27.6.15

DAVID BEDFORD:
"Star's end"

Décadas atrás parecía existir por parte del público un mayor aprecio por la música grabada, no sólo por la actual facilidad para conseguir cualquier cosa con un solo click del ratón, que banaliza en muchas ocasiones el proceso auditivo, sino por el respeto y admiración que se tenía a los músicos y a determinadas propuestas arriesgadas, originales o simplemente experimentos que se valoraban como tal y eran capaces de colarse con extrema facilidad en las listas de los discos más vendidos, obras que en la actualidad serían de producción casi inconcebible en grandes compañías, como largas suites electrónicas, óperas de exagerado sinfonismo, o trabajos con pasajes recitados basados en obras inmortales de la literatura mundial. En los 70 empezaba a ser habitual que el mundo del rock incorporara en su repertorio elementos de la música clásica (Deep purple, Pink Floyd o ELP, entre otros), de ahí surgió el rock sinfónico, pero no era tan común que una obra de corte clásico por definición, incluyera instrumentos tan propios del rock como una poderosa guitarra eléctrica. De este modo, el compositor inglés David Bedford dió con "Star's end" un pequeño paso adelante en la historia de la música, al contar con el guitarrista Mike Oldfield y el percusionista Chris Cutler junto a la Royal Philharmonic Orchestra, dirigida por el elogiado Vernon George "Tod" Handley. Nacido en 1937, Bedford conoció a un joven Mike Oldfield gracias a los primeros acercamientos importantes de ambos hacia el rock, en la banda de Kevin Ayers, 'The whole world', y acabaron trabajando juntos en un buen número de discos de ambos artistas. En 1974 Oldfield estaba en boca de todos, pero Bedford aclaraba: "No le pedí a Mike que tocara porque se hubiera convertido en un hombre tan importante en la escena musical, sino porque era mi guitarrista preferido". 

"Nurses song with elephants" fue la primera colaboración de Oldfield en un trabajo en solitario de Bedford, publicado en 1972 ("Tubular bells" aún no había sido editado, ni consecuentemente Virgin Records fundada) en el sello para músicas experimentales del influyente locutor John Peel, Dandelion Records. Con Oldfield ya en el estrellato, en 1974, llegó "Star's end", pero es conveniente destacar el álbum como una gran obra de David Bedford, fuera quien fuese el músico de rock invitado. Por otro lado, Bedford tenía una concepción muy distinta de la música que Oldfield, el mismo año que el de Reading publicó el pacífico "Hergest Ridge" con los arreglos de cuerdas y coro de David, este nos presentó una obra difícil aunque sorprendente, un desasosegante cuaderno de mágica confusión, entre la atonalidad y un vanguardista sinsentido orquestal, en el que conviven la extravagancia y la genialidad. "The heat death of the universe" fue el titulo inicial de la partitura, pero a la Royal Philharmonic no le gustó que incluyera la palabra 'muerte' (otras referencias atribuyen este hecho a Richard Branson, fundador y propietario de Virgin Records), por lo que acabó siendo cambiado por el definitivo, "Star's end", y vio su publicación por dicha compañía británica en 1974. Como seguidor fervoroso de la literatura de ciencia ficción, el título provenía de la novela de Isaac Asimov 'Segunda fundación' (tercer libro de la Trilogía original de la Fundación); traducido como 'En el extremo de las estrellas', es en dicha novela una pista sobre la ubicación de la Segunda Fundación. El álbum sin embargo no seguía esa estela, y venía a ser una historia del universo desde el Big Bang, y su enfriamiento y formación de las partículas y más tarde de las galaxias. Bedford lo afrontó con un tratamiento caótico, y pensó que algunos instrumentos del rock encajarían perfectamente, pero no quería una "chapuza rockera", en alusión a otros intentos anteriores, que calificó de aburridos y pretenciosos: "creo en el uso de los instrumentos para lo que fueron creados, y los instrumentos eléctricos sostienen y doblan notas". Bedford llenó el espacio disponible en el vinilo con esta pieza subyugante, con una carga insondable de emoción y misterio que puede llegar a atrapar. Un comienzo trémulo deviene en un intrigante adagio de fácil seguimiento que, tras varios intentos fallidos, acaba encontrando la salida hacia el pasaje mas recordado de la obra, en el que la percusión marca un paso firme y la guitarra ruge sobre las acometidas de la orquesta, un soberano clímax animado y excitante, que pone un final sobresaliente a la cara A del disco. Este primoroso culmen fue incluido en 1976 en la recopilación "Boxed" de Mike Oldfield con el título de "An extract from Star's end". Que la tensión y el desasosiego están presentes en cada minuto de la obra se manifiesta especialmente en un comienzo de la cara B digno de musicar una película de suspense, cuando las iracundas cuerdas parecen enfrentarse a la sinrazón, aliándose con una guitarra mas secundaria colmando diez apasionantes minutos, para acceder a un majestuoso pasaje (lamentablemente demasiado corto) marcado por los pulsos de los vientos, con coléricas entradas regulares. Una cacofónica irrupción de cuerdas marca el comienzo del fin, minutos ambientales que desembocan en la nueva explosión de la guitarra, y el dejarse llevar de la orquesta. David, que trabajó durante seis meses en la partitura, pensó para la grabación del álbum -en agosto en Barking Town Hall, Essex-, en el bajo de Oldfield, la guitarra de Mick Taylor (miembro hasta ese mismo año de los Rolling Stones, que había tocado en el concierto de presentación de "Tubular bells") y la percusión de Steve Broughton, si bien este último fue sustituido finalmente por Chris Cutler (de la banda de Virgin Henry Cow), y Taylor por Steve Hillage. Además, durante la grabación hubo problemas técnicos con la guitarra, por lo que tuvo que ser interpretada posteriormente y en The Manor, por Mike Oldfield, un Oldfield que no pudo tocar en el concierto de presentación, el 5 de noviembre en el Royal Festival Hall, por la reciente muerte de su madre. Fue sustituido por Fred Frith en la guitarra y Darryl Runswick en el bajo. La actividad rockera del compositor inglés en esa época le hizo vislumbrar algunas actitudes de rechazo entre el mundo clásico (escuchada la furiosa guitarra de oldfield, parece evidente que solo los muy puristas podrían verter pestes sobre su presencia en la obra, pudiendo llegar a considerarla como "un hermanamiento falso e interesado"), si bien también se encontró con un cierto esnobismo en otras ocasiones. En cuanto al recibimiento popular, esta pequeña emancipación estilística fue gratamente acogida a pesar de ser compleja, algo densa y tumultuosa. Al fin y al cabo, que determinados instrumentos no puedan entrar a formar parte de una orquesta sinfónica porque sí, es una idea tan limitada, incluso tan estúpida, como el suponer que la obra vaya a sonar mejor simplemente porque los músicos, en el foso, vistan de etiqueta, o el público acuda al teatro con sus mejores galas. Sin saber cuánta parte de culpa tuvo la aparición de Mike Oldfield, lo cierto es que "Star's end" se convirtió en el álbum clásico más vendido del año 1974.

La portada del disco, con la especial mística de las cubiertas grandes y elegantes del vinilo, presentaba una explosiva fotografía de Monique Froese, esposa de Edgar Froese desde este mismo año 1974 (el año en que Tangerine Dream comenzó a publicar en Virgin Records, concretamente una inquietante "Phaedra") hasta su muerte en el año 2000. La edición estadounidense la sustituyó sin embargo por otra, no menos bella, del fotógrafo Chris Callis, si bien la original fue la que se mantuvo en las reediciones en vinilo o CD del disco, incluso en la que en 2012 presentó la compañía independiente londinense Esoteric Recordings, especializada en rock progresivo, la misma que un año antes había reeditado asimismo el anteriormente mencionado "Nurses song with elephants". La palabra 'star' fue bastante común entre los epígrafes de David Bedford -"A dream of the seven lost stars", "Stars clusters, nebulae and places in Devon", "Some bright stars for Queens College", "Some stars above magnitude 2.9.", etc.-, si bien pocas de sus obras gozaron de la oportunidad de darse a conocer de "Star's end", un espectáculo de explosiva grandeza que se contempla atónito con el fluir del tiempo y el disfrute atento, pues se trata de una obra compacta que no admite distracción.

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30.5.15

LOREENA McKENNITT:
"The book of secrets"

Más de una década después de su álbum de debut, el éxito obtenido con cada nuevo trabajo de Loreena McKennitt iba en aumento, y las cifras de "The mask and mirror", en 1995, podían considerarse ya como las de una estrella del pop/rock, aun cuando su música se encontraba en un limbo entre lo étnico y lo celta, a años luz de las radiofórmulas. Al hilo del título inicial de ese maravilloso disco, "The mystic's dream", hay que recordar que los místicos hablaban del 'ojo del corazón', que permite ver más allá de la apariencia para conocer lo profundo. Sin entrar en falsas comparaciones divinas, es evidente que la música de esta canadiense de larga melena rojiza es profunda, estudiada, sentida, y así como su propia imagen, es de una gran elegancia y sofisticación, de ningún modo una pose fingida sino el atisbo de su generoso encanto, que alumbra a miles de seguidores sin necesidad de utilizar el ojo místico. Hay que hacer notar, sin embargo, que la propia cantante confesaba que su voz es una forma de abrir su alma, de expresarse de una manera primitiva, sin barreras, y en 1997 plasmó sus interioridades en "The book of secrets", su esperado nuevo álbum publicado por Quinlan Road y distribuido por Warner Music.

Loreena se preguntaba si la expansión nómada del pueblo celta podría surgir más de un impulso interior que de una necesidad real de movimiento geográfico. Ella lo atribuia a una 'curiosidad insaciable', que intentaba hacer entender en su nuevo trabajo, un disco que, según la publicidad de la distribuidora, Warner, "es mucho más que un disco, es el amanecer del alma, un recorrido imaginario por el viaje de la vida (...)". Emprendido su propio viaje en busca de la inspiración, la canadiense la encontró en países tan dispares como Turquía, Italia o Rusia. Además, en una compositora apasionada por la literatura, afamados historiadores influyeron en este 'Libro de secretos', nombres como Thomas Cahill, Jan Morris, Murat Yagan, William Dalrymple ('From the holy mountain' hace hincapié -cuenta la cantante- en las asombrosas similitudes entre manuscritos iluminados celtas como 'The book of durrow' y 'The book of kells', y escritos bizantinos anteriores) o William Eamon (en el libro que inspira el título de la obra, 'Science and the secrets of nature'). En efecto, Loreena descubrió en las páginas de 'La ciencia y los secretos de la naturaleza' la evolución de la alquimia, las ciencias y la información, pero en dicho título ella aludía también al secreto de lo que somos ("quién eres tú o quién soy yo tiene mucho que ver con lo que ha sido nuestra historia") y la importancia de la tradición, que para ella "es aquello que conserva las preguntas necesarias para la vida". Ningún tema de este nuevo álbum, sin embargo, es de procedencia tradicional, todas las músicas y las letras son obra de Loreena McKennitt, a excepción de una pequeña tonada en "The mummers dance" y la letra de "The highwayman" (el salteador de caminos), extraída del poema de igual título del poeta inglés Alfred Noyes (el único que se cuela en el disco, siguiendo la estela de los Yeats, Blake, Colun, Tennyson o Shakespeare de anteriores trabajos). La dificultad de su adaptación le hizo contar con la producción puntual del mítico Dónal Lunny, si bien al final decidió mantener la homogeneidad y reconstruirla bajo su propia mirada (ella misma es la productora del trabajo, como es habitual), un auténtico acierto a tenor del resultado. La aventura comienza con un prólogo que parece mecerse sobre las aguas del Bósforo, que coloca el punto de partida del viaje en Oriente Medio, concretamente en Estambul, sobre las cenizas de la antigua Bizancio. Más adelante se detendrá con fuerza y descaro cerca de ahí, en el Cáucaso, por medio de una canción que parece viajar en caravana ("Night ride across the Caucasus") hacia la fantasía. Mientras tanto, hace su aparición primer sencillo, el conocido y radiado "The mummers dance", poderosa canción que sigue la estela y la carga dinámica de los éxitos iniciales de discos anteriores ("All souls night" y "The bonny swans"), y que hace referencia a la momería, grupos de actores disfrazados con máscaras -explica la autora- que caminan en procesión cantando canciones y portando ramas, en una celebración de la primavera y la fertilidad. Loreena añadió a su composición el estribillo de un tema momero tradicional, y la letra de una canción de Abingdon, en el condado inglés de Oxfordshire. Hilando su magia, se escogió como segundo single del trabajo una afortunada pieza instrumental de cadencia oriental, titulada "Marco Polo". El enigmático mercader veneciano y sus lejanos y excitantes viajes son objeto de la inspiración de Loreena en esta agradable y muy bailable fanfarria sin palabras, que contaba con un tema nuevo en su cdsingle, "God Rest Ye Merry, Gentlemen (Abdelli Version)", villancico inglés que ya había grabado Loreena en 1995 para su EP "A winter garden: Five songs for the season"; esta nueva versión, de buen tratamiento vocal sobre otra bailable melodía oriental algo predecible, parte de una adaptación del músico argelino Abderrahmane Abdelli, y será incluida, en 2008, en otro trabajo navideño de Loreena, "A midwinter night's dream". Con motivo de poder ilustrar mejor el viaje intercultural, el arpa, instrumento importante en la carrera de la pelirroja, suena menos en "The book of secrets", únicamente en el corte instrumental dedicado a Venecia, "La serenissima", una música antigua que parece hablar sobre el amor. Los dos cortes deudores de Venecia son, curiosamente, instrumentales, mientras que el florentino Dante dicta los versos de "Dante's prayer", la oración con la que culmina el trabajo eficazmente, sin grandes estridencias, que contó en 2001 con una versión en español, incluida en la caja de 4 CDs "The journey begins". Restan sin embargo dos enormes canciones por comentar, posiblemente las dos mejores del trabajo: "Skelling" es un gran momento bárdico, de enorme fuerza vocal e instrumental y una conexión espiritual con Irlanda. Mas ritmo tiene la magistral "The highwayman", adaptación del mencionado poema de Alfred Noyes, diez impolutos minutos donde la inconfundible voz de la McKennit se convierte en transmisora de emocionantes sueños en otro memorable ejemplo de eterno estribillo al estilo de "The lady of Shalott" o "The dark night of the soul". El acompañamiento musical es igual de espectacular, destacando sus alternancias a lo largo de la pegadiza pieza, rompiendo la monotonía y creando incluso distintas atmósferas. "The book of secrets" fue un nuevo éxito de ventas, alcanzando en España el puesto número 15 en las listas de ventas. 28 músicos participaron en esta mastodóntica grabación, realizada en los eficientes estudios Real World de Peter Gabriel (donde Loreena ya grabó "A winter garden" dos años atrás), lo que posibilitó la presencia de algunos músicos habituales de Gabriel como Manu Katché o David Rhodes, además de otros nombres más familiares como Brian Hughes, Caroline Lavelle, Nigel Eaton, Rick Lazar, Donald Quan o Hugh Marsh. 

Una gran gira sucedió a la aparición del disco, durante la cual se efectuó la grabación del álbum en directo "Live in París and Toronto", un trabajo doble que presentaba en el primer CD la interpretación en directo y en el mismo orden ("sentimos que el camino marcado en la grabación de estudio era también la mejor forma de interpretarlo en directo"), de "The book of secrets" y en el segundo, nueve de sus grandes éxitos. Era interesante comprobar la calidad de la adaptación en vivo de una música tan estudiada y pensada para tantos músicos, pero la calidad y versatilidad de la banda logró el mayor de los éxitos. Ya grabado el álbum, y antes de su comercialización, aconteció uno de hechos más trágicos en la vida de Loreena McKennitt, la muerte de su pareja, Ronald Rees, junto con su hermano Rick y un amigo, Greg Cook, en un accidente náutico en el lago Hurón. Como respuesta, y levantando la cabeza ante la adversidad, Loreena creo la Fundación Memorial Cook-Rees, dedicada a la educación sobre seguridad náutica, así como a apoyar infraestructuras para el rescate de los accidentados, y se utilizó el disco en directo como un modo para recaudar fondos (3 millones de dólares, concretamente), primero como una edición limitada de venta por correo, y posteriormente en las tiendas, con la distribución de Valley Entertainment, una vez finalizado el contrato con Warner. Demostrando su fortaleza y vitalidad, McKennitt ha continuado desplegado sus epopeyas musicales, cuadernos de bitácora del periplo celta, con varias incursiones en el acervo navideño y una vuelta a las raíces (The wind that shakes the barley", en 2010, volvía a contar con un repertorio mayoritariamente tradicional, como su primer trabajo, "Elemental") que no despeja las dudas sobre sus siguientes pasos, aunque nadie duda a estas alturas, de que estarán provistos de una calidad superior.

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9.5.15

STEPHAN MICUS:
"Ocean"

La de Stephan Micus es posiblemente la música mas pacífica que pudiera existir. Desde su primer viaje a oriente en la adolescencia, este alemán sintió algo que le hizo absorber la esencia primera de lo tradicional, de lo auténtico de cada rincón del mundo que visita: "A los 16 años quedé fascinado con oriente, su cultura, su música, su gastronomía, sus mujeres, sus gentes... todo. Lo más paradójico es que continúo sin saber realmente cual es la naturaleza de esa atracción". Su discografia, distinta, auténtica, profundamente sincera y espiritual, está plagada de obras minoritarias para el gran público y posiblemente legendarias para esa pequeña pero gracias a Dios existente minoría que sabe dejarse atrapar por la pureza de un sonido primigenio, conducido a un terreno particular, un estilo de vida en sí mismo, aventurero y en contínua búsqueda ("mi música tiene mucha influencia de las tradiciones, pero ese sólo es el origen del que arrancan mis composiciones. De conocer mínimamente las raíces de la música popular, no es difícil apreciar los matices de experimentación y vanguardia que aporto en cada cosa que hago"). Sus obras son la banda sonora de las grandes llanuras, los paisajes montañosos, la inmensidad oceánica o los hielos eternos, pero todo acentuado con un poso de humildad y devoción que hace su escucha más personal, casi como si acompañáramos al artista en sus viajes. Uno de los más acertados lo publicó ECM Records en 1986 y llevaba por título "Ocean".

La trayectoria artística de Stephan Micus comenzó realmente en Ibiza, donde vivía su padre, con unas grabaciones caseras que, tras su presentación en la emisora neoyorquina WBAI, le condujeron (con un paso previo por Virgin Records, en una época maravillosa en la que podían convivir en dicho sello Mike Oldfield con Tangerine Dream, Peter Gabriel o el propio Micus) hasta Manfred Eicher y su compañía ECM. Allí ha publicado no sólo su música sino que ha plasmado realmente su vida, una obra amplia y siempre interesante que abarca desde serenidades inmutables, personales, hasta gozosos pasajes rítmicos, casi siempre en una onda meditativa de carácter oracional. A tener en cuenta son los instrumentos utilizados en cada álbum, con los que Stephan desarrolla sus historias: "Elijo dos o tres instrumentos que en ese momento me gusta tocar e investigo, luego miro qué otros instrumentos pueden acompañar a los protagonistas. Siempre hay algún instrumento que en ese momento me interesa mucho y con el que tengo deseo de hacer música, entonces empiezo tocándolo, improvisando muchas veces y grabándolo todo hasta que encuentro unas frases que me parezcan interesantes. Después desarrollo estas frases que eran como semillas y trabajo sobre esas ideas". En "Ocean" el protagonismo pasaba por la voz, las cuerdas (hammered dulcimer -instrumento de cuerda percutida de la familia del salterio- y zither -cítara alemana-), los vientos (nay -antigua flauta de caña egipcia- y Shakuhachi -flauta de bambú japonesa-) y un órgano de boca procedente de China pero interpretado en Japón, de nombre sho, que Micus modificó para conseguir en esta grabación notas más graves ("su sonido es de un inmenso valor para mí", dijo). "Ocean" está dividido en cuatro partes simplemente numeradas, algo habitual en su autor: "Para mí los discos son una entidad, por eso siempre titulo a los temas parte primera, segunda..., lo veo como una historia (...), un movimiento entero de principio a fin, como un viaje". El comienzo es ya de por sí digno de elogios, "Ocean part I" es una soberbia combinación de melodía reiterativa percutida (salterio) y voz oracional con el importante elemento añadido del ney. Un tema magistral, un acertado canto con auténtico gancho, que atrae sin remedio hacia "Ocean part II"; sobre el fondo reverberante del sho emerge el susurro de la flauta shakuhachi, como un canto bajo la luz lunar, animado más adelante con las cuerdas de la cítara y del inefable dulcimer, que acaban tomando las riendas rítmicas de esta espléndida pieza de 20 minutos agradables e intensos, que acaban en una suerte de trance inmemorial. De nuevo aparece la magia del dulcimer, como un dulce oleaje en un océano más calmado y nocturno, el de "Ocean part III", navegando mansamente hacia un amanecer simbolizado por la gloriosa monotonía de la shakuhachi, que conforme avanza la composición va fundiendose con el ambiente en una comunión espiritual; muy del estilo de Micus, la repetitividad le confiere un cierto aura hipnótica. Un solo de sho culmina el trabajo, "Ocean part IV" es una pieza más atmosférica, menos mundana aunque ciertamente profunda, en un ambiente sacro, tan sagrado como la propia naturaleza que inspira álbumes como este, un trabajo sentido, trascendental por momentos, especialmente en su primer tramo, dos primeros paisajes acústicos de enorme magnitud, que posiblemente pretendían reflejar impresiones de inmensidad, de lo grandioso de la naturaleza más impenetrable, de ahí que la relajación del segundo corte sea tan tensa, imbuida de un cierto miedo a lo desconocido. No utiliza Stephan sonidos de agua, no precisa llenar minutaje con grabaciones facilonas, se limita a observar desde bien cerca, y a describir la belleza con su deslumbrante música.

Una historia dentro de la historia cuenta que la oficina de Manfred Eicher se encontraba a tan sólo 20 kilómetros de la casa del joven Stephan en Alemania. Tuvo que viajar a Oriente, a España, a Estados Unidos, y comenzar a publicar en una compañía británica, para acabar regresando a su lugar de origen, como un destino marcado. Su música refleja un estilo de vida y un tipo de conducta dictaminada por las leyes de la naturaleza y el contacto con los pueblos y las culturas mundiales ("si mi amor por la naturaleza se percibe en mi música, es que todo va bien"). Su encomiable capacidad de adaptación a dichas situaciones da lugar a una música plena de fuerza y conectada con la energía telúrica. Todo el mundo debería dejarse atrapar en alguna ocasión por plegarias como "Ocean part 1" y en general por cualquier creación de Stephan Micus, un compositor brillante, lamentablemente poco conocido (está muy lejos del star system, tanto por estilo como por voluntad propia, si bien su casi anonimato es una delicia para nosotros, pues así mantiene intacta su pureza y sus intenciones), que siempre transmite optimismo y cuya acogida crítica suele ser espectacular, aunque su fama sea tan limitada como la de la mayoría de los músicos que conviven en ECM Records.

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13.4.15

PAUL WINTER:
"Sun singer"

Es fácil perderse en la vasta discografia de Paul Winter, su intensa trayectoria ha dejado plasmados enormes momentos en el mundo del jazz (enamorado de la música brasileña en los 60), de las músicas del mundo (desde Sudamérica a Rusia) o de la new age, firmados con su nombre o compartiendo autoría bajo la denominación de Paul Winter Consort, conjunto por el que han desfilado nombres tan ilustres como David Darling, Paul McCandless, Glen Moore, Ralph Towner, Paul Halley o Eugene Friesen. Winter fundó en 1980 Living Music, su propia compañía de discos, como un modo de que sus propios trabajos (en especial después de convertirse en artista residente de la catedral St. John the Divine, donde tenía previsto, dada su impresionante acústica, grabar sus futuros proyectos) y los de sus colaboradores más directos vieran la luz sin los problemas habituales de las músicas instrumentales, con la confianza de quien sabe que su música va a ser comprendida y respetada. El nombre, aclaraba Paul, aludía a la intención primaria de crear un catálogo de música intemporal, que mantendría viva la música que veneraba, desde Bach hasta África, y desde el violonchelo hasta el aullido del lobo. "Callings" fue un hermoso primer lanzamiento, al que siguieron, bajo el nombre de Paul Winter sin el añadido 'consort', "Missa Gaia" y "Sun singer", una tercera referencia publicada en 1983, inspirada ni por animales en peligro de extinción, ni por esplendorosos paisajes, sino por una estatua de bronce.

Obra del escultor sueco Carl Milles, 'Sun singer', la enorme estatua masculina que sirvió de motivo principal, título y portada de este trabajo, lo fue realmente por su 'abrazo al sol', como una celebración de la existencia e influencia vital del astro rey. También la canción principal del álbum portaba ese título: "Esta es mi canción de homenaje al sol. Se inspira en una impresionante estatua de bronce de 16 metros llamada 'El cantor del sol', que se encuentra en el puerto de Estocolmo, un guerrero vestido sólo con su casco de acero, de pie con los brazos estirados hacia el sol, después de haber abandonado sus armas y abrazado la paz. Es una obra del escultor sueco Carl Milles, que a su vez se inspiró en el poema "Canto al sol" del también sueco Isaías Tegner". Efectivamente, "Sun singer" es el corte que abre ("Sun singer theme", un pequeño anticipo de corta duración) y cierra el plástico, plasmando maravillosamente en música la energía de esa estrella mediana a la que debemos la vida sobre la Tierra. Como grandísimo clásico del dúo de compositores Halley-Winter, se trata de una altiva composición que no sólo agrada al oido sino que ademas anima el espíritu. Es necesario degustar con atención su generosa alegría, la altiva gracia de un continuo clímax practicamente oracional, o lo cuidado de su instrumentación, desde el saxo, fabuloso y dominante, a una tímida pero deslumbrante percusión, pasando por el hilo conductor del piano, todo ello en una duración adecuada que, como tema culminante del trabajo, hace rendirse ante el grupo con un cierto sentimiento de asombro y un deseo inherente de nuevos trabajos que realcen lo escuchado. "Hymn to the sun" es un despertar susurrante, una entrada furtiva al universo ecologista de este maestro de los instrumentos de viento, y su adormecida delicadeza (basada en una melodía de Bach) continúa en "Dolphin morning" (donde con la ayuda de una eficaz y suave percusión, órgano y saxo se conjuran en un nuevo amanecer, fundido con sones eclesiásticos y sonidos de delfines nariz de botella) y "Reflections in a summer pond" (con un tono clásico que desata el lado romántico de piano y saxo), antes de la llegada de los cortes más agradecidos del álbum, y verdadero acierto del mismo. Efectivamente, no es hasta la mitad del disco cuando este empieza a convertirse en indispensable, con la aparición de canciones carismaticas como "Dancing particles" o "Winter's dream", además del mencionado broche final, el tema principal con el que se cierra el telón de esta encantadora obra. La animada "Dancing particles", tremendamente disfrutable también en directo por su energía y sensualidad con esencia de bossa nova, es una gran creación conjunta del terceto protagonista de esta música difícil de definir por su fusión de jazz, folclore y elementos tanto tropicales como eclesiásticos. Seguidamente llega la magistral "Winter's dream", tal vez el corte más recordado del álbum, otra pieza monstruosa, donde se deja notar más Paul Winter por su contenido ligero de saxo melancólico (si bien se trata de una composición exclusiva de Paul Halley), despertando a la naturaleza; el invierno posiblemente sueña con una mañana plácida y soleada, y esas impresiones cobran vida en esta monumental oda a todo tipo de vida. A partir de ahí, "Heaven within" es un pequeño himno más perezoso y relajante, un ambiente ideal para documental de fauna salvaje (la misma a la que adora Paul winter, cuyos padres trabajaron en un circo) y "Big Ben's bolero" se deja llevar por una percusión y piano mas animados. La producción del álbum corrió a cargo del propio Paul Winter y en cuanto a la interpretación, Winter se encargó del saxo soprano Selmer, Paul Halley de los teclados (piano, clavicordio, órgano -el Aeolian Skinner de la catedral-) y Glen Vélez de las percusiones (pandereta, bendir -tambor marroquí usado por beduinos, que como se advierte en el libreto, produce un zumbido característico que no es causado por el propio disco o los auriculares-). Además, Eric Herz toca también el clavicordio en "Dancing particles".

El poder de Radio 3 y otros pocos reductos de las 'otras músicas', lograron que un nombre hasta entonces ignorado como el de Paul Winter fuera conocido por miles de oyentes entusiastas que acogieron de una manera fabulosa su jazz ecológico de raíz melódica, tanto en disco como en directo, unas giras que llegaron tan exitosamente a nuestro país en los 90 que incluso fueron el germen de un premio Grammy. Una década antes, y enclavado posiblemente en uno de sus mejores momentos, "Sun singer" era un trabajo altamente disfrutable en su alegría sensiblera (tal vez parte de su sensibilidad provenga del maestro espiritual Swami Satchidananda, al que Paul agradece 'la luz de sus enseñanzas'), pero de argumentos sólidos y muy consolidados, que ganó el premio de la NAIRD (National Association of Independent Record Distributors) al mejor álbum jazz del año 1983. En la contraportada de la primera edición del vinilo, una frase del poeta y filófoso estadounidense Henry David Thoreau: “Para aquel cuyo pensamiento elástico y vigoroso marcha a la par del sol, el día es una mañana perpetua. No importan los relojes o cuáles sean las actitudes y ocupaciones de los hombres, la mañana es cuando yo estoy despierto y hay en mí un amanecer".

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20.3.15

HEDNINGARNA:
"Kaksi!"

Björn Tollin, Hållbus Totte-Matsson y Anders Stake son los tres miembros fundadores de Hedningarna, un grupo original y necesario en el folclore de las últimas décadas por su rabia y creatividad, por la cual a la vez bucean en la tradición y huyen de la imagen desfasada de la misma. Precisamente gran parte de su éxito radica en haber creado de la nada un sonido que por un lado lo mismo puede ser venerado por los que buscan la esencia de lo tradicional como por los que adoran la innovación, y por otro también puede encontrar un numeroso público no sólo entre los seguidores de las músicas del mundo sino entre rockeros o buscadores de nuevas tendencias. Desde su país natal, Suecia, quisieron viajar a sus raíces rescatando del olvido instrumentos que la iglesia consideraba demoníacos, como el violín (de esta manera se entiende la traducción del nombre del grupo, los 'paganos'), teniendo que volver a construir algunos a partir de su aspecto en cuadros y documentos antiguos (Stake era el luthier de la banda), incluso inventando otros y electrificando muchos de ellos para conseguir un sonido más potente y transgresor: "La verdad es que llevamos instrumentos inusuales, en algunos casos nos tenemos que inventar la técnica para hacerlos sonar, ya que habían desaparecido hace años, pero ese es nuestro sonido". Alice Records publicó en 1989 su primer trabajo, "Hedningarna", un debut prometedor aunque algo inocente que, de manera unicamente instrumental y muy tradicional, anticipaba un sonido rudo, fusión de folclore escandinavo, espíritu medieval y aires rockeros. Tuvieron que pasar tres años para que el puzzle se completara con la pieza definitiva, las voces de dos finlandesas, Sanna Kurki-Suonio y Tellu Paulasto, en un estilo de canto báltico, adaptando textos de la más honda tradición de la región de Karelia, dividida entre Finlandia y Rusia. De ahí surgió "Kaksi!", que significa 'Dos' en finlandés, una apuesta segura del sello Silence en 1992, distribuido por Xource Records en 1993 y editado por fin en España en 1996 por Resistencia Ediciones.

En ambos discos habían recurrido al poema épico finlandés conocido como Kalevala: "El Kalevala es un texto muy poderoso, una larga saga de poemas de carácter un tanto épico que recoge narraciones de la tradición finesa. No es fácil comprender sus textos, pero sus narraciones están llenas de fuerza". Para profundizar más, hay que detenerse en las traducciones de los textos que Resistencia incluyó en su edición del disco, por ejemplo canciones tituladas "Me fui con el borrachín" ('Muchas veces el pillo borracho / y más todavía el loco bribón / levanta la mano para golpearte / te agarra y te tira de las trenzas y del pelo'), "Comesapos" ('A los hombres les gusta casarse / y acostarse enseguida con su novia / traer a casa una chica guapa / buscarse una esposa gruñona') o "La horca de la vergüenza" ('Ese hombre vino otra vez a pedirme / a una danza alocada le dejé guiarme / Quería saber mirando mis ojos grises y oscuros / si bailaba con una puta o con una dama'). En general, una energía desbordante impregna un trabajo en el que todos los cortes menos uno se deben en toda o gran parte a la tradición, teniendo en cuenta que el acervo escandinavo es muy del gusto de valses, mazurcas y polkas ("la polska es un baile muy antiguo, de ritmo muy vivo. Procede de Suecia, del año 1600 o 1700. Es una danza de homenaje que se baila por parejas, con dos parejas que van girando"). Esta tendencia puede sorprender en su inicio ("Juopolle Joutunut", un comienzo inquietante que define completamente el tipo de sonido que nos vamos a encontrar) y acaba convenciendo totalmente en su desarrollo, a través del cual parecemos perdidos en una Escandinavia medieval, tanto inmersos en las filas de un cruento ejército (ecos guerreros en "Viktorin" o "Ful-valsen") como disfrutando de un opíparo banquete de bodas. Sones festivos inundan canciones como la antes mencionada "Juopolle Joutunut", "Vottikaalina" -típica tonada finlandesa, muy destacada en el álbum, que tuvo incluso su propio videoclip- o "Kaivonkansi", esta última con las voces de los componentes masculinos, y es que "Kaksi!" presentaba la mencionada novedad, clave para su éxito, de las dos vocalistas, pero ellos también se atrevían a cantar, como en uno de los temas principales complementando a las chicas, "Kruspolska", un perfecto sencillo de fondos hipnóticos, de corte tradicional pero maravillosamente desarrollado de una manera más orientada al publico actual. Son ellas sin embargo las que destacan y marcan la pauta en "Aivoton", "Skamgreppet", "Grodan / Widergrenen" o "Kanalaulu" (tema extra de la edición estadounidense de 1998). De los instrumentos 'reconstruidos' parecen surgir sonidos del propio averno, así como esas tonadas festivas y otras composiciones de 'rave' medieval, en una gran evolución sonora en la que seis de los cortes son enteramente instrumentales: "Chicago" (único no tradicional, obra de Anders Stake) y "Pal karl" de manera más tranquila, "Viktorin" y la memorable "Ful-valsen" ('El vals del feo') con un plus de fuerza, y ya al final del trabajo, "Omas Ludvig" y "Kings Selma", con un posible mayor parecido a ritmos celtas. Anders Stake interpreta violines, moraharpa (arpa con teclas), moraharpa bajo, gaita sueca, cuerno de cabra, arpa de arco, varias flautas, guimbarda, guitarra y sintetizador, Björn Tollin laúd, panderos, tambor de cuerdas, otras percusiones, muestreos, programaciones y arpa con teclas, y Hållbus Totte Mattsson se encarga del dulcimer, tambor de cuerdas, violín eléctrico, varios laúdes (tiorba, oud) y el hurdy gurdy (se podría traducir como organillo). Sanna Kurki-Suonio interpreta además el siempre interesante kantele. La condición de canciones importantes que recayó sobre "Kruspolska" y "Vottikaalina" se evidenció en la publicación en 1994 por parte de China Records de un CDmaxi titulado "Kruspolska (Sasha Mixes)", donde el DJ británico Sasha remezclaba el primero de ellos para aumentar su popularidad en Inglaterra, complementándose el lanzamiento con las versiones sencillas de ambos cortes. Si este disco es tan animado y pasional para un oyente mediterráneo, puede uno imaginarse cómo exaltaría los ánimos en un orondo, rubio y noble nórdico. No es de extrañar su éxito de público (35.000 álbumes vendidos) y de crítica, ganando el equivalente al premio grammy en Suecia en 1993 como el mejor disco folk del año.

El periodista Lars Nylin no podría estar más acertado en su comentario incluido en el folleto del álbum: "Cuando se intenta hacer 'moderna' la música popular, muchos consideran que basta con conectar los instrumentos a amplificadores eléctricos y poner los controles de volumen en el once, en una escala de uno a diez. Pero el resultado casi siempre ha sido que unos se tapan a otros sin dar a los componentes del grupo libertad para actuar y destacar individualmente. Hedningarna no cometen esa equivocación (...) Gaita sueca, laúdes y timbales conservan la magia de su sonido acústico, pero al mismo tiempo se apoyan en una alfombra de tonalidades menores formada por sugerentes notas graves que se entretejen con ayuda de bucles de secuenciador y muestreadores (...)". Hedningarna no se quedan en una simple recreación de tonadas antiguas sino que aportan una exuberante teatralidad, vistiéndolas de ganas, de intensidad, de drama. Kaksi!" exhibe rotundamente, desde su propia portada, esa enorme personalidad escandinava, llegando a límites casi escandalosos en su uso de voces y ritmos atávicos que parecen surgir de rituales paganos (remitiendo al nombre y principal intención del grupo), unas intenciones que se verán incluso incrementadas dos años después en su siguiente trabajo, el fenomenal y aún más contundente "Trä".

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28.2.15

TIM STORY:
"Abridged"

Dijo Tim Story en cierta ocasión que, en lugar de escribir diez canciones al día, hay que tratar de hacer sólo una canción fabulosa al mes. Es la declaración de intenciones de un artista especial que tuvo que luchar para sacar adelante su música, un placentero concepto neoimpresionista de atmósfera electrónica y ambiental. Y escuchándola, sorprende la reticencia de las compañías cuando en 1980 distribuyó seis casetes con varias demos de sus trabajos: su sonido es limpio, preciosista, los ambientes relajan pero las melodías pueden ser estimulantes, y la combinación de ambos presenta una vaporosidad perfectamente tangible. Nacido en Philadelphia en 1957, Tim tuvo que irse bien lejos para encontrar definitivamente interés, ya que tras un pequeño intento del sello francés ATEM, por entonces en proceso de desaparición, fue la compañía noruega Uniton Records la que acabó publicando sus primeros álbumes, con ventas pobres pero buenas críticas de esa música que él mismo consideraba como 'excéntrica'. Cinco de ellos son los que Tim considera como sus comienzos musicales, "Threads", "In another country", "Untitled", "Three feet from the moon" y "Wheat and rust", publicados entre 1981 y 1987 (reeditados en CD en los 90), cuyas mejores piezas fueron recopiladas con enorme fortuna por Hearts of Space en 1996 bajo el título de "Abridged (Selected miniatures 1978-1986)".

Tim Story es autodidacta, sus únicas lecciones duraron 6 semanas cuando tenía 8 años, y eran de guitarra acústica. Luego tocaría clarinete en la banda de la escuela, pero tardaría años en retomar sus inquietudes musicales y plasmarlas en composiciones propias, con la ayuda de un sintetizador Yamaha CS-30 (posteriormente adquiriría un Moog) y una grabadora TEAC de cuatro pistas, en su propio estudio casero, pasando enseguida a un 24 pistas con un emulador digital. El resultado no tardaría en calificarse como new age, un tipo de música sobre el que el teclista comentaba: "El movimiento new age en California y otras zonas me parece poco creativo y creo que intentan desestabilizar lo bello, desafiando a la música. Por ello he apreciado que hay músicos que se están esforzando por encontrar una nueva 'voz', un nuevo estilo para los sintesistas, que hacen cosas interesantes y buenas composiciones". Sus inquietudes eran múltiples, iban desde Messiaen o Stravinsky hasta Brian Eno o la Penguin Cafe Orchestra, pasando por los minimalistas americanos (Reich, Adams), la música electrónica europea (Kraftwerk, Tangerine Dream, Klaus Schulze), el jazz (Miles Davis, Mahavishnu Orchestra) o el rock sinfónico (Cluster, Can o Roedelius), si bien su sonido siempre se ha asociado más claramente con músicos impresionistas como Erik Satie o Claude Debussy: "Me gusta trabajar con una paleta limitada de sonidos (...) Simplicidad sin simpleza, al igual que las piezas irónicas, aparentemente sin adornos, de Erik Satie, o la encantadora pero difícil música de piano de Debussy. El trabajo de ambos parece tan fácil y perfecto que las piezas parecen como si hubieran existido siempre". "Abridged", que es una clara muestra de esa simplicidad, se inicia con "Still life with lions", genuina melodía de cuento donde las notas cortas son repetitivas y las largas evocan un elegante efecto fantasmal. También puede suceder al revés, como en "A promise and a plea", donde el fondo es de notas de piano, y la soñadora tonada simula un viento (su música será más completa cuando utilice vientos auténticos), en una atmósfera dulzona a lo Shadowfax, en los mismos años en que triunfaban Chuck Greenberg y su famoso lyricon. En un inicio espectacular del recopilatorio, "Sand a string" es una acompasada delicia juguetona, divertida, en un estilo muy del autor, como un Satie electrónico, mientras que "Chanarambie" puede llegar a parecer el tema principal de alguna película romántica, por su placentero carácter evocador. Para el que hubiera llegado hasta este disco de refilón, empezaba a quedar evidente la calidad del autor, que también se mueve por terrenos planeadores ("Careen", un entorno onírico, relajado pero de cierta intensidad, a lo Ray Lynch) o puramente ambientales ("A thousand whispers", "The moors" -ambiente melódico de caja de música, pero algo más cacofónica-). Story prefiere no imponer su música a unas imágenes, que el oyente evoque su propia gama de paisajes o recuerdos ("en el cine, el contenido es el rey", dice), y lo consigue de una manera excepcional, especialmente en las primeras composiciones antes mencionadas, pero también en la sorprendente segunda parte del álbum: en "Three feet from the moon" hay una cierta rotundidad en la respuesta a una plácida entradilla, que le da a este corte un carácter aguerrido, como en la espontánea belleza sintética de "Here lies de water", si bien se acaba imponiendo la relajación de teclados limpios ("Snake's eyes" -serena, como una nana, adelantándose al estilo de "Music for airports" de Brian Eno-, "On the green cays" -melodía refinada con la interacción de teclas luminosas-, "In this small spot" -otro corte melodioso, de enorme gracilidad y un aura de gran optimismo- o "The secret rythm" -basado en una continua repetición secuencial algo marcial, como un pequeño himno, con un extraño añadido étnico de un sampler de flauta muy parecido al que años más tarde popularizará Enigma-). Varios temas menores completan los 18 aquí reunidos, acabando con una corta melodía de piano titulada "Drawn by hand", que supone el único corte inédito de la recopilación, constituida según se explica en el libreto por 'piezas de carácter privado, que constituyen un catálogo de emociones'.

Lejana, dispersa y descatalogada, la obra primeriza de Tim Story es totalmente disfrutable gracias a "Abridged", un reflejo sublime de la esencia primigenia de este delicioso músico. Atmósferas intangibles y extremadamente afortunadas pueblan este recopilatorio esencial, el agradable conjunto de canciones aquí recogido -sin grandes alardes ni composiciones que hayan pasado a la historia- invita a seguir investigando en la discografía de este teclista de Filadelfia afincado en Ohio que no tiene ningún parentesco (aunque coincidan en su apellido, en su período de gloria y en que ambos utilizan los teclados como medio de expresión musical), con la pianista Liz story, más orientada al jazz. Tras este sublime despertar de un artista delicado y celestial, Windham Hill fichó a Tim para dos trabajos ("Glass green" y "The legend of Sleepy Hollow", nominado al Grammy) y reeditó "Untitled". A partir de ahí paso a formar parte de la nómina de Hearts of Space (que publicó este "Abridged" en 1996) hasta 2001, si bien siguió colaborando activamente en todo tipo de samplers de Windham Hill. Precisamente "Collected" es otro recopilatorio que recogerá en 2010 gran parte de estas obras para esos deliciosos samplers que estaban integrados por composiciones realizadas para la ocasión por los artistas de la compañía para temáticas específicas como la Navidad (las numerosas entregas de "A winter's solstice"), los compositores clásicos (impresionistas, románticos, Bach, etc...) o los ángeles (la hermosísima banda sonora de "In search of angels"). En "Abridged" sin embargo se podía paladear, en sus palabras, lo ambiguo y sombrío de su música (que no tuvo tanta cabida en "Collected" por la búsqueda de la melodía y necesidad de facilidad de escucha del sello de Palo Alto), lo vaporoso de unas composiciones calificadas con mucho acierto por la crítica como 'música de cámara electrónica'.

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TIM STORY & VARIOS ARTISTAS: "In search of angels"



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23.1.15

DAVY SPILLANE:
"Atlantic bridge"

La música celta vivió un momento de enorme auge en los 80 y los 90, y parte de la culpa la tuvo el particular y contundente sonido de un instrumento tan típicamente irlandés como la uilleann pipe o gaita de fuelle, uno de esos artefactos musicales tan auténticos y emocionantes en su sonido que no es de extrañar la complicación que conlleva su aprendizaje. Para Carlos Núñez "la gaita gallega es la tierra, la highland pipe escocesa el fuego y la uilleann pipe el agua", un pensamiento muy particular, pero es cierta la extraordinaria fluidez de las notas que surgen de este aparato tan bello y fructífero. Uno de los mejores intérpretes de los últimos tiempos es Davy Spillane, un dublinés nacido en 1959 que aparte de su trayectoria en solitario y de su paso por la mítica banda Moving Hearts, ha sido un invitado habitual en discos de artistas conocidos internacionalmente como Enya, Mike Oldfield, Paul Winter, Kate Bush, Van Morrison, Brian Adams, Elvis Costello o Chris Rea, sin olvidar su colaboración en el colosal show de Bill Whelan "Riverdance".

Spillane fue reclutado en 1981 para la fundación de Moving Hearts por dos figuras tan importantes en la música irlandesa como Christy Moore y Donal Lunny, ex miembros de Planxty. Moving Hearts se consagraron como un grupo de potente sonido en el que confluían la música irlandesa más tradicional y el rock, con toques de pop, jazz o country. Sus aires taberneros, no sin ideas reivindicativas, calaron en un buen número de público, a pesar de la ausencia de hits que pudieran hacer de ellos un grupo más recordado fuera de Irlanda. De este modo, la banda se disolvió pocos años después, tras un álbum instrumental muy folclórico titulado "The storm". Davy firmó entonces un contrato con la discográfica Tara Records, y comenzó su trayectoria en solitario en 1987 con "Atlantic bridge", cuyo título dificilmente podría estar mejor elegido, ya que Spillane tiende un auténtico puente entre los dos lados del Océano Atlántico, en una imaginativa fusión acústica de instrumentos y culturas, cuya fuente fueron unas sesiones improvisadas en las que Davy reunió su repertorio irlandés con bluegrass y country. De hecho, el bluegrass tiene sus raíces en la tradición de la Islas Británicas, así como, en última instancia, el country (antes de su combinación con blues y gospel). Como músicos invitados del otro lado del charco, el neoyorquino Béla Fleck aporta la sonoridad metálica pero a su vez cálida del banjo, y Jerry Douglas interpreta el dobro (guitarra resonadora, una acústica con un gran círculo metálico enmedio, muy característica del blues y del country). La mayoría de los demás músicos coincidieron con Davy en algún momento de Moving Hearts: Christy Moore (bodhran), Eoghan O'Neill (bajo, guitarras), Greg Boland (guitarras) y Noel Eccles (percusión). Además, colaboran John Donnelly (batería) y Albert Lee (guitarras), todos ellos irlandeses menos este último, nacido en Inglaterra. Spillane toca uilleann pipe, low whistle (pequeña flauta de pico) y hammer dulcimer (o salterio). "Atlantic bridge" comienza con "Davy's reels" (reels bien encauzados y resueltos), momentos rápidos como "Tribute to Johnny Doran" (tradicional, un tributo a ese mítico gaitero irlandés de la primera mitad del siglo XX que, como no podía ser menos, supone toda una lección de uilleann pipe, que suena en solitario y llena por completo la enérgica pieza), "O'Neills's statement" (una marcha llevadera, festiva, de Eoghan O'Neill, que culmina con un arrebato de poder, un frenesí de sonido Nashville por medio de la highstring guitar del autor del tema, que ya destacaba en los reels de inicio confundiéndola por momentos con el banjo) o "The pigeon on the gate". No hay que olvidarse de "Atlantic bridge" (magistral melodía de gaita con momentos descontrolados, donde sí que suenan banjo y dobro, en la periferia de la tradición), obra de un Spillane que como compositor -y a la espera de su más grande creación, que llegará en su álbum "Pipedreams"-, desborda esencialmente en las piezas más delicadas y soñadoras, mostrándose como un músico tan sensible como parco en efectismos innecesarios: "By the river of gems" es un corte emotivo y evocador basado esencialmente en la gaita, de autoría compartida con O'Neill y P.J. Curtis; más interesante sin embargo es el aire lento "Daire's dream", maravilloso, evanescente, tal vez el mejor tema del álbum, una atmósfera dulzona que llena el espacio y a la que sigue un delicadisimo y sensual dobro. Esa emocional comunión del dobro y el banjo con gaitas y flautas afianza la esencia misma buscada en el proyecto, plasmada por Béla Fleck en un título rápido y efectivo, "Sliverish", refrescante y divertido diálogo de esencia hillbilly que constituye otro de los momentos más interesantes del álbum y una demostración, la de que elementos tan distantes como estos pueden compenetrarse perfectamente sin prejuicios desarrollando un enorme nivel. También de dirección contraria, corte esencialmente americano aunque compuesto e interpretado en esta ocasión por británicos, es "Lansdowne blues". Por último, la curiosa inclusión de una canción de Lennon y McCartney, la tierna "In my life", protagonizada por la flauta. Fuera de créditos, doce anecdóticos segundos de guitarra a cargo de Spillane ("Davy's surprise guitar").

Dicen que no hay dos gaitas que suenen igual, y de esa forma no hay dos gaiteros iguales. Liam O'Flynn cuenta con el beneplácito de la edad para poder considerarse el abanderado de la gaita irlandesa, pero Davy Spillane es sin duda un intérprete magistral, en cuyas manos dicho instrumento cobra vida. "Atlantic bridge" alcanzó grandes cotas de calidad, elegancia y una fusión de culturas que supuso el punto culminante para que el trabajo gozara de un plus de fuerza y repercusión, tanto fue así que Spillane formó una banda para recorrer el Reino Unido, grabando una sesión para la BBC Radio One, publicada en 1988 bajo el título de "Out of the air", con temas de "Atlantic bridge", de Moving Hearts y varias novedades. Se agradece la inventiva de Spillane en un mundo dominado generalmente por una tradición que a veces llega a cansar. El prestigioso productor de "Atlantic bridge" y verdadero instigador de este proyecto, P.J. Curtis, lo definía así: "La música es como un río sin fin de energía, buscando continuamente fluir hacia nuevas direcciones, nuevos caminos, buscando nuevos medios de expresión", y para finalizar, avisaba al oyente, "escuche y disfrute".

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30.12.14

VARIOS ARTISTAS:
"Adagios del siglo XX1"

El incomparable skyline de Manhattan es la imagen que nos aborda para ilustrar "Adagios del siglo XX1", una recopilación con acento español, pero publicada por la compañía norteamericana -neoyorquina, de hecho- Elektra Nonesuch. La fotografía, obra de Paca Arceo tratada por ordenador que rememora décadas pasadas -y no sólo por incluir las torres gemelas-, refleja lo que vamos a encontrarnos en el suculento interior: esta interesantísima compilación nos introduce de lleno en una exitosa generación de músicos contemporáneos norteamericanos (salvo Piazzolla y Górecki) que despuntaron en varios momentos del siglo XX, tal vez no tan popular y nacionalista como la del salto del XIX al XX, pero con parecida esencia romántica y emocional a pesar del cambio de formas (dados los avances tecnológicos incorporados al arte musical). Era el minimalismo la propuesta más incorporada en el disco que nos ocupa, por mor de la fama y predicamento de algunos de los nombres implicados, y aunque temporalmente algunas de las creaciones del mismo databan de décadas atrás, supieron encontrar su hueco en las conciencias del cambio de siglo junto a las obras de otros músicos que en esos momentos destacaban en las listas de éxitos, no sólo de la música contemporánea sino de la clásica en general o del enorme saco de las nuevas músicas.

El siglo XX, conflictivo, revolucionario, dejaba paso a una nueva centuria prometedora, ilusionante, pero este disco se publicó realmente varios años antes de ese relevo, concretamente en 1997, por lo que los músicos adscritos lo son por visionarios, por buscadores de una belleza que más que recordar el pasado intentan ilusionar con el futuro, basándose en composiciones lentas y altivas como son por definición los adagios (se considera adagio a una pieza musical cuyo tempo es lento). Y en cuanto a 'buscar la belleza', quién mejor que Ramón Trecet para prologar el disco, destacando en su escrito ese carácter actual, comprometido y luminoso ('del infierno del polvo al imperio de la luz') de los artistas que pueblan el CD. Lo inaugura Philip Glass, que proporciona tres temas al conjunto: "Living waters" (creación magistral, de una impenetrable incertidumbre y aires de funeral -fluida como una incesante marea, escribe Angel Romero en el libreto-, perteneciente al álbum "Anima mundi" y recuperada sabiamente para la película "The Truman show" dos años después de esta compilación), "1957 - Award montage" (claro ejemplo de compases glassianos, pertenecientes en esta ocasión al film "Mishima" -interpretados por el Kronos Quartet para su disco "Kronos quartet performs Philip Glass"-, en el que Philip contribuyó notablemente a crear su intensa atmósfera onírica y dramática) y "The unutterable" (otro adagio fílmico de una banda sonora tan imprescindible como la de "Powaqqatsi"). No es el único que aporta su visión profundamente minimalista, pues de Steve Reich suena "Movement II" de su trabajo "Tehillim - Three movements for Orchestra", una pieza intrigante y con interesante percusión en el cenit de la misma, si bien escasa duración para llegar a expresar algo más importante en el devenir de una compilación marcada especialmente por la enormidad de Barber o Górecki y lo accesible de Glass. Mientras tanto, un tercer minimalista americano en discordia, aunque algo más apartado del término, es John Adams, y en su composición "Tromba lontana" -del logrado álbum "The chairman dances"-, podemos entrever ecos de Charles Ives y una especie de nueva 'pregunta sin respuesta' en la música americana, hermosa y atípica, que parece conectar con otra realidad, lejana e imperturbable; su segunda incorporación al álbum es "Disappointment lake", pieza extraña en el de Massachussets, esencialmente por la guitarra, también por su disfrutable carga ambiental y una desconcertante experimentalidad para lo que el recopilatorio promete, es decir, adagios. Aun así, resulta profunda e interesante en su irreverencia. También el folclore tiene cabida en el disco, por medio de dos artistas de excepción, el argentino Astor Piazzolla ("Oblivion" es un lamento teatral de esencia tanguera, un homenaje al bandoneonista por parte de un cuarteto comandado por Gidon Kremer, que grabaron el CD "Hommage а Piazzolla") y el paisano de Philip Glass (nacidos ambos en Baltimore) Bill Frisell, del cual destaca el corte "Egg radio" (balada con aires tropicales y final abrupto y desconcertante) algo más que esa suave mezcla de estilos titulada "Beautiful E.". El mundo del jazz viene representado, además de por la fusión del mencionado Frisell, por el clarinetista Don Byron, neoyorquino como Reich (la Costa Este domina totalmente la parte estadounidense del álbum), del cual se puede escuchar la versión que para su trabajo "Bug music" realizó del pequeño tema "Charley's prelude" de Louis C. Singer, una buena recreación, bailable y disfrutable (en absoluto un adagio, por lo que su inclusión es bastante forzada, aparte de su remota procedencia temporal), de una época lejana y descolorida, pero animada y glamourosa, como lo fueron los años 30 y 40 en New Orleans. Dentro de este conjunto variado y de sobrada excelencia, posiblemente queda lo mejor por comentar, y es que entre la celebridad de ciertos adagios de Albinoni, Beethoven, Rodrigo o Ravel, se encuentran también el "Adagio" de Samuel Barber y, algún peldaño por debajo en popularidad pero muy bien posicionado en cuanto a crítica y ventas, la "Tercera sinfonía" de Henrik Górecki. Sin palabras deja prácticamente el primero de ellos, la pieza de Barber fluye gratamente (no en vano se dice que está inspirada en la descripción que de un río hace Virgilio en su poema 'Las Geórgicas'), proponiendo por igual alegrías y tristezas, y cuando ya ha dado todo de sí, que es mucho, se esfuma tan silenciosamente como llegó, dejando un severo sentimiento de levedad en el oyente. Sin duda una obra inmortal por méritos y la extraordinaria inspiración del músico de Pensilvania fallecido en 1981. Generalmente se llamaba adagio al segundo o tercer movimiento de una sinfonía o concierto, así que la elección del segundo movimiento ('Lento e largo - Tranquillissimo') de la "Symphony No.3" del compositor polaco Henryk Górecki es tan coherente para cerrar el disco como conmovedora es su escucha. La agonía que quedó impregnada en los campos de concentración sirvió para que Górecki creara su célebre 'Sinfonía de las lamentaciones', una partitura tiznada de eterna emoción que, en la versión de Elektra cantada por Dawn Upshaw, le aupó a las primeras posiciones de las listas de ventas no sólo clásicas sino generales, cifras de cinco dígitos dificiles de alcanzar en la música clásica, y más para un compositor cuyo nombre no sólo no era conocido sino difícil de pronunciar y de escribir.

Lleva activa muchos años con algunos saltos estilísticos, pero fue en la década de los 90 cuando Elektra Nonesuch, con un ojo en la música de los Estados Unidos y otro en la estética de la europea ECM, adquirió las características por las que será recordada, especialmente gracias al minimalismo americano. El gran público puede disfrutar desde entonces de grabaciones de calidad de los músicos arriba descritos y de otros como John Zorn, Morton Feldman o Robert Ashley. De impecable factura e innegable acierto, "Adagios del siglo XX1" era una compilación de postín, debemos sentirnos orgullosos al decir que se trataba de una edición exclusiva de nuestro país, ideada por Angel Romero y Pilar García, y publicada con el beneplácito de Elektra Nonesuch y concretamente de David Bither -su vicepresidente en aquel momento-. En un estilo parecido de música contemporánea de calidad, es necesario recomendar encarecidamente la escucha de otras dos compilaciones de la época: "Music at the edge (The ultimate new music collection)" (BMG, 1995), en la que se podía escuchar entre otros a Tavener, Pärt, Messiaen, Glass o el mismo corte antes mencionado de Górecki, y "Renaissance of the humanity" (Catalyst, 1996), con composiciones de Arvo Pärt, Jan Jirasek o Hildegard von Bingen.


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6.12.14

RYAN TEAGUE:
"Field drawings"

Situada en el sudoeste de Inglaterra, Bristol es una populosa ciudad portuaria que, en cuestiones musicales, se hizo famosa en los 90 por el trip-hop de Massive Attack, Tricky o Portishead, el mundialmente conocido como 'sonido Bristol'. Poca relación guarda Ryan Teague con esta música que ha llevado el nombre de su ciudad de residencia a todo el mundo, si bien posee también características avanzadas y sugerentes. El nacimiento de este artista tuvo lugar en 1980 a más de 200 kilómetros, en Cambridge, y aunque desde allí pudo vivir la explosión de aquellos ritmos urbanos, él se concentró en la utilización clásica de unas influencias parecidas, vibrantes, que acabaron encontrando acomodo dentro del moderno minimalismo. Tras sus inicios en Type Recordings (donde publicó el imprescindible "Coins & Crosses") y la selecta discográfica berlinesa Sonic Pieces, el sello encargado de publicar el excelente "Field drawings" en 2012 fue Village Green, compañía independiente londinense que se autodefine como una plataforma para artistas de pop alternativo, 'modern classical', minimalismo, música electroacústica y ambient.
 
Difícil de catalogar, absorbente en su escucha, la música de Ryan Teague encandila por momentos, presa de una incontrolable avalancha de ideas, tanto acústicas como electrónicas. Bien encauzada esa combinación, provoca trabajos como este, de sugerente magnetismo. "Shadow play" es un comienzo hermoso y exuberante, una pieza que parece estar viva, en la cual es asombroso sentir su elegante desarrollo y disfrutar con la elección de efectos e instrumentación. En "Cadastral survey" entran a escena las cuerdas, poseedoras siempre de una cierta magia en una pieza que se hace corta, pues parece tener más cosas que decir, más posibilidades de desarrollo. Como una caricia furtiva, así embelesa "Cascades", delicada miniatura en la que el teclado suena como una caja de música y nos adentra en un mundo fantasioso, sencillo pero de gran belleza. El baile continúa en "Counter turn", a lomos de un minimalismo elegante que puede oscilar entre Nyman y Mertens, si bien presenta esencialmente un estilo circense próximo al de Yann Tiersen, que continúa en otros cortes del trabajo, como "Prime movers" (repetitivo, consecuente con la estética del nuevo minimalismo, aséptico pero rudo y directo) o "Tetramery" (con su frenesí orquestal). Teague acomete de manera fabulosa el estilo neoclásico, y acierta plenamente en piezas como "Games for two", deliciosa tonada en la que la carga folclórica que aporta el violín la conduce a un nuevo terreno fantasioso, a través de un espejo resplandeciente. No se detallan en el trabajo los instrumentos utilizados, por lo que la imaginación entra en juego notablemente, por ejemplo en "Summary of the article" el instrumento principal parece como de percusión aunque suene a teclado, mientras que en los siguientes cortes aparece el repiqueteo de lo que parece un glockenspiel: "Cell cycle" vuelve a acercarse al minimalismo (de manera más envolvente, con un fondo de cierto carácter glassiano sobre el que se construye una pasional melodía) y "Anesidora" (una partitura delicada con un final atmosférico bastante penetrante). Llegando hacia el final, "Neo" es otro pequeño delirio de la fructífera modernidad onírica que había inaugurado el álbum, y "Tableau III" es un delirio ambiental, una despedida profunda continuación de "Tableau I" y "Tableau II" (ambas de "Coins and crosses"). En un resumen poético, "Shadow play" se alza como un esperanzador amanecer, la promesa de un nuevo día lleno de posibilidades en un universo privado, luminoso, en el que sólo Ryan parece saber dibujar los bocetos, momentos mágicos como "Cadastral survey", fantasiosos como "Cascades", reflexivos como "Games for two", de un cierto agobio ("Cell cycle") o incertidumbre ("Anesidora"), o reflejando en general una realidad rutinaria aunque perfectamente llevadera, alegre y confiada, que culmina con una marcial entrada de la oscuridad.
 
La escucha de este brillante, artístico y autoproducido trabajo auguraba un futuro muy risueño a este joven artista al que no se le puede perder la pista, pues continúa ofreciendo bellos ejercicios de clase y estilo en diversos registros. En su maravillosa inquietud, ha llegado a vivir nueve meses en Java (Indonesia) para estudiar la música tradicional de gamelán. Utilice o no estos y otros conocimientos en sus nuevos trabajos, la firma de Ryan Teague promete emociones intensas e imaginación desbordante, un sonido particular y auténtico que se puede encontrar en cada una de sus creaciones, por ejemplo en los doce cortes que a modo de ensayos (una pena que no desarrollara más profundamente algunos de ellos) pueblan "Field drawings", definido por la crítica como un álbum meticulosamente construido y elegante.
 
ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:
RYAN TEAGUE: "Coins & Crosses"





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19.11.14

LIZ STORY:
"Solid colors"

A la sombra del exitoso y estimulante piano de George Winston surgieron en los 80, en los sellos norteamericanos de la aceptada como new age, una serie de nuevos artistas, jóvenes pianistas que complementaban con sobrada calidad y mayor o menor repercusión los catálogos de dichas compañías. Pocos de esos nuevos genios del piano eran mujeres, por eso destacó a comienzos de los 80 que Windham Hill aportara esa sensibilidad femenina a su catalogo, en el que sólo había visto la luz el trabajo de una mujer en solitario, el de Linda Waterfall para la segunda referencia del sello en 1976. La californiana Liz story fue la siguiente (Barbara Higbie se le adelantó sólo unos meses, pero esa todoterreno grabó sus discos a dúo con Darol Anger, antes de que ambos formaran el grupo Montreux junto a otros nombres relevantes como Mike Marshall o Michael Manring), y el cada vez más amplio público seguidor de Windham Hill se encontró con una fabulosa interprete de piano jazz en su primer álbum, "Solid colors", publicado en 1982.

Con una importante formación clásica de cierta precocidad, Story se enamoró del carácter improvisativo de la música del influyente y refinado pianista de jazz Bill Evans cuando le vio tocar en Nueva York, y comenzó a estudiar jazz en serio en Los Angeles. Tocó en un restaurante, improvisando su repertorio en su mayoría, y fue en esa época cuando decidió enviar una maqueta de sus composiciones a Will Ackerman, pensando que el estilo preconizado por Windham Hill casaba perfectamente con el suyo. Ackerman la acogió y apadrinó, naciendo así una exitosa intérprete, especialmente en los Estados Unidos. Grabado en San Francisco y producido por Ackerman, en "Solid colors" se dan cita diez composiciones de colores suaves pero poseedoras de la solidez que marca el título del disco y la portada del mismo, la obra 'Unaccountable bluish glow' del pintor angelino Michael S. Moore. Liz Story posee una forma muy descriptiva de tocar el piano, tal vez no fuera la manera más atractiva ni del panorama de la música instrumental en general, ni del jazz, ni por supuesto de una compañía que albergaba, entre otros, a George Winston o Philip Aaberg, pero sus partituras, a modo de música para película muda, enganchan de manera extraña, más allá de demostraciones de técnica o melodías sencillas o presumiblemente sensibles viniendo de una mujer. Efluvios de un jazz suave inundan la mayoría de las piezas, de forma más activa ("Pacheco pass", "Things with wings", "Solid colors") o contemplativa ("Bradley's dream", "Water caves"), posándose en otras un componente jubiloso que les hace tomar el aspecto de pequeñas plegarias interpretadas con amor y gracia hacia las alturas ("Without you", "Hymn", "White heart"). Hasta cuatro de las composiciones de este trabajo (un número bastante elevado, que deja claro el nivel de inspiración para el debut discográfico de una pianista desconocida hasta el momento) sonaron y han seguido sonado con cierta fluidez en emisoras de jazz y new age y aparecido en recopilatorios de todo tipo del sello Windham Hill: "Wedding rain" (un paseo improvisativo muy afortunado que sirve de apertura al trabajo), "Hymn" (un pequeño himno de marcado estribillo), "Solid colors" (pieza cabalgante que atrapa por su carácter desenfadado y alegre) y "Bradley's dream" (muy soñadora, una fantasía de hermoso envoltorio y atrayente desarrollo). Liz Story alcanzó el número 21 en la lista de jazz del Billboard con este disco de debut, que culmina con el color blanco, puro y hermoso del homenaje definitivo a Bill Evans, la sentida interpretación de uno de sus temas más emblemáticos y elegantes: "Peace piece".

Windham Hill aglutinó en su catálogo a una serie de músicos excepcionales que podríamos denominar como artesanos de la música instrumental, aunque se siguiera asociando a la compañía con la etiqueta new age. Tal denominación, por supuesto, no se acercaba a las intenciones ni a la categoría de la mayoría de ellos, esos Will Ackerman, Alex de Grassi, Philip Aaberg o George Winston, en los que confluían folk, jazz e incluso música clásica. Liz Story, de hecho, llegó a odiar el término new age, al que consideraba una falta de respeto y un cajón desastre en el que introducir lo que no encajaba en las demás denominaciones: "Cuando la gente me pregunta qué hago, les digo que toco el piano en solitario. Dice mucho sobre el estilo de música que hago". El mismo año que otra pianista de excepción, Suzanne Ciani, publicaba el emblemático "Seven waves", Liz Story ofrecía otro tipo de interpretación alejada de ese trasfondo electrónico, la improvisación jazzística de un disco altamente recomendable titulado "Solid colors".


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