más tranquila, recordando a ciertos momentos ambientales del delicioso "IBM 1401, A user's manual" del mencionado Johannsson. Sin deslumbrar tanto, "0048_0729" ejerce un calmado poderío ambiental, mientras que "1440" agrada y embelesa con su aire meditativo, paseante, con un piano dominante y deliciosamente austero. Piano y violín se bastan para contar historias cercanas, como "1953", con matices que van del entusiasmo al enfado, manteniendo con coherencia y prístina nitidez el concepto que da alma al disco. Esa cuidada languidez se deshace -y es una ruptura aceptada y en absoluto desafiante- en la segunda mitad de "3055" cuando, tras un comienzo decididamente ambiental, Olafur acaba desmelenado, un final contundente y expeditivo en el que brilla la gozosa percusión. Ese sexto corte fue seleccionado como presentación del álbum y contó con su propio video-clip oficial, sin embargo es el siguiente el que podría considerarse como corte estrella del álbum, un "3326" eufórico y vehemente en una dramática sección de cuerdas que suena sospechosamente (¿homenaje tal vez?) al genial "Sur le fil" que grabara diez años atrás el francés Yann Tiersen. Acto seguido, "3704_3837" es un corto final con inclasificable delirio caótico incluido. A falta de interactuar con la electrónica (lo que felizmente ocurrirá poco después de este trabajo), melodías abstractas buscan la interioridad, sin evocar necesariamente bellos paisajes y sentimientos puros, pero aun así, a su manera, personalizando la belleza del paso de los días, la emoción del nacimiento, la infancia (teclas más juguetonas en las primeras canciones), la adolescencia (con su rebeldía), la madurez y el inevitable final. Jónas Valtýsson es el diseñador gráfico del álbum, un diseño repleto de fotografías y retazos de una vida imaginaria.

Por su inventiva postminimalista, su facilidad para conectar con un público joven y sus conexiones con otras figuras despuntantes en los primeros años del siglo XXI, la figura de Olafur Arnalds es actualmente de segura admiración, siempre que se busque una propuesta original y atractiva. Hablar de este álbum es hacerlo del sólido comienzo de una carrera gozosa y autentica, que ha evolucionado por caminos de obligado seguimiento, y es que en "Eulogy for evolution", Arnalds cruza con aparente facilidad la línea esencial entre lo difuso y lo sencillamente genial. El pensativo piano marca el camino, en un envoltorio académico con desarrollos pausados y ambientes recogidos. Las cuerdas enbellecen notablemente, aportando sin estridencias el descaro, buscando e incluso encontrando en ocasiones la melodía indistinguible, el chispazo mágico, originando un conjunto que no hay que dejar escapar en cualquier colección, ya sea en CD o en vinilo.







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8.5.16

PETER BUFFETT:
"Spirit"

En su libro "El secreto eres tú", un ensayo superventas publicado en 2010 sobre valores para vivir al máximo nuestras vidas, Peter Buffett asumía el privilegio de haber nacido en una familia acomodada, pero también afirmaba haber luchado por aprovechar esa situación al máximo. Su padre, Warren Buffett, uno de los hombres más ricos del planeta, confiaba en que cada uno de sus tres hijos encontrara su pasión para perseguirla y dejar en ella su impronta. Peter estuvo interesado por la fotografía, pero como él dijo 'la vocación es misteriosa', así que empezó a estudiar piano hasta cuatro veces, acabando por decidir finalmente que ese era su camino. Desde luego, escuchando su música nadie diría que su apellido le ha beneficiado a la hora de crearla, sus obras transmiten mucho más que la frialdad de una cuenta corriente, y su filantropía le ha llevado a empatizar con situaciones injustas, especialmente la de los indios americanos: "Alguien me habló sobre la gran cantidad de creatividad y alma que hay en el pueblo nativo americano, entonces comencé a leer sobre su historia (...) y me fue capturando más y más fuerte". Peter encontró así un propósito sobre el que centrar sus esfuerzos musicales: "me avergonzó el trato infligido a los indios por el Gobierno y los colonos blancos. En nombre del 'progreso', pueblos originarios de nuestra tierra fueron engañados, traicionados y masacrados... Se fue perdiendo algo más que una simple superficie de tierra, las culturas originarias, resultado de miles de años de observación, conocimiento y vida sostenible en armonía con la naturaleza, fueron pisoteadas y proscritas". Documentado hasta el limite, comenzó su labor de composición, primero como pequeños homenajes en sus primeros trabajos, luego introduciendo un tema en el soundtrack de "Bailando con lobos", musicando las series "500 nations" (de la CBS, por mediación de Kevin Costner) y "Ojibwe – Waasa Inaabidaa" (documental de la PBS), y como gran colofón, por medio de un espectáculo propio, lo que acabarían siendo dos originales shows de música y danza basados en su cultura e historia, una idea que comenzó en 1997 con un trabajo publicado por Hollywood Records, "Spirit dance". El primero de esos espectáculos, basados en dicho álbum primigenio, contó también con una edición en vivo publicada en CD (Hollywood Records, 1999), de título general "Spirit" y con el subtítulo 'A journey in dance, drums and song', grabada en agosto de 1998 en Green Bay, Wisconsin, con miembros de las naciones oneida y menominee, originarios de esa zona de los EEUU.

"Son of the morning star", de Evan S. Connell, una historia sobre los indios norteamericanos de finales del XIX, fue uno de los libros que despertó el interés de Buffett por el pasado de la tierra en la que nació. También la poesía de Walt Whitman le hizo toparse con el término iroqués "Yonnondio", que expresa un lamento por la gente nativa de América, y que utilizó como título de su último trabajo con Narada (como en "Lost frontier", que anticipaba la esperanza de encontrar la frontera perdida con la cultura india, en "Yonnondio" intentaba transmitir un sentido de reconciliación y renovación en lugar de desesperación). Pero tal vez la literatura más inspiradora a la hora de iniciar su proyecto fuera la de Joseph Campbell ("El poder del mito" y "El héroe de las mil caras"): "Leer a Campbell me brindó el marco mítico que buscaba, la trayectoria del héroe. El tema del espectáculo 'Spirit' era la recuperación del contacto, no sólo para los pueblos indígenas que habían sorteado una larga y amarga campaña contra su identidad cultural, sino también para los que nos sentíamos alienados de nuestro verdadero yo". Wayne Cilento, conocido especialmente por su papel en "A chorus line" y otros espectáculos de Broadway, fue el coreógrafo escogido para crear una obra visualmente atractiva, combinando la tradición nativa con la danza moderna. La edición en CD de este directo no recogía todas las canciones del mismo, por ejemplo su verdadero inicio se titulaba "Urban overture" (una pieza que sí se escuchará en el futuro CD "Spirit. The seventh fire", que recogía el segundo de estos shows), y presentaba a una serie de yuppies moviéndose de manera maquinal y acosados por móviles y tecnología, hasta que el héroe se despojaba de sus ropas y ataduras, iniciando la interacción con los indios. El CD del espectáculo comienza en este punto con "Firedance", un recibimiento muy acogedor y estimulante (aparte de su especial relevancia por tratarse de una ampliación del corte incluído en la película "Bailando con lobos", su capacidad de enganche le hace ser un inicio casi perfecto) con una marcada percusión nativa que lo hace verdaderamente especial. Tras un interludio con una ligera flauta ("Coashelleaqua") recitado con gran ceremoniosidad por el controvertido Chief Hawk Pope (coautor de un puñado de las canciones del álbum y amigo de Peter desde su colaboración en "500 nations"), suena una especie de caballo de batalla en la lucha de Peter Buffett, "Hidden heritage", todo un himno de ritmo adictivo donde el rapsoda va recitando las diversas tribus indías sobre una acertada base ambiental con la voz femenina de Ginny Frazier, coatura además de la pieza: "Es un tema muy importante en el espectáculo, realmente establece las bases para el viaje de Brandon. En esa canción Hawk Pope está pasando lista a muchos de las cientos de tribus nativas que han existido o que todavía existen en los Estados Unidos. Una sonora guitarra (que puede recordar a ciertos momentos de la carrera de Alan Parsons o al estilo Enigma) confirma que la música está muy viva, que la frontera no está tan perdida, y un canto indio continúa desplegándose para acabar de configurar el clímax étnico. Entre composiciones de memorable calidad, tal vez una rivaliza especialmente con "Hidden heritage" para erigirse en corte principal del álbum: "Spirit dance" es pura emoción, una joya que engancha sin remedio en su preciosista mezcla de extremos, otra especie de himno por el pueblo indio con un clímax continuo. Un coro infantil ameniza ciertos momentos del espectáculo, voces blancas cuya primera aparición se da en "An eagle above" (que suena a canto de esperanza, canción suave que torna más aguerrida con el complemento de percusiones, furibundas guitarras y vientos, en un entorno muy apropiado para la danza), y posteriormente destacan en la celestial "The place where the crying begins" (conduciendo esta bella pieza de base tierna y emotiva que combina pasajes folclóricos -por medio de la flauta nativa de Robert Mirabal- y rockeros -su final de guitarra eléctrica-, y atrapa en una atmósfera verdaderamente mágica) y "Thunderbird" (un tanto fuera de lugar al sonar el didgeridoo, propio de aborígenes australianos). Entre nuevos temas tribales como "Nothing like song" o la completa y pegadiza "Aubenaubee" (por la que a buen seguro hubieran suspirado los artífices de "Sacred spirit"), y algún interludio ritual ("Passage", "Flag song"), aún restan composiciones sorprendentes, por ejemplo "The dream" presenta un ritmo mas moderno, algo funky, conducido por bajo y guitarra eléctrica, que parece adentrarse por momentos en un etno-tecno de calidad -a la altura de Deep Forest o Enigma-, compás atrevido sobre la aportación indígena de las voces nativas y el recitado. Por su lado, "New west" es una bonita pieza melódica, un tema rescatado del primer trabajo de Buffett en Narada, "The waiting", adaptado para la ocasión. Como colofón, un teclado típico de Buffett introduce una hermosa y sugerente canción, titulada "Auglaize River, 1830" (conmemorando el año en el que el gobierno de los EEUU obligó a abandonar sus tierras a los Shawnee de Ohio) y cantada por Susan Zielke, con la que finalizaba este espectáculo que pretendía ser además "una fuerte declaración política, social y religiosa". Estrenado en la PBS, el espectáculo "Spirit" salió de gira por EEUU con una gigantesca carpa de 740 plazas por recinto, una pantalla gigante, una docena de bailarines y una completa banda de música, un show complicado y no precisamente satisfactorio económicamente, que se podía disfrutar desde 1999 en el VHS y DVD "Spirit - A journey in dance, drums and song", introducido por Kevin Costner, y definido como 'una performance que combina las luces de Broadway y el poder de la música contemporánea con dinámicos cantos y bailes de la cultura americana nativa'. El siguiente paso fue actualizar el espectáculo, con nuevos coreógrafos (Jody Ripplinger y Frank Anderson) y el título "Spirit. The seventh fire", en referencia a la profecía del séptimo fuego. Esta nueva versión, que mantenía la base de la aquí comentada, también fue publicada en 2005 en CD y DVD.

Peter Buffett ha tenido suerte en muchos aspectos de esta su historia (nacer en una familia acomodada, comenzar las emisiones de la MTV con sus jingles -lo que le sirvió de trampolín en el negocio de la música para publicidad-, que Kevin Costner escuchara y valorara su trabajo) pero todo acabó ocurriendo debido a su esfuerzo y perseverancia. Tras su periodo musical mas popular, el que pasó en Narada Productions, hay un cierto desconocimiento en cuanto a la trayectoria y logros de este comprometido artista. Se da por eso la posibilidad de que un gran sector del publico consumidor de este tipo de música, por ignorancia o desinterés, no haya llegado a escuchar sus acercamientos a la cultura india, una música a reivindicar, tres trabajos de enorme intensidad, elegancia y compromiso: "Espero que mi música pueda inspirar a la gente a mirar en el interior de sus almas y que piensen lo que deben de hacer en futuras generaciones", decía el hijo de Warren Buffett, que alcanzó aquí unas cotas de calidad sobresalientes, posiblemente por encima (aunque desde luego haya habido una evolución, casi una revolución de hecho, en su estilo) de sus primeros discos en Narada, obras primerizas de necesario aprendizaje hasta encontrar en la interacción de electrónica y acústica el sobresaliente nivel de "Lost frontier", posiblemente su mejor obra, con el permiso de esta saga "Spirit", cuya conclusión dió paso a una nueva etapa en la obra del músico de Omaha, centrado en la composición de canciones de pop-rock editadas en su mayoría en formato single.

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12.4.16

LISA GERRARD:
"The mirror pool"

Resultaba extraño en la década de los 90 que el éxito imparable de la banda Dead Can Dance (con el momento culminante del excelso "Into the labyrinth" en 1993) no hubiera derivado en álbumes en solitario de sus dos carismáticos componentes, Lisa Gerrard y Brendan Perry, teniendo en cuenta su separación geográfica. El irlandés se iba a hacer de rogar un poco más, alargando su debut hasta 1999, sin embargo la australiana de prodigiosas cuerdas vocales y no menos talla creativa no iba a pasar de la mitad de la década para explayarse con sus ideas propias, algo tremendamente deseado por sus fans, cuyo resultado iba a cumplir con todas las expectativas generadas. Ese paso adelante se tituló "The mirror pool", y la compañía encargada de su publicación en 1995 iba a ser la misma que sacaba a la luz los plásticos de su grupo, la independiente inglesa 4AD. El CD, producido por la propia Lisa y con un fantasmal diseño gráfico de Chris Bigg (presente en numerosos productos de 4AD, incluídos los de Dead Can Dance) y el arte de portada de otro habitual de Lisa, Jacek Tuschewski (también ingeniero de sonido en el álbum), contó 14 años después, en 2009, con una necesaria reedición en vinilo doble (por la exitosa vuelta de este formato) por el sello inglés Vinyl 180, que también disponía de varios vinilos de Dead Can Dance en esos 180 gramos. Con un ligero cambio en la portada, esta jugosa edición estaba "remasterizada de las cintas originales y empaquetada en una portada desplegable".

"A quien pueda interesar: me llamo Lisa Gerrard. Es por amor a la exactitud por lo que he escogido comunicar directamente el perfil de mi proyecto solista recientemente finalizado y que he titulado 'The mirror pool'. Permitidme comenzar con una breve historia. Durante los últimos 15 años he trabajado con Brendan Perry bajo el nombre artístico de Dead Can Dance, título escogido para describir nuestro proceso creativo. Brendan y yo hemos editado 8 discos durante cuyo proceso normalmente sobra una cantidad de trabajo que traspasa la naturaleza continua de un disco de Dead Can Dance. Algunas de estas piezas han sido recuperadas ahora con arreglos orquestales o como música vocal. También hay temas acústicos creados a partir del bouzouki griego, yang chin (dulcimer chino) y percusiones como darbukas, palmas, tambor de camello, tablas bajas, campanillas de elefante hindú, tambores, panderetas y platillos de mano. Junto a estas obras he incluido otras realizadas a partir de muestras instrumentales". Esa era la explicación al disco en palabras de la autora, un trabajo que, como contaba, se grabó en parte (más o menos la mitad del álbum, especialmente -por el impacto que suponen- los cuatro primeros temas) con la Victorian Philharmonic Orchestra en Melbourne. Como en algunos momentos perpetuos de la discografia de Dead Can Dance, el oyente puede acabar presa de un inusitado arrobamiento ante la excelencia de algunas de las composiciones, por ejemplo "Sanvean", el corte más difundido y espectacular del trabajo, impresionante llanto compuesto en colaboración con Andrew Claxton (y cantado en el característico lenguaje inventado por nuestra protagonista) que ha trascendido de este disco para alcanzar un mayor estátus, siendo utilizado en anuncios, documentales, películas, o versionado por artistas importantes como Paul Oakenfold o Sarah Brightman. "Violina (The Last Embrace)" es el comienzo del álbum, una pequeña sinfonía privada (una pieza muy personal, un requiem que Lisa compuso para su madre) que, con la entrada de tan particular voz y su oratoria declamación, no se sabe bien si se humaniza o se diviniza, y es que la garganta de la de Melbourne engloba registros tanto celestiales como demoníacos, llenando cada pieza de intensidad y carga dramática. Así, "The mirror pool" podría tenerse en cuenta como una ópera muy particular en la que "La Bas (Song of the drowned)" ejerceria de larga overtura, además de intensisima y quejumbrosa misa inspirada en la novela de finales del XIX del francés Joris Karl Huysmans, sobre el satanismo en Francia (Lisa pensaba hacer la banda sonora de la película, un proyecto que al final no se realizó, si bien la canción perduró). Como de costumbre en ella, lo folclórico -de tintes oscuros- también tiene presencia en la obra, como este "Persian Love Song (The Silver Gun)" que, al igual que "La Bas", se podía escuchar en la anterior gira mundial de Dead Can Dance y el consiguiente álbum que la recogía, "Toward the within". Similar es el caso de la gran joya del disco, esa mencionada celebración (con esplendoroso acompañamiento orquestal) de excepcional fulgor titulada "Sanvean", donde la voz surge como de un amable éxtasis, declamando algún ritual ancestral: "'Sanvean' lo hice en el disco en solitario porque tenía acceso a una orquesta (...) Estas obras crecen fuera de Dead Can Dance", decía, apelando a un cierto equilibrio y al supuesto carácter documental, según sus palabras, del álbum, que continúa con nuevos ritos paganos, pregonando una cierta confusión ("The rite" es un fragmento de la música de la Gerrard para la obra de teatro Edipo Rey) o buscando algo más la alegría ("Ajhon", ambiente con sonidos naturales y reminiscencias de la Europa del este), antes de acoger el segundo gran corte de la obra, "Glorafin", de letanía casi pegadiza. Aunque la voz sea elemento primordial (aquí lo sigue siendo, y de qué manera), las canciones que presentan intensos acompañamientos o acercamientos folclóricos de calidad, ganan muchos enteros en el contexto del álbum; de este modo, "Glorafin" contiene todo lo necesario para ser una de las composiciones mas recordadas del trabajo, solo un peldaño por detrás de "Sanvean". "Majhnavea's Music Box" es un bonito interludio instrumental, activo e interesante, que merecía sin duda un mayor desarrollo, de hecho, en minuto y medio dice muchas cosas. De similares características son "Werd" y "Celon" (compuesta poco antes del nacimiento de su hija, toma el nombre de un río imaginado por Tolkien), mientras que "Laurelei" y "Venteles" no acuden a desvarios folcloricos, más bien parecen cuentos susurrados por la Gerrard, el primero cantado de manera dulce, acercándose a una nana, con las hipnotizantes cuerdas percutidas del yang chin tomando las riendas rítmicas en su tramo central, el segundo más meditativo, prácticamente a cappella. También el yang chin brilla y se compenetra con la voz en "Nilleshna", escrita para un documental de naturaleza, con aspecto de folclore oriental de buen acabado. Antes del final ("Gloradin") y de una oscura pista extra sin acreditar, es preciso hablar del único corte no compuesto por Lisa (aria perteneciente a la ópera de Handel 'Xerxes', "Largo" es la única pieza sobre la que realmente se dudó si debía ser incluída o no en el álbum, aunque acabó logrando su intención de 'hacerla suya') y del tercero de los temas destacados, "Swans", otra leyenda de aspecto medieval pero de magia intemporal contada por esta adictiva juglar, un sueño que se hace realmente corto. A pesar de no colaborar Brendan Perry, "The mirror pool" tiene que ser tenido en cuenta como otra referencia indispensable para los seguidores del grupo australiano-irlandés, a la par que alguna de sus grandes obras. Este fascinante álbum, que reflejaba el universo propio de la vocalista, vió cómo dos CDsingles eran publicados únicamente en Francia ese año, "Sanvean (I Am Your Shadow)" / "Ajhon" y el promocional titulado "Deux titres live", grabado en 1994 con "La Bas (Song of the drowned) (Live)" y "Lament (Live)", que no estaba incluído en "The mirror pool". Además, las canciones "La bas", "Celon" y "Gloradin" se utilizaron en la estupenda película "Heat", de un Michael Mann que repitió con Lisa Gerrard en "The insider".

"The mirror pool" es una obra mística en la que canciones como "Sanvean", "Glorafin" o "Swans" pueden llevar de la fascinación a la locura. El título hacía referencia a la creencia africana de que este mundo es un espejo y que durante el proceso de hacer música se entra en contacto con los espíritus del otro lado. Los efluvios de magna antiguedad que incorpora la voz de Lisa hacen que este trabajo se sitúe, no sólo temporalmente, entre las ensoñaciones medievales de Dead Can Dance y populares bandas sonoras históricas del epílogo del siglo XX, como la inolvidable "Gladiator", obra de la propia Lisa Gerrard y el afamado compositor alemán Hans Zimmer, así como otras obras con el también australiano Pieter Bourke (como la mencionada "The insider"), que aparece por primera vez colaborando con Lisa en "The mirror pool", interpretando percusiones (tabla, tambores, darbukka, palmas) y algunas voces; además, y obviando el acompañamiento orquestal, Dimitry Kyryakou toca el bouzouki, John Bonnar algunos teclados y la propia Lisa se encarga del yang ch'in y llena el espacio -su propio universo, de hecho- con su fascinante voz: sonidos fantasmales emergen de sus cuerdas vocales y levitan sobre sustanciosas composiciones como "Violina"; las andanzas medievales rezuman tribalidad al menor descuido, disfraces de música antigua revisten atmósferas como "La bas" o "Largo", pero si en algo destaca esta diva oscura es en sus delirios étnicos, momentos de auténtica conexión con lugares, paisajes o tradiciones ("Persian Love Song", "Nilleshna"), hurgando en ritos olvidados ("The rite") o recreándose en trances exóticos ("Glorafin"); los pequeños instrumentales son simples interludios a la espera de la llegada, de nuevo, de la voz, un embrujo que volvería a llegar en nuevos trabajos en solitario, como The silver tree", "The black opal" o "Twilight Kingdom".

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4.3.16

KENNY G:
"Silhouette"

Gorelick es el apellido de uno de los intérpretes de música instrumental que más discos han vendido en las últimas décadas, un músico conocido por todos si obviamos ese apellido y le llamamos por el nombre que le ha conducido a la fama: Kenny G. Ese afortunado apelativo presenta al saxofonista estadounidense de culto que ha aupado a apasionadas composiciones de música ligera como "Songbird" o "Silhouette" a números 1 incuestionables, baladas que le han llevado a vender millones de copias en todo el mundo, una vez que su renombre en los Estados Unidos se convirtió en un imparable éxito internacional. Tras unos comienzos dubitativos en un Smooth Jazz no excesivamente afortunado, fueron las baladas las que le llevaron a la fama, pero es imposible creer en el éxito de esta delicada y romántica música de saxofón sin el impulso de una compañía de discos (en este caso la potente Arista Records), una promoción que le ha llevado a ser conocido en prácticamente todo el mundo. Así, en los 80 supo aprovechar las virtudes románticas de su música para despuntar primero con "Duotones" en 1986 (que contenía "Songbird", su primer gran éxito, escrito como una carta de amor a su novia -Lyndie Benson, futura esposa-) y a continuación con un trabajo alegre y completo de título "Silhouette", realmente su quinto álbum, publicado en 1988 por Arista.

Aunque fuera un término más antiguo, utilizado desde finales de los 70 para definir una música cruce de caminos entre jazz, pop, funky y rhythm and blues (David Sanborn, Spyro Gyra, George Benson o Grover Washinton, Jr. eran algunos de sus valedores), una década después casi podría parecer que el Smooth Jazz hubiese sido creado para Kenny G, dada su preferencia de la melodía sobre la improvisación en un entorno rítmico dominado por el saxofón. En este contexto, "Silhouette" fue un enorme acierto por lo familiar de sus melodías y por esa envoltura romántica tan pronunciada que provocó la conversión del saxo en un instrumento pasional, sensual, incluso erótico. Si "Songbird" fue la composición destacada de "Duotones", en "Silhouette" lo fue el tema homónimo: "Silhouette" es una de las grandes melodías de Gorelick (que compone en solitario más de la mitad de un álbum que también se encarga de producir). Pegadiza y hermosa -sin duda a la altura de "Songbird"-, afirmaba que fue grabada sin utilizar un estudio real, con un modesto equipo de grabación en un pequeño apartamento en Los Ángeles: "Es solo una muestra de lo que puede suceder cuando se reproduce música desde el corazón", dijo el de Seattle. "Tradewinds" no se queda atrás, presenta la calidez del Smooth Jazz pero sin acompañamiento vocal. Sin embargo, la obra sí que cuenta con vocalistas en las dos canciones propiamente dichas del álbum, ambas compuestas exclusivamente para este artista en alza: "I'll be alright", aun sin ser excesivamente pegadiza, pone una nota de color y un toque distintivo y agradable al álbum, al cortar el despliegue instrumental; está cantada por Andre Montague, que ya participó en el disco "Gravity", cosa rara en un Kenny G que no suele repetir vocalistas. Más adelante llegará "We've saved the best for last", compuesta por Dennis Matkosky (ganador de un Grammy y nominado al Oscar por "Flashdance") y cantada por el veterano Smokey Robinson, que pasa algo más desapercibida ("Smokey Robinson es un gran tipo -comentaba Kenny-. Fue un placer conocerle y un honor tenerle para cantar una canción conmigo. Este dúo siempre será muy especial para mí"). Volviendo a los instrumentales, enseguida llegan dos de los más destacados: "Against Doctor's orders" es uno de los cortes más atractivos y sorprendentes, presenta un ritmo contagioso y alegre con un cierto tono irónico: "Me había roto el pulgar en un accidente de coche y me dijeron que no podía tocar el saxofón durante unos meses. Grabé esta canción con un pulgar roto en contra de las órdenes del médico". Acto seguido se presenta uno de los grandes clásicos ocultos de este virtuoso, aunque "Pastel" no llegó a ser single ni es especialmente recordado en recopilatorios, es sin embargo de sus melodías más especiales, sensibles y sensuales, y guarda un estupendo solo de saxo soprano. Parece complicado depositar toda la carga de un disco en un instrumento de viento como el saxo, y de hecho, tras una primera mitad brillante, el tramo final del disco pierde un poco la chispa ("All in one night", la soleada "Summer Song", o "Let go", que parece recuperar emociones por medio del romanticismo), para acabar con "Home", este sí, otro buen tema de esencia nocturna, una emotiva y sincera vuelta a casa con la que acaba este hermoso álbum para todos los públicos, una obra que alcanzó el número 1 en las listas de Jazz Contemporáneo (al igual que "Duotones"), y unas ventas de 25 millones de copias en todo el mundo. Los sencillos del trabajo fueron "Silhouette" (con "Home" en la cara B y un tema nuevo, "Looking for a way to let go", en el CDsingle), "Against Doctor's Orders" (con "Tradewinds" en la cara B) y "We've Saved the Best for Last". Además de los saxos (alto, tenor y soprano) y otros instrumentos (principalmente teclados) interpretados por Kenny, este se rodeaba de buenos instrumentistas de sesión para los bajos, guitarras, percusiones y demás teclados, entre los que destacaban Preston Glass y especialmente su amigo Walter Afanasieff, ganador de varios premios Grammy (especialmente el de la canción de Celine Dion "My heart will go on", incluída en la película Titanic. Si con su obra hasta "Silhouette" Gorelick se había caracterizado por una música melosa, incluso empalagosa para algunos, esa dosis de romanticismo iba a verse incrementada en el siguiente disco de estudio de este intérprete de rizada melena, "Breathless". Antes de ello, su fama iba a continuar in crescendo gracias a su álbum en directo "Live" (cuyo tema "Going home" fue un sorpresivo hit en China) o a su participación en la banda sonora de la película "El guardaespaldas" (la BSO más exitosa de todos los tiempos, según algunas fuentes), en la de "Pretty woman" y en el drama protagonizado también por Julia Roberts "Dying young (Elegir un amor)", para el que creó una acertada y popular composición como tema principal, y colaboró con un joven James Newton Howard.

La popularidad de este saxofonista demuestra que hay una línea muy fina entre la música instrumental y el publico, siempre que esté construida con unas ciertas condiciones primarias de melodía y ritmo, y se promocione convenientemente. El tercer punto es adoptar una imagen atractiva, elegante y fácil de reconocer, y eso es algo esencial en Kenny G, su larga melena rizada es un icono del Smooth Jazz y motivo recurrente de las portadas de sus discos. Indudablemente, este desvío de atención parece decir poco a favor de la calidad musical de nuestro protagonista, que ha recibido numerosas criticas y ataques directos por parte incluso de compañeros de profesión: la mayor polémica la motivó Pat Metheny, que habló sobre Kenny como un saxofonista con serios problemas rítmicos y un limitado vocabulario armónico y melódico, que toca desafinado y ni se acerca a ser un buen instrumentista: "Lo que demostró fue una habilidad para conectarse con los impulsos más básicos de la audiencia, reutilizando sus dos o tres licks más efectivos (sosteniendo notas largas, o pasajes rapidísimos, aunque con deficiencias armónicas) en los momentos claves, para incentivar al público una y otra vez". Realidad o envidia por el ingente número de ventas, Metheny deliberaba sobre la conveniencia de utilizar la palabra jazz en la música de Gorelick, pero fue relativamente amable hasta que este realizó una versión de "What a wonderful world", de Louis Armstrong: "Con este movimiento, Kenny G se convirtió en una de las personas en el mundo a la cual no puedo valorar como hombre (por su increíble arrogancia al considerar posible semejante cosa) ni como músico, por pretender compartir el escenario con la figura más importante de nuestra música". Aunque se pueda entender la opinión de Metheny en este sentido, las melodías originales de Kenny G seguirán alimentando el placer de escuchar una agradable y distendida música de saxofón, como la incluida en "Silhouette".









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4.2.16

LITO VITALE CUARTETO:
"La excusa"

Aparte de las demás manifestaciones de sus inquietudes musicales (en solitario, en duo o en trio -el quinteto vendría poco después-), la del cuarteto fue para Lito Vitale una manera gozosa de presentar una música alegre y tremendamente viva. El de Villa Adelina decía: "en realidad me siento cómodo en cualquiera de los formatos. Los puntos más importantes fueron el trío, el cuarteto y el dúo con Baglietto, son los que han tenido más trascendencia y donde el resultado fue musicalmente óptimo para lo que yo estaba buscando en esos momentos". A finales de los 80, coincidiendo con esa faceta artística que comenzó en 1987, este teclista argentino fue conocido y reconocido en España, país que le acogió -ante la satisfacción del artista, deseoso de ser escuchado- con buenas ventas y populosos conciertos. Un tema mítico de estas representaciones en vivo no pertenecía a ningún plástico de Lito, se trataba de una 'estudiada improvisación' de titulo "La excusa", una obra genial que levantaba al publico de sus asientos por lo radiante de su desarrollo y por la maestría de su interpretación a manos de los cuatro virtuosos. En 1991 se iba a hacer justicia con esa extraña y lamentable ausencia, ya que Ciclo 3 publicó en Argentina el trabajo que contenía al fin la mágica composición, un álbum titulado generalmente "La excusa", que meses después llegaba a España de la mano de GASA.

Es curioso como, por obra y gracia de la mercadotecnia, este músico de jazz, rock instrumental y folclore fuera enclavado en el saco de las nuevas músicas, incluso de la new age. Su esencia melódica, así como desfilar por ciertos programas radiofónicos de éxito, fueron la 'excusa' definitiva para esta furtiva inclusión ("En general las etiquetas no valen (...) En las tiendas de música debería haber una sección que pusiera 'músicos'", comentaba al respecto Lito, que también acuñó el apelativo 'gran música de fusión'). "La excusa" cuenta solamente con cuatro largas composiciones, de las que una es ya conocida ("Una excusa") y otra es, por título, una improvisación ("Permiso, voy a improvisar un poco"), lo que podría dar a pensar que este trabajo fuera un aprovechamiento del gran momento popular de la banda. Nada más lejos de la realidad, la necesidad del tema principal y los buenos momentos ofrecidos por las demás, especialmente "Algo nuevo", hacen de "La excusa" un disco que no se queda atrás respecto a los anteriores del cuarteto. Como inicio, "Algo nuevo" no es que presente especialmente nada novedoso, pero sí que consigue contarnos una hermosa historia en trece minutos muy llevaderos. Un excepcional fondo de esencia minimalista casi eclipsa al saxo y su acertada melodía de aires populares al comienzo de la pieza, para pasar a ser el teclado el que toma un gran protagonismo en su tramo medio (espectacular el solo que comienza en el cuarto minuto con sonido de harmónica), inundando de aromas de jazz y de tango esta grácil pieza en la que cada instrumento es un personaje, aportando cada uno sus cualidades para conformar otra gran composición del cuarteto. No obstante, es reseñable que la mayoría de este disco -los tres primeros cortes- fuera grabado por un 'falso cuarteto', un terceto realmente en el que Vitale, volviendo a sus inicios, interpretaba la batería. Si bien es evidente que en vivo se solucionaba esa situación, hay que precisar que los músicos del disco fueron exactamente: Lito Vitale (teclados, voces, percusión, batería en los dos primeros cortes), Marcelo Torres (bajo de 6 cuerdas), Manuel Miranda (flautas -quena, antara- y saxos -tenor y soprano-) y Jorge Araujo (batería en el tema "Una excusa"). No se perciben las "Opiniones encontradas" en el segundo corte, más bien nos encontramos de nuevo con una grata armonía de intérpretes, cada instrumento tiene delimitado su espacio y casi se pueden disfrutar en solitario bajo, piano, flauta o batería, tanto como en un conjunto alegre y vistoso con efluvios de bossa nova y folclore. "Permiso, voy a improvisar un poco" es una larga improvisación soñadora, una magistral demostración a los teclados combinando diferentes estilos, y de hecho otro punto culminante del trabajo, donde se pueden atisbar referencias de obras anteriores de Lito, en lo que sin duda es un sonido característico en su carrera. Es aquí cuando aparece el momento culminante del disco, la esperadísima "Una excusa", tema que provocó la aparición del álbum: "Lo hicimos porque queríamos grabar el tema que daba título al disco, porque que me gustaba muchísimo el solo de Marcelo en el bajo. Nos parecía absurdo no grabar esa música aunque ya estaba pensando cambiar el grupo o dejar un tiempo sin grabar". La melodiosidad de un bellísimo piano conduce a la pieza al territorio del viento, un vistoso paraje con la rítmica y espectacular intrusión del bajo; es este el que destaca especialmente en un interludio en el que, tras un suave comienzo, acaba aflorando el carácter de cada engranaje de la banda, para retornar a la melodía de comienzo notablemente engalanada, y con un magistral solo de bajo que no se puede describir con palabras. Una pieza para la historia del cuarteto, en la que no hay que olvidarse de la percusión que la acompaña, ni por supuesto de un piano que cede un poco su papel protagonista, no solo ante el bajo sino por un viento excepcional. La composición básica, como todas las del trabajo, es de Lito, que borda esa particular 'gran música de fusión'. Exultante y vivaz, "Una excusa" es un delirio de belleza y compenetración de cuatro músicos en uno, ya que esta vez sí que la grabó el cuarteto: la melodía del viento (Miranda) la entrada y los interludios del piano (Vitale), el acompañamiento de la batería (Araujo), y la innombrable demostración de técnica y el enorme solo de bajo (Torres). Escuchando grandes momentos como este se entiende la frase de su autor: "Me siento feliz haciendo música".

Dos años después de "La excusa" llegó el último álbum del cuarteto, "La cruz del sur". Muy exigente con su propia música, la considera un proceso cambiante, que depende de muchos factores absolutamente personales. Así, más tarde, aparte de otro tipo de obras en solitario o en colaboración, Lito incluyó una guitarra en su banda para crear el Lito Vitale quinteto. Rubens 'Donvi' Vitale, padre de Lito, pedagogo musical y creador junto a su mujer, Esther Soto -también profesora y cantante-, de numerosos proyectos musicales (entre ellos MIA -Músicos Independientes Asociados-) y del sello Ciclo 3, murió el 26 de octubre de 2012. Él fue una especie de alma mater para Lito, su hermana Liliana y tantos otros músicos que pasaron por sus clases, y que por ejemplo configuraron el proyecto MIA (Músicos Independientes Asociados), cuando Lito tenía 13 años: "Mi viejo me enseñó a buscar siempre el camino más artístico y verdadero, a no volverme loco con que las cosas funcionen económicamente". 'Donvi' fue sin duda culpable en gran parte de que esta música llegara hasta nosotros, y el talento natural de su hijo hizo de él un músico reconocido, creador de obras tan fabulosas, incluso inmortales (y no importa la denominación ni clasificación de las mismas) como "Ese amigo del alma", "Recuerdos en mi bemol", "Los dueños del sol" o "Una excusa", que tras deambular por múltiples escenarios encontró acomodo en CD y vinilo en 1991.

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19.1.16

OTTMAR LIEBERT:
"Poets & Angels"

Aunque parezca un recurso fácil, no es sencillo realizar un disco de canciones populares navideñas (el carol en el mundo anglosajón o el villancico de los hispanoparlantes), especialmente por lo conocido y manoseado de los temas más difundidos, esos que cada familia puede tararear en sus reuniones. No sólo es importante sonar de una manera distinta, original y atractiva, sino que hay que saber tratar bien a estas tonadas relacionadas con lo divino. Parece que desde siempre la cultura norteamericana se toma más en serio que la europea la musicalidad y el interés popular de este tipo de composiciones populares, practicamente todos los artistas superventas de la conocida como new age en los EEUU han presentado en una o varias ocasiones su propia interpretación de un puñado de canciones navideñas en forma de álbum temático: Chip Davis (Mannheim Steamroller), George Winston, David Lanz, Jon Anderson, Jim Brickman, Cusco, Enya, Liz Story, Craig Chaquico, Kenny G, Peter Buffett, los artistas del sello Windham Hill..., y en la mayoría de las ocasiones se ha tratado de los álbumes más vendidos en los meses invernales, lo que significa un verdadero negocio para algunos de los artistas mencionados. Ottmar Liebert no iba a ser menos, y a finales de 1990 Higher Octave Music le publicó un sencillo pero estimulante trabajo para la temporada invernal titulado "Poets & Angels", con el clarificador subtítulo 'Music for the holidays'.

Con "Nouveau flamenco" (1990) y "Borrasca" (1991), este guitarrista de figura elegante y bohemia logró numerosisimas ventas y dos números 1 en la lista de new age de la revista Billboard, medidora de las tendencias comerciales en los Estados Unidos (el de "Nouveau flamenco" llegó con la reedición en el año 2000). A pesar de la importancia de los dos trabajos mencionados, uno menos mediático se coló enmedio de ambos, este "Poets & Angels" donde la guitarra vuelve a ser protagonista principal y absoluto. En un sentido religioso se podría crear una problemática entre las canciones navideñas y su inherente sentido católico, pues Liebert, católico de nacimiento en Alemania, dejó de serlo por voluntad propia desde los 16 años, tomando contacto enseguida con el budismo zen. Sin excesivo celo ético, queda escuchar agradecidos estas sencillas tonadas que a muchos han acompañado cada Navidad, y otros conocen y respetan por su belleza y carácter folclórico. Ottmar Liebert impone su estilo para versionar ritmos tan populares como "Jingle bells", "Silent night" o "Little drummer boy". El sonido es rotundo, crea bellas atmósferas plagadas de rumba y sabores de lo hispano a lo tropical, e incluso, al dejar una impronta tan rotunda con la guitarra española, casi crea un disco propio, original, en parte gracias a la inclusión de cinco composiciones propias, entre las que destaca enormemente "Starry Nite (March of Kings)", con la que Ottmar se acercó maravillosamente a lo popular -parece sacado de la tradición- y endulzó diversos recopilatorios de su compañía. En cuanto a las otros cuatro, son la prueba de que Liebert lleva el ritmo en los genes y el flamenco en el corazón, de ahí las influencias escondidas, disfrazadas de Navidad, movimientos rumberos -"Poets & Angels", "Festival (Of 7 Lights)"- y aires flamencos -"Shepherd's Nite Watch", "Morning Glory"-, que sazonan notablemente el conjunto. El resto del plástico sí que se compone de gloria y divinidad, diez carols (o villancicos) tratados instrumentalmente y rescatados de la tradición, aunque en el disco no se atribuyen realmente a los autores originales, a los que llegamos -si los hay reconocidos- con una fácil búsqueda. "Deck the halls" ('Adornen los salones', canción galesa del siglo XVI cuyo estribillo se interpretaba con arpa) abre el trabajo, y es un comienzo apetecible y agraciado. Numerosos artistas han interpretado la mayor parte de estos clásicos, por ejemplo el villancico francés "Angels we have heard on high" ('Ángeles cantando están') ha pasado por las voces de, entre muchos otros, Andrea Bocelli, Cristina Aguilera, Jewel, The Carpenters o, de manera instrumental, The piano guys. Otro de los más conocidos, "Little drummer boy" (supuesto original checo transcrito en el siglo XX por la pianista estadounidense Katherine Kennicott Davis) se hizo muy popular desde la versión de la familia Trapp, y en España por medio de Raphael ('El tamborilero'), si bien cuenta con numerosísimas versiones en variados estilos, soul (Stevie Wonder, Ray Charles), folk (Joan Baez, Bob Dylan), clásica (Nana Mouskouri), rock (Jimi Hendrix), pop (Abba), disco (Bonnie M), a-cappella (Take 6) o, en lo instrumental, Kenny G, Tuck Andress o Mannheim Steamroller, si bien la versión de Liebert convence y se disfruta. Continuando con las melodías más conocidas, "We 3 Kings (of Orient R)" es otro villancico estadounidense (compuesto por John Henry Hopkins Jr en 1857), mientras que "O holy nite" es francés, de 1843. Eso sí, tal vez los dos títulos más representativos sean "Jingle bells" ('Navidad, dulce navidad', de James Pierpont, 1857), que en su origen no era específicamente una canción de Navidad, sino que trataba sobre las carreras de caballos, y "Silent night" ('Noche de paz', austriaco, de 1816), con importantes versiones, en el entorno de las nuevas músicas, de Enya, Mike Oldfield, Mannheim Steamroller o Il divo, entre muchos otros. Menos conocidos son los tres que restan por comentar, todos ellos del siglo XIX, "1st nowell" (inglés), "Away in a manger" (norteamericano) y "O christmas tree" (alemán). La edición japonesa incluía además el corte "Poets + Angels Live". "Poets & angels" fue el primero de los tres álbumes navideños de Ottmar Liebert. El segundo es "Christmas + Santa Fe", publicado en el año 2000: Santa Fe es la ciudad de residencia de Liebert desde 1986, y su influencia, su actividad y diversidad cultural, ha sido fundamental en la creación del 'nouveau flamenco'. La llegada del guitarrista hasta este entorno fue casual, cuando se dirigía a Los Angeles desde Boston, donde había tocado en una banda de rock y había trabajado como mensajero en bicicleta: "Estaba ayudando a un amigo a conducir una camioneta de regreso a Santa Fe y me iba a quedar un par de semanas, descansar e ir a Los Ángeles. En lugar de eso disfruté realmente de la ciudad, hay una interesante mezcla de cosas allí, tienes la cultura india, la cultura hispana y la cultura anglosajona. Hay restaurantes que combinan la comida mexicana con todo, italiana, francesa, cocina asiática, de California...". Se trata además de un paraje encantador en las fechas navideñas, de ahí el título de esta segunda entrega. La trilogía se completó en 2005 con "Winter rose", que incluía referencias a clásicos como Fauré o Tchaikovsky. 

Aunque le consideren un diletante del flamenco, no cabe duda de la capacidad de Ottmart Liebert para lograr melodías pegadizas a la guitarra española en un estilo aflamencado que él mismo se encargó de bautizar como 'nouveau flamenco' en su primer álbum. "Poets & Angels" es fácil y plácido, pero en absoluto aburrido, es más bien bastante entretenido en su duración de 54 minutos poblados por 15 canciones cortas plenas de candor navideño. El sonido es limpio, con la producción de Liebert y Domenico Camardella, y la utilización de guitarra flamenca por parte de Ottmar Liebert, el bajo de Jon Gagan y la percusión (y palmas) de Davo Bryant. Gagan en especial ha sido un habitual en la cambiante banda de acompañamiento del músico, denominada 'Luna negra'. En la portada, Liebert (altivo, desenfadado, con su cualidades mestizas realzadas) mira al cielo buscando esos ángeles que se pasean por el titulo del disco, aunque también parece dar gracias por la sorprendente y excepcional acogida de su música, ese nuevo concepto llamado nouveau flamenco que, ante las iras de los puristas españoles (calificado por Paco de Lucía como una caricatura del flamenco), nació en 1990 con el primer plástico de este fan de Carlos Santana, Miles Davis y John McLaughlin. La controversia está servida, usted pase, disfrute y decida. Pero ante todo disfrute.

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14.12.15

PAUL WARD:
"For a knave"

En cualquier campo o estilo musical son numerosos los ejemplos de artistas que, tras una o dos obras de interés, desaparecen sin dejar rastro. También es usual que no se les reconozca su labor, cayendo en el olvido algunos trabajos meritorios que podrían haber tenido cierto alcance. Ambas circunstancias se conjugan en la figura de Paul Ward, sintesista británico de inmerecida escasa repercusión, en especial por una joya oculta de la música electrónica instrumental de las dos últimas décadas del siglo pasado, de título "For a knave", publicada en 1991 por el sello Surreal To Real, una agrupación de músicos electrónicos fundada por el propio Paul Ward junto a John Dyson y Anthony Thrasher, para editar principalmente los álbumes de los dos primeros, así como los de otros artistas electrónicos como Ian Boddy, Michael Shipway, Glyn Lloyd-Jones, o grupos como Wavestar (dúo del propio Dyson y David Ward-Hunt) o Tranceport. Dyson rememoraba felizmente aquella época como un grupo de amigos, principalmente universitarios, convocados por Ward a través de un anuncio en una revista musical en los 80, que solían reunirse en algún bar para charlar o tocar música electrónica.

Si poco conocidos son los dos discos en solitario de este teclista, aún más difícil de encontrar es su seminal álbum de 1987 "Beyond The quiet point" (reeditado en 1995 por Surreal To Real), firmado a dúo por Ward y Neil Thompson (otro miembro de aquel grupo de colegas) bajo el nombre de Quiet Point. Se trata de un trabajo nada desdeñable, muy dinámico, con ritmos y melodías definidas en un contexto totalmente electrónico, cercano a algunas bandas sonoras ochenteras (Jan Hammer, Giorgio Moroder). Posee buen sonido y piezas muy llevaderas, que van a ser el germen del estilo que Paul Ward va a presentar en sus dos discos en solitario (por ejemplo "Taken to a place", que parece un bosquejo de "Interleave" -corte estrella de su primer álbum-, aparece en el segundo con igual título y tratamiento). Por unas u otras causas, Quiet Point se disolvió y Paul Ward comenzó su carrera en solitario; posiblemente era este último el principal valedor y creador en el grupo, de hecho Neil Thompson aporta una única composición en su participación en los dos álbumes en solitario de Ward. En "For a knave", el que nos ocupa, produce además tres de las composiciones, mientras que John Dyson se encarga de la producción de una de ellas, dejando el resto y la supervisión general para el propio firmante de la obra. Una pintura de Kevin Raddy ilustra la cubierta del plástico, anticipando su carácter aventurero. De hecho, un comienzo cósmico muy relajante deviene en una completa pieza estimulante e intrépida que parece haber sido creada como sintonía de televisión o incluso para cine del genero de espada y brujería, si atendemos a dicha portada. Dominada por teclados simulando guitarras y flautas, y percusión electrónica en una onda africana, en el climax final de "Flying south" suena otra furibunda falsa guitarra. Todo lo que hay de ficticio en esta música lo hay de palpitante, y mientras otros sintesistas deslizan provocativos juegos cacofónicos o largas suites atmosféricas en sus trabajos, Ward se centra por lo general en una música contundente, piezas electrónicas cortas con asomos al rock, de consumo fácil y entretenimiento, logrando un producto acertado y de calidad ("yo no hago desarrollos largos y ambientales", comentaba). El clima épico se mantiene durante todo el álbum, en el que también puede respirarse un componente altivo tan propio de otros músicos de renombre como David Arkenstone o Yanni, ambos del campo de la new age, que enaltece composiciones como "First home", con despliegue efectista final. Un teclado bastante solitario y afable es complementado en "Love, lies and magic" por aires sinfónicos conforme avanza la pieza, un tema producido por John Dyson, al que Paul atribuía todo el mérito del artístico tratamiento orquestal, que salvó una composición que no hubiera funcionado sin su ayuda. Más romántica se presenta "Borderline", que se hace corta, antes de llegar a un momento culminante (tal vez lo mejor, junto a "Flying south", de un disco muy adictivo) titulado "Interleave", melodía con fuerza, repetitiva y pegadiza, incluso excitante, que presenta vientos simulados muy atractivos. La segunda parte del álbum comienza con la facilona y pegadiza tonada de "Last stand", con ritmo constante y bajo y saxo simulados. "The alchemist" es otra melodía rotunda, la única que presenta una guitarra real en el conjunto electrónico (interpretada por Phil Easton), mientras que más delicadas son "Cetacean" (atmosférica y conmovedora), "Glide path" (soñadora pero directa) y un largo epilogo luminoso y aventurero, que deriva por igual en un tono épico y cósmico, titulado "Twelve towers", distinguible de los demás cortes por sus mantos de teclados en una onda planeadora. Es un final relajante y maravilloso en un trabajo con un melancólico toque retro ("el minimoog proporciona el sonido analógico clásico", añadía Paul), creado en 8 pistas y con el siguiente equipamiento: sintetizadores Roland (JX-8P, D50 y SH-09), Minimoog, Yamaha TX7, Sequential Circuits Pro-1, el sampler Ensoniq EPS y pedales Moog Taurus Bass.

Es evidente que se pueden encontrar similitudes en la obra de Paul Ward, por ejemplo la elegante secuencia y la ilusión de falso viento que abren "Flying south" bien podrían haber adornado algún trabajo del Vangelis de finales de los 70. Aunque no se puede llegar a asociar plenamente a esos monstruos de este tipo de música como el propio Vangelis o Jean Michel Jarre, sí que se pueden encontrar ecos de otros solistas de excepción como Joel Fajerman o Robert Schroeder (un poco menos Thierry Fervant, que incorpora elementos acústicos a su música), de bandas de gran seguimiento como Tangerine Dream (en su vertiente más melódica) o Wavestar (el grupo de John Dyson), así como de algún monstruo de la new age como David Arkenstone (en su carácter fantasioso y grandilocuente), o de refilón de otros artistas del sonido Narada Mystique, como Peter Buffett. La misma compañía Surreal To Real sacó a la luz en 1994 "The fear of make-believe", la última obra conocida de Ward. Presenta un sonido más avanzado, robótico incluso (a pesar de usar bajo, guitarra y batería reales), no tan provisto del halo romántico que desprendia el carácter aventurero de su debut, cambiado por una cierta frialdad cósmica que no llena tanto, al carecer de la frescura y elucidad de su primer plástico. Se mantienen las melodías atractivas, de continua sintonía (tal vez con voces hubiera entrado en la comercialidad del tecno-pop) y ritmos tecnológicos que hacen de "The fear of make-believe" otra obra totalmente acertada y recomendable para devotos de la electrónica y para cualquier tipo de público, dada su huida de ambientes caóticos y consecuente fácil consumo.





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19.11.15

BABIA:
"Oriente-Occidente"

Antes de que la etiqueta Nuevas Músicas unificara en el mercado español una larga gama de estilos para su fácil comercialización, una serie de inquietos músicos habían desarrollado una llamativa fusión de sus trayectorias en el mundo del folk, la música antigua y el pop-rock. Cuatro músicos madrileños cercanos y amigables, Luis Paniagua, Luis Delgado, Eduardo Paniagua (hermano de Luis) y Jesús Greus (que se acabó especializando en música andalusí, afición compartida con los dos anteriores), se adelantaron a su tiempo al crear a comienzos de los 80 el grupo Babia, cuya existencia sólo contempló un disco, un excepcional vinilo titulado "Oriente-Occidente", publicado en 1982 por Guimbarda. Manuel Domínguez fue el periodista que creó este gran sello que publicó y distribuyó música folk de España (Emilio Cao, Labanda, Vainica doble, etc) y del resto del mundo (Alan Stivell, Boys Of The Lough, Silly Wizard, Pentangle y sus miembros -John Renbourn, Bert Jansch-, Don Cherry, Alan Giroux, Barbara Dane, Jose Afonso y un largo etcétera de más de 20 países, incluyendo el trabajo "Children of the sun", de un jovencísimo Mike Oldfield con su hermana Sally). Como su título indica, el álbum viajaba continuamente de Oriente a Occidente, paseándose por varios continentes en una rica y agradecida 'fusión étnica', tal fue el término que se utilizó para denominar a esta fenomenal aventura que Luis Paniagua reeditó en CD en 2003 en su sello Silentium.

Es precisamente en esta reedición donde encontramos un adecuado texto aclaratorio: "Hay que remontarse a enero de 1981 para encontrar el origen de lo que es hoy Babia. Fue en esta fecha cuando se comenzó a pensar en la posibilidad de crear una formación de músicos cuya labor no estuviera limitada por ningún molde previo. Se abrieron puertas y ventanas a muchas culturas, a nuevos y viejos sonidos y a un gran número de instrumentos". Extensa es, precisamente, la gama de utensilios: Sitar, pipa, esraj, psalterio, tanpura, contrabajo, bajo eléctrico, teclado, tabla, xilófono, caxixi, gong, timbales, címbalos, campanas, rueda de campanas, cencerro, botes de arroz, bolsa de moldes de repostería, voz (Luis Paniagua); sintetizador, órgano, guitarras sintetizadas, bajo eléctrico y sintetizado, archilaúd español, guitarra portuguesa, programador de ritmos, kalimba, rhana tun, cabasa, timbal, címbalos, campanas, voz (Luis Delgado); flautas sopranino, soprano, alto y bajo, flauta búlgara, flauta noruega, flauta sintetizada, psalterio, darbuga, xilófono, palo de lluvia, kalimba, crótalos, gongs, plato, cascabeles, campanas, campana de tubo, cencerro, sonajas, pajarito, voz (Eduardo); tabla, tabila, bombo, caja, charles, platos, campanas, caxixi, caña de semillas, voz (Jesús). Además, las colaboraciones puntuales de Pepe Ébano (tumbadoras), Andreas Prittwitz (saxo alto y clarinete), Paco Espinosa (bajo eléctrico) y Juan Alberto Arteche (voz). "Oriente Occidente" es un atrayente cuaderno de viajes que comienza con fuerza y folclorismo andino, pues la introducción ("Introducción-Nazca") nos conduce hasta Nazca, esa inmensa región peruana en la que se ubican unas misteriosas líneas excavadas en la arena como señales para dioses voladores. En esta mirada aérea -sólo se pueden distinguir desde el aire, de ahí que Luis añada 'elevándose a cientos de metros'-, la música consagrada a estos dioses es vibrante en cuanto a sus cuerdas y percusiones, si bien no hurga en lo misterioso y sí en lo folclórico por las flautas empleadas. El conjunto viaja hasta la India en el segundo corte, "Nuevos razonamientos", gran demostración de estos monstruos de la música patria que tiene todos los condicionantes para encandilar, melodía, ritmo, exotismo y una interpretación de lujo: el sitar era el instrumento característico de Luis en aquella época, y su exótico sonido llena este corte dividido en un primer segmento tranquilo y un segundo activo y pegadizo, tanto como para nombrarlo como uno de los momentos destacados, a pesar de no ser elegido como single. Desde luego, era un sonido distinto en aquella época, y no exento de comercialidad si se hubiera difundido con mayor acierto, y es que hay que hacer constar que estos cuatro amigos efectuaron una grabación adelantada a su tiempo. Cada canción es distinta a la anterior, así como su instrumento principal: en "Luciérnaga" es el saxo el que imprime un tono jazzero al tema, con un atractivo desarrollo bastante bohemio. Algo similar sucede en "Música terrena", con vientos desatados en un plan algo más étnico. Es Luis Paniagua el compositor principal del trabajo y en este sentido alma máter del mismo, puesto que solamente dos de los cortes no son de su creación: "Kejaritomene" (un pequeño interludio de su hermano Eduardo, que realmente se asemeja a alguna de las hermosas miniaturas que Luis Delgado creó poco tiempo después para el documental "Alquibla"), y "Mohebius" (que sí es obra de Luis Delgado, un folclórico 'nuevo amanecer, de un sol de color azul' -explica-, un cuento de andanzas exóticas con rica instrumentación comandada por la flauta, muy bien desarrollado y con un sonido muy actual). "Oriente-Occidente" tuvo un lanzamiento en forma de single, un intento de radiodifusión que contenía "Toi toy" en la cara A y "Torero" en la B: "Toi toy" es el tema elegido como portavoz de esta diferente propuesta musical, aunque tal vez no parezca tan atrayente o afortunada como "Torero" o "Nuevos razonamientos", pero si que posee garra y buenas intenciones, así como un enorme bajo (de Luis Delgado) que puede recordar a ciertas canciones de Pink Floyd o de Alan Parsons, lo que pudo motivar su elección como corte destacado. En las voces, en la más pura tradición india, colaboraba un invitado de excepción, el guitarrista de Nuestro Pequeño Mundo, Juan Alberto Arteche, que justo ese año 1982 fundó Finis Africae. Si cabe más interesante que el anterior, "Torero" es un sencillo distinto y atrevido para su época, un inicio calmado deriva en una llamativa y maravillosa pieza, pegadiza incluso en su tuna principal, en la que se puede paladear además la completa gama de instrumentos que la engrandece e intenta plasmar su definición en el cuadernillo: 'valor, locura, soledad, fé, oración, color'. Concluyendo, "Misterio del entendimiento" es de nuevo algo andina (presenta un primer tramo relajante a la flauta y un segundo rítmico con un ameno xilófono, consiguiendo un corte, si bien no especialmente destacado, muy completo) y "Bengala" retorna a la India, al adaptar un tema popular en el que destacan sitar y percusión, pleno de gracia y movimiento, un atractivo final en un disco completísimo que, recuerda Luis Delgado, se hizo mientras trabajaba en la RCA durante el día, y por la noche daba conciertos y producía grupos de folk. Luis Paniagua concluía así su comentario sobre el trabajo: "Un sonido nuevo en el cual se encuentran Oriente y Occidente, presente y pasado hacia el futuro. (...) Su música está llena de color, visiones, sensibilidad, ensamblando perfectamente los sonidos, las ideas y los timbres".

Dinámica y vital, la de Babia es una música que poco tiene que ver con la espiritualidad que Luis Paniagua promulgará en su carrera futura, aunque posea ciertos tintes relajantes, basados en la profunda sonoridad del sitar y de sus cadencias indias. Mas allá del folk, de las músicas del mundo y del jazz, esta conjunción de elementos tiene verdadero duende, exponiendo al oyente su fantasioso mundo interior, un cúmulo de viajes exóticos y experiencias interiores. "Oriente-Occidente", que en su título parece buscar un equilibrio entre la pobreza material de países como la India y la pobreza espiritual de nuestro modo de vida, sigue sonando fresco más de tres décadas después de su publicación, y permite disfrutar de un clima de lejanía y aventura sin salir de casa, un trabajo muy completo, de variada y poco convencional instrumentación, cambiante estilísticamente hablando, y con un vistoso componente melódico, una excepcional rara avis en el panorama de los grupos españoles de comienzos de los 80.

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