9.5.15

STEPHAN MICUS:
"Ocean"

La de Stephan Micus es posiblemente la música mas pacífica que pudiera existir. Desde su primer viaje a oriente en la adolescencia, este alemán sintió algo que le hizo absorber la esencia primera de lo tradicional, de lo auténtico de cada rincón del mundo que visita: "A los 16 años quedé fascinado con oriente, su cultura, su música, su gastronomía, sus mujeres, sus gentes... todo. Lo más paradójico es que continúo sin saber realmente cual es la naturaleza de esa atracción". Su discografia, distinta, auténtica, profundamente sincera y espiritual, está plagada de obras minoritarias para el gran público y posiblemente legendarias para esa pequeña pero gracias a Dios existente minoría que sabe dejarse atrapar por la pureza de un sonido primigenio, conducido a un terreno particular, un estilo de vida en sí mismo, aventurero y en contínua búsqueda ("mi música tiene mucha influencia de las tradiciones, pero ese sólo es el origen del que arrancan mis composiciones. De conocer mínimamente las raíces de la música popular, no es difícil apreciar los matices de experimentación y vanguardia que aporto en cada cosa que hago"). Sus obras son la banda sonora de las grandes llanuras, los paisajes montañosos, la inmensidad oceánica o los hielos eternos, pero todo acentuado con un poso de humildad y devoción que hace su escucha más personal, casi como si acompañáramos al artista en sus viajes. Uno de los más acertados lo publicó ECM Records en 1986 y llevaba por título "Ocean".

La trayectoria artística de Stephan Micus comenzó realmente en Ibiza, donde vivía su padre, con unas grabaciones caseras que, tras su presentación en la emisora neoyorquina WBAI, le condujeron (con un paso previo por Virgin Records, en una época maravillosa en la que podían convivir en dicho sello Mike Oldfield con Tangerine Dream, Peter Gabriel o el propio Micus) hasta Manfred Eicher y su compañía ECM. Allí ha publicado no sólo su música sino que ha plasmado realmente su vida, una obra amplia y siempre interesante que abarca desde serenidades inmutables, personales, hasta gozosos pasajes rítmicos, casi siempre en una onda meditativa de carácter oracional. A tener en cuenta son los instrumentos utilizados en cada álbum, con los que Stephan desarrolla sus historias: "Elijo dos o tres instrumentos que en ese momento me gusta tocar e investigo, luego miro qué otros instrumentos pueden acompañar a los protagonistas. Siempre hay algún instrumento que en ese momento me interesa mucho y con el que tengo deseo de hacer música, entonces empiezo tocándolo, improvisando muchas veces y grabándolo todo hasta que encuentro unas frases que me parezcan interesantes. Después desarrollo estas frases que eran como semillas y trabajo sobre esas ideas". En "Ocean" el protagonismo pasaba por la voz, las cuerdas (hammered dulcimer -instrumento de cuerda percutida de la familia del salterio- y zither -cítara alemana-), los vientos (nay -antigua flauta de caña egipcia- y Shakuhachi -flauta de bambú japonesa-) y un órgano de boca procedente de China pero interpretado en Japón, de nombre sho, que Micus modificó para conseguir en esta grabación notas más graves ("su sonido es de un inmenso valor para mí", dijo). "Ocean" está dividido en cuatro partes simplemente numeradas, algo habitual en su autor: "Para mí los discos son una entidad, por eso siempre titulo a los temas parte primera, segunda..., lo veo como una historia (...), un movimiento entero de principio a fin, como un viaje". El comienzo es ya de por sí digno de elogios, "Ocean part I" es una soberbia combinación de melodía reiterativa percutida (salterio) y voz oracional con el importante elemento añadido del ney. Un tema magistral, un acertado canto con auténtico gancho, que atrae sin remedio hacia "Ocean part II"; sobre el fondo reverberante del sho emerge el susurro de la flauta shakuhachi, como un canto bajo la luz lunar, animado más adelante con las cuerdas de la cítara y del inefable dulcimer, que acaban tomando las riendas rítmicas de esta espléndida pieza de 20 minutos agradables e intensos, que acaban en una suerte de trance inmemorial. De nuevo aparece la magia del dulcimer, como un dulce oleaje en un océano más calmado y nocturno, el de "Ocean part III", navegando mansamente hacia un amanecer simbolizado por la gloriosa monotonía de la shakuhachi, que conforme avanza la composición va fundiendose con el ambiente en una comunión espiritual; muy del estilo de Micus, la repetitividad le confiere un cierto aura hipnótica. Un solo de sho culmina el trabajo, "Ocean part IV" es una pieza más atmosférica, menos mundana aunque ciertamente profunda, en un ambiente sacro, tan sagrado como la propia naturaleza que inspira álbumes como este, un trabajo sentido, trascendental por momentos, especialmente en su primer tramo, dos primeros paisajes acústicos de enorme magnitud, que posiblemente pretendían reflejar impresiones de inmensidad, de lo grandioso de la naturaleza más impenetrable, de ahí que la relajación del segundo corte sea tan tensa, imbuida de un cierto miedo a lo desconocido. No utiliza Stephan sonidos de agua, no precisa llenar minutaje con grabaciones facilonas, se limita a observar desde bien cerca, y a describir la belleza con su deslumbrante música.

Una historia dentro de la historia cuenta que la oficina de Manfred Eicher se encontraba a tan sólo 20 kilómetros de la casa del joven Stephan en Alemania. Tuvo que viajar a Oriente, a España, a Estados Unidos, y comenzar a publicar en una compañía británica, para acabar regresando a su lugar de origen, como un destino marcado. Su música refleja un estilo de vida y un tipo de conducta dictaminada por las leyes de la naturaleza y el contacto con los pueblos y las culturas mundiales ("si mi amor por la naturaleza se percibe en mi música, es que todo va bien"). Su encomiable capacidad de adaptación a dichas situaciones da lugar a una música plena de fuerza y conectada con la energía telúrica. Todo el mundo debería dejarse atrapar en alguna ocasión por plegarias como "Ocean part 1" y en general por cualquier creación de Stephan Micus, un compositor brillante, lamentablemente poco conocido (está muy lejos del star system, tanto por estilo como por voluntad propia, si bien su casi anonimato es una delicia para nosotros, pues así mantiene intacta su pureza y sus intenciones), que siempre transmite optimismo y cuya acogida crítica suele ser espectacular, aunque su fama sea tan limitada como la de la mayoría de los músicos que conviven en ECM Records.

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13.4.15

PAUL WINTER:
"Sun singer"

Es fácil perderse en la vasta discografia de Paul Winter, su intensa trayectoria ha dejado plasmados enormes momentos en el mundo del jazz (enamorado de la música brasileña en los 60), de las músicas del mundo (desde Sudamérica a Rusia) o de la new age, firmados con su nombre o compartiendo autoría bajo la denominación de Paul Winter Consort, conjunto por el que han desfilado nombres tan ilustres como David Darling, Paul McCandless, Glen Moore, Ralph Towner, Paul Halley o Eugene Friesen. Winter fundó en 1980 Living Music, su propia compañía de discos, como un modo de que sus propios trabajos (en especial después de convertirse en artista residente de la catedral St. John the Divine, donde tenía previsto, dada su impresionante acústica, grabar sus futuros proyectos) y los de sus colaboradores más directos vieran la luz sin los problemas habituales de las músicas instrumentales, con la confianza de quien sabe que su música va a ser comprendida y respetada. El nombre, aclaraba Paul, aludía a la intención primaria de crear un catálogo de música intemporal, que mantendría viva la música que veneraba, desde Bach hasta África, y desde el violonchelo hasta el aullido del lobo. "Callings" fue un hermoso primer lanzamiento, al que siguieron, bajo el nombre de Paul Winter sin el añadido 'consort', "Missa Gaia" y "Sun singer", una tercera referencia publicada en 1983, inspirada ni por animales en peligro de extinción, ni por esplendorosos paisajes, sino por una estatua de bronce.

Obra del escultor sueco Carl Milles, 'Sun singer', la enorme estatua masculina que sirvió de motivo principal, título y portada de este trabajo, lo fue realmente por su 'abrazo al sol', como una celebración de la existencia e influencia vital del astro rey. También la canción principal del álbum portaba ese título: "Esta es mi canción de homenaje al sol. Se inspira en una impresionante estatua de bronce de 16 metros llamada 'El cantor del sol', que se encuentra en el puerto de Estocolmo, un guerrero vestido sólo con su casco de acero, de pie con los brazos estirados hacia el sol, después de haber abandonado sus armas y abrazado la paz. Es una obra del escultor sueco Carl Milles, que a su vez se inspiró en el poema "Canto al sol" del también sueco Isaías Tegner". Efectivamente, "Sun singer" es el corte que abre ("Sun singer theme", un pequeño anticipo de corta duración) y cierra el plástico, plasmando maravillosamente en música la energía de esa estrella mediana a la que debemos la vida sobre la Tierra. Como grandísimo clásico del dúo de compositores Halley-Winter, se trata de una altiva composición que no sólo agrada al oido sino que ademas anima el espíritu. Es necesario degustar con atención su generosa alegría, la altiva gracia de un continuo clímax practicamente oracional, o lo cuidado de su instrumentación, desde el saxo, fabuloso y dominante, a una tímida pero deslumbrante percusión, pasando por el hilo conductor del piano, todo ello en una duración adecuada que, como tema culminante del trabajo, hace rendirse ante el grupo con un cierto sentimiento de asombro y un deseo inherente de nuevos trabajos que realcen lo escuchado. "Hymn to the sun" es un despertar susurrante, una entrada furtiva al universo ecologista de este maestro de los instrumentos de viento, y su adormecida delicadeza (basada en una melodía de Bach) continúa en "Dolphin morning" (donde con la ayuda de una eficaz y suave percusión, órgano y saxo se conjuran en un nuevo amanecer, fundido con sones eclesiásticos y sonidos de delfines nariz de botella) y "Reflections in a summer pond" (con un tono clásico que desata el lado romántico de piano y saxo), antes de la llegada de los cortes más agradecidos del álbum, y verdadero acierto del mismo. Efectivamente, no es hasta la mitad del disco cuando este empieza a convertirse en indispensable, con la aparición de canciones carismaticas como "Dancing particles" o "Winter's dream", además del mencionado broche final, el tema principal con el que se cierra el telón de esta encantadora obra. La animada "Dancing particles", tremendamente disfrutable también en directo por su energía y sensualidad con esencia de bossa nova, es una gran creación conjunta del terceto protagonista de esta música difícil de definir por su fusión de jazz, folclore y elementos tanto tropicales como eclesiásticos. Seguidamente llega la magistral "Winter's dream", tal vez el corte más recordado del álbum, otra pieza monstruosa, donde se deja notar más Paul Winter por su contenido ligero de saxo melancólico (si bien se trata de una composición exclusiva de Paul Halley), despertando a la naturaleza; el invierno posiblemente sueña con una mañana plácida y soleada, y esas impresiones cobran vida en esta monumental oda a todo tipo de vida. A partir de ahí, "Heaven within" es un pequeño himno más perezoso y relajante, un ambiente ideal para documental de fauna salvaje (la misma a la que adora Paul winter, cuyos padres trabajaron en un circo) y "Big Ben's bolero" se deja llevar por una percusión y piano mas animados. La producción del álbum corrió a cargo del propio Paul Winter y en cuanto a la interpretación, Winter se encargó del saxo soprano Selmer, Paul Halley de los teclados (piano, clavicordio, órgano -el Aeolian Skinner de la catedral-) y Glen Vélez de las percusiones (pandereta, bendir -tambor marroquí usado por beduinos, que como se advierte en el libreto, produce un zumbido característico que no es causado por el propio disco o los auriculares-). Además, Eric Herz toca también el clavicordio en "Dancing particles".

El poder de Radio 3 y otros pocos reductos de las 'otras músicas', lograron que un nombre hasta entonces ignorado como el de Paul Winter fuera conocido por miles de oyentes entusiastas que acogieron de una manera fabulosa su jazz ecológico de raíz melódica, tanto en disco como en directo, unas giras que llegaron tan exitosamente a nuestro país en los 90 que incluso fueron el germen de un premio Grammy. Una década antes, y enclavado posiblemente en uno de sus mejores momentos, "Sun singer" era un trabajo altamente disfrutable en su alegría sensiblera (tal vez parte de su sensibilidad provenga del maestro espiritual Swami Satchidananda, al que Paul agradece 'la luz de sus enseñanzas'), pero de argumentos sólidos y muy consolidados, que ganó el premio de la NAIRD (National Association of Independent Record Distributors) al mejor álbum jazz del año 1983. En la contraportada de la primera edición del vinilo, una frase del poeta y filófoso estadounidense Henry David Thoreau: “Para aquel cuyo pensamiento elástico y vigoroso marcha a la par del sol, el día es una mañana perpetua. No importan los relojes o cuáles sean las actitudes y ocupaciones de los hombres, la mañana es cuando yo estoy despierto y hay en mí un amanecer".

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20.3.15

HEDNINGARNA:
"Kaksi!"

Björn Tollin, Hållbus Totte-Matsson y Anders Stake son los tres miembros fundadores de Hedningarna, un grupo original y necesario en el folclore de las últimas décadas por su rabia y creatividad, por la cual a la vez bucean en la tradición y huyen de la imagen desfasada de la misma. Precisamente gran parte de su éxito radica en haber creado de la nada un sonido que por un lado lo mismo puede ser venerado por los que buscan la esencia de lo tradicional como por los que adoran la innovación, y por otro también puede encontrar un numeroso público no sólo entre los seguidores de las músicas del mundo sino entre rockeros o buscadores de nuevas tendencias. Desde su país natal, Suecia, quisieron viajar a sus raíces rescatando del olvido instrumentos que la iglesia consideraba demoníacos, como el violín (de esta manera se entiende la traducción del nombre del grupo, los 'paganos'), teniendo que volver a construir algunos a partir de su aspecto en cuadros y documentos antiguos (Stake era el luthier de la banda), incluso inventando otros y electrificando muchos de ellos para conseguir un sonido más potente y transgresor: "La verdad es que llevamos instrumentos inusuales, en algunos casos nos tenemos que inventar la técnica para hacerlos sonar, ya que habían desaparecido hace años, pero ese es nuestro sonido". Alice Records publicó en 1989 su primer trabajo, "Hedningarna", un debut prometedor aunque algo inocente que, de manera unicamente instrumental y muy tradicional, anticipaba un sonido rudo, fusión de folclore escandinavo, espíritu medieval y aires rockeros. Tuvieron que pasar tres años para que el puzzle se completara con la pieza definitiva, las voces de dos finlandesas, Sanna Kurki-Suonio y Tellu Paulasto, en un estilo de canto báltico, adaptando textos de la más honda tradición de la región de Karelia, dividida entre Finlandia y Rusia. De ahí surgió "Kaksi!", que significa 'Dos' en finlandés, una apuesta segura del sello Silence en 1992, distribuido por Xource Records en 1993 y editado por fin en España en 1996 por Resistencia Ediciones.

En ambos discos habían recurrido al poema épico finlandés conocido como Kalevala: "El Kalevala es un texto muy poderoso, una larga saga de poemas de carácter un tanto épico que recoge narraciones de la tradición finesa. No es fácil comprender sus textos, pero sus narraciones están llenas de fuerza". Para profundizar más, hay que detenerse en las traducciones de los textos que Resistencia incluyó en su edición del disco, por ejemplo canciones tituladas "Me fui con el borrachín" ('Muchas veces el pillo borracho / y más todavía el loco bribón / levanta la mano para golpearte / te agarra y te tira de las trenzas y del pelo'), "Comesapos" ('A los hombres les gusta casarse / y acostarse enseguida con su novia / traer a casa una chica guapa / buscarse una esposa gruñona') o "La horca de la vergüenza" ('Ese hombre vino otra vez a pedirme / a una danza alocada le dejé guiarme / Quería saber mirando mis ojos grises y oscuros / si bailaba con una puta o con una dama'). En general, una energía desbordante impregna un trabajo en el que todos los cortes menos uno se deben en toda o gran parte a la tradición, teniendo en cuenta que el acervo escandinavo es muy del gusto de valses, mazurcas y polkas ("la polska es un baile muy antiguo, de ritmo muy vivo. Procede de Suecia, del año 1600 o 1700. Es una danza de homenaje que se baila por parejas, con dos parejas que van girando"). Esta tendencia puede sorprender en su inicio ("Juopolle Joutunut", un comienzo inquietante que define completamente el tipo de sonido que nos vamos a encontrar) y acaba convenciendo totalmente en su desarrollo, a través del cual parecemos perdidos en una Escandinavia medieval, tanto inmersos en las filas de un cruento ejército (ecos guerreros en "Viktorin" o "Ful-valsen") como disfrutando de un opíparo banquete de bodas. Sones festivos inundan canciones como la antes mencionada "Juopolle Joutunut", "Vottikaalina" -típica tonada finlandesa, muy destacada en el álbum, que tuvo incluso su propio videoclip- o "Kaivonkansi", esta última con las voces de los componentes masculinos, y es que "Kaksi!" presentaba la mencionada novedad, clave para su éxito, de las dos vocalistas, pero ellos también se atrevían a cantar, como en uno de los temas principales complementando a las chicas, "Kruspolska", un perfecto sencillo de fondos hipnóticos, de corte tradicional pero maravillosamente desarrollado de una manera más orientada al publico actual. Son ellas sin embargo las que destacan y marcan la pauta en "Aivoton", "Skamgreppet", "Grodan / Widergrenen" o "Kanalaulu" (tema extra de la edición estadounidense de 1998). De los instrumentos 'reconstruidos' parecen surgir sonidos del propio averno, así como esas tonadas festivas y otras composiciones de 'rave' medieval, en una gran evolución sonora en la que seis de los cortes son enteramente instrumentales: "Chicago" (único no tradicional, obra de Anders Stake) y "Pal karl" de manera más tranquila, "Viktorin" y la memorable "Ful-valsen" ('El vals del feo') con un plus de fuerza, y ya al final del trabajo, "Omas Ludvig" y "Kings Selma", con un posible mayor parecido a ritmos celtas. Anders Stake interpreta violines, moraharpa (arpa con teclas), moraharpa bajo, gaita sueca, cuerno de cabra, arpa de arco, varias flautas, guimbarda, guitarra y sintetizador, Björn Tollin laúd, panderos, tambor de cuerdas, otras percusiones, muestreos, programaciones y arpa con teclas, y Hållbus Totte Mattsson se encarga del dulcimer, tambor de cuerdas, violín eléctrico, varios laúdes (tiorba, oud) y el hurdy gurdy (se podría traducir como organillo). Sanna Kurki-Suonio interpreta además el siempre interesante kantele. La condición de canciones importantes que recayó sobre "Kruspolska" y "Vottikaalina" se evidenció en la publicación en 1994 por parte de China Records de un CDmaxi titulado "Kruspolska (Sasha Mixes)", donde el DJ británico Sasha remezclaba el primero de ellos para aumentar su popularidad en Inglaterra, complementándose el lanzamiento con las versiones sencillas de ambos cortes. Si este disco es tan animado y pasional para un oyente mediterráneo, puede uno imaginarse cómo exaltaría los ánimos en un orondo, rubio y noble nórdico. No es de extrañar su éxito de público (35.000 álbumes vendidos) y de crítica, ganando el equivalente al premio grammy en Suecia en 1993 como el mejor disco folk del año.

El periodista Lars Nylin no podría estar más acertado en su comentario incluido en el folleto del álbum: "Cuando se intenta hacer 'moderna' la música popular, muchos consideran que basta con conectar los instrumentos a amplificadores eléctricos y poner los controles de volumen en el once, en una escala de uno a diez. Pero el resultado casi siempre ha sido que unos se tapan a otros sin dar a los componentes del grupo libertad para actuar y destacar individualmente. Hedningarna no cometen esa equivocación (...) Gaita sueca, laúdes y timbales conservan la magia de su sonido acústico, pero al mismo tiempo se apoyan en una alfombra de tonalidades menores formada por sugerentes notas graves que se entretejen con ayuda de bucles de secuenciador y muestreadores (...)". Hedningarna no se quedan en una simple recreación de tonadas antiguas sino que aportan una exuberante teatralidad, vistiéndolas de ganas, de intensidad, de drama. Kaksi!" exhibe rotundamente, desde su propia portada, esa enorme personalidad escandinava, llegando a límites casi escandalosos en su uso de voces y ritmos atávicos que parecen surgir de rituales paganos (remitiendo al nombre y principal intención del grupo), unas intenciones que se verán incluso incrementadas dos años después en su siguiente trabajo, el fenomenal y aún más contundente "Trä".

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28.2.15

TIM STORY:
"Abridged"

Dijo Tim Story en cierta ocasión que, en lugar de escribir diez canciones al día, hay que tratar de hacer sólo una canción fabulosa al mes. Es la declaración de intenciones de un artista especial que tuvo que luchar para sacar adelante su música, un placentero concepto neoimpresionista de atmósfera electrónica y ambiental. Y escuchándola, sorprende la reticencia de las compañías cuando en 1980 distribuyó seis casetes con varias demos de sus trabajos: su sonido es limpio, preciosista, los ambientes relajan pero las melodías pueden ser estimulantes, y la combinación de ambos presenta una vaporosidad perfectamente tangible. Nacido en Philadelphia en 1957, Tim tuvo que irse bien lejos para encontrar definitivamente interés, ya que tras un pequeño intento del sello francés ATEM, por entonces en proceso de desaparición, fue la compañía noruega Uniton Records la que acabó publicando sus primeros álbumes, con ventas pobres pero buenas críticas de esa música que él mismo consideraba como 'excéntrica'. Cinco de ellos son los que Tim considera como sus comienzos musicales, "Threads", "In another country", "Untitled", "Three feet from the moon" y "Wheat and rust", publicados entre 1981 y 1987 (reeditados en CD en los 90), cuyas mejores piezas fueron recopiladas con enorme fortuna por Hearts of Space en 1996 bajo el título de "Abridged (Selected miniatures 1978-1986)".

Tim Story es autodidacta, sus únicas lecciones duraron 6 semanas cuando tenía 8 años, y eran de guitarra acústica. Luego tocaría clarinete en la banda de la escuela, pero tardaría años en retomar sus inquietudes musicales y plasmarlas en composiciones propias, con la ayuda de un sintetizador Yamaha CS-30 (posteriormente adquiriría un Moog) y una grabadora TEAC de cuatro pistas, en su propio estudio casero, pasando enseguida a un 24 pistas con un emulador digital. El resultado no tardaría en calificarse como new age, un tipo de música sobre el que el teclista comentaba: "El movimiento new age en California y otras zonas me parece poco creativo y creo que intentan desestabilizar lo bello, desafiando a la música. Por ello he apreciado que hay músicos que se están esforzando por encontrar una nueva 'voz', un nuevo estilo para los sintesistas, que hacen cosas interesantes y buenas composiciones". Sus inquietudes eran múltiples, iban desde Messiaen o Stravinsky hasta Brian Eno o la Penguin Cafe Orchestra, pasando por los minimalistas americanos (Reich, Adams), la música electrónica europea (Kraftwerk, Tangerine Dream, Klaus Schulze), el jazz (Miles Davis, Mahavishnu Orchestra) o el rock sinfónico (Cluster, Can o Roedelius), si bien su sonido siempre se ha asociado más claramente con músicos impresionistas como Erik Satie o Claude Debussy: "Me gusta trabajar con una paleta limitada de sonidos (...) Simplicidad sin simpleza, al igual que las piezas irónicas, aparentemente sin adornos, de Erik Satie, o la encantadora pero difícil música de piano de Debussy. El trabajo de ambos parece tan fácil y perfecto que las piezas parecen como si hubieran existido siempre". "Abridged", que es una clara muestra de esa simplicidad, se inicia con "Still life with lions", genuina melodía de cuento donde las notas cortas son repetitivas y las largas evocan un elegante efecto fantasmal. También puede suceder al revés, como en "A promise and a plea", donde el fondo es de notas de piano, y la soñadora tonada simula un viento (su música será más completa cuando utilice vientos auténticos), en una atmósfera dulzona a lo Shadowfax, en los mismos años en que triunfaban Chuck Greenberg y su famoso lyricon. En un inicio espectacular del recopilatorio, "Sand a string" es una acompasada delicia juguetona, divertida, en un estilo muy del autor, como un Satie electrónico, mientras que "Chanarambie" puede llegar a parecer el tema principal de alguna película romántica, por su placentero carácter evocador. Para el que hubiera llegado hasta este disco de refilón, empezaba a quedar evidente la calidad del autor, que también se mueve por terrenos planeadores ("Careen", un entorno onírico, relajado pero de cierta intensidad, a lo Ray Lynch) o puramente ambientales ("A thousand whispers", "The moors" -ambiente melódico de caja de música, pero algo más cacofónica-). Story prefiere no imponer su música a unas imágenes, que el oyente evoque su propia gama de paisajes o recuerdos ("en el cine, el contenido es el rey", dice), y lo consigue de una manera excepcional, especialmente en las primeras composiciones antes mencionadas, pero también en la sorprendente segunda parte del álbum: en "Three feet from the moon" hay una cierta rotundidad en la respuesta a una plácida entradilla, que le da a este corte un carácter aguerrido, como en la espontánea belleza sintética de "Here lies de water", si bien se acaba imponiendo la relajación de teclados limpios ("Snake's eyes" -serena, como una nana, adelantándose al estilo de "Music for airports" de Brian Eno-, "On the green cays" -melodía refinada con la interacción de teclas luminosas-, "In this small spot" -otro corte melodioso, de enorme gracilidad y un aura de gran optimismo- o "The secret rythm" -basado en una continua repetición secuencial algo marcial, como un pequeño himno, con un extraño añadido étnico de un sampler de flauta muy parecido al que años más tarde popularizará Enigma-). Varios temas menores completan los 18 aquí reunidos, acabando con una corta melodía de piano titulada "Drawn by hand", que supone el único corte inédito de la recopilación, constituida según se explica en el libreto por 'piezas de carácter privado, que constituyen un catálogo de emociones'.

Lejana, dispersa y descatalogada, la obra primeriza de Tim Story es totalmente disfrutable gracias a "Abridged", un reflejo sublime de la esencia primigenia de este delicioso músico. Atmósferas intangibles y extremadamente afortunadas pueblan este recopilatorio esencial, el agradable conjunto de canciones aquí recogido -sin grandes alardes ni composiciones que hayan pasado a la historia- invita a seguir investigando en la discografía de este teclista de Filadelfia afincado en Ohio que no tiene ningún parentesco (aunque coincidan en su apellido, en su período de gloria y en que ambos utilizan los teclados como medio de expresión musical), con la pianista Liz story, más orientada al jazz. Tras este sublime despertar de un artista delicado y celestial, Windham Hill fichó a Tim para dos trabajos ("Glass green" y "The legend of Sleepy Hollow", nominado al Grammy) y reeditó "Untitled". A partir de ahí paso a formar parte de la nómina de Hearts of Space (que publicó este "Abridged" en 1996) hasta 2001, si bien siguió colaborando activamente en todo tipo de samplers de Windham Hill. Precisamente "Collected" es otro recopilatorio que recogerá en 2010 gran parte de estas obras para esos deliciosos samplers que estaban integrados por composiciones realizadas para la ocasión por los artistas de la compañía para temáticas específicas como la Navidad (las numerosas entregas de "A winter's solstice"), los compositores clásicos (impresionistas, románticos, Bach, etc...) o los ángeles (la hermosísima banda sonora de "In search of angels"). En "Abridged" sin embargo se podía paladear, en sus palabras, lo ambiguo y sombrío de su música (que no tuvo tanta cabida en "Collected" por la búsqueda de la melodía y necesidad de facilidad de escucha del sello de Palo Alto), lo vaporoso de unas composiciones calificadas con mucho acierto por la crítica como 'música de cámara electrónica'.

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TIM STORY & VARIOS ARTISTAS: "In search of angels"



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23.1.15

DAVY SPILLANE:
"Atlantic bridge"

La música celta vivió un momento de enorme auge en los 80 y los 90, y parte de la culpa la tuvo el particular y contundente sonido de un instrumento tan típicamente irlandés como la uilleann pipe o gaita de fuelle, uno de esos artefactos musicales tan auténticos y emocionantes en su sonido que no es de extrañar la complicación que conlleva su aprendizaje. Para Carlos Núñez "la gaita gallega es la tierra, la highland pipe escocesa el fuego y la uilleann pipe el agua", un pensamiento muy particular, pero es cierta la extraordinaria fluidez de las notas que surgen de este aparato tan bello y fructífero. Uno de los mejores intérpretes de los últimos tiempos es Davy Spillane, un dublinés nacido en 1959 que aparte de su trayectoria en solitario y de su paso por la mítica banda Moving Hearts, ha sido un invitado habitual en discos de artistas conocidos internacionalmente como Enya, Mike Oldfield, Paul Winter, Kate Bush, Van Morrison, Brian Adams, Elvis Costello o Chris Rea, sin olvidar su colaboración en el colosal show de Bill Whelan "Riverdance".

Spillane fue reclutado en 1981 para la fundación de Moving Hearts por dos figuras tan importantes en la música irlandesa como Christy Moore y Donal Lunny, ex miembros de Planxty. Moving Hearts se consagraron como un grupo de potente sonido en el que confluían la música irlandesa más tradicional y el rock, con toques de pop, jazz o country. Sus aires taberneros, no sin ideas reivindicativas, calaron en un buen número de público, a pesar de la ausencia de hits que pudieran hacer de ellos un grupo más recordado fuera de Irlanda. De este modo, la banda se disolvió pocos años después, tras un álbum instrumental muy folclórico titulado "The storm". Davy firmó entonces un contrato con la discográfica Tara Records, y comenzó su trayectoria en solitario en 1987 con "Atlantic bridge", cuyo título dificilmente podría estar mejor elegido, ya que Spillane tiende un auténtico puente entre los dos lados del Océano Atlántico, en una imaginativa fusión acústica de instrumentos y culturas, cuya fuente fueron unas sesiones improvisadas en las que Davy reunió su repertorio irlandés con bluegrass y country. De hecho, el bluegrass tiene sus raíces en la tradición de la Islas Británicas, así como, en última instancia, el country (antes de su combinación con blues y gospel). Como músicos invitados del otro lado del charco, el neoyorquino Béla Fleck aporta la sonoridad metálica pero a su vez cálida del banjo, y Jerry Douglas interpreta el dobro (guitarra resonadora, una acústica con un gran círculo metálico enmedio, muy característica del blues y del country). La mayoría de los demás músicos coincidieron con Davy en algún momento de Moving Hearts: Christy Moore (bodhran), Eoghan O'Neill (bajo, guitarras), Greg Boland (guitarras) y Noel Eccles (percusión). Además, colaboran John Donnelly (batería) y Albert Lee (guitarras), todos ellos irlandeses menos este último, nacido en Inglaterra. Spillane toca uilleann pipe, low whistle (pequeña flauta de pico) y hammer dulcimer (o salterio). "Atlantic bridge" comienza con "Davy's reels" (reels bien encauzados y resueltos), momentos rápidos como "Tribute to Johnny Doran" (tradicional, un tributo a ese mítico gaitero irlandés de la primera mitad del siglo XX que, como no podía ser menos, supone toda una lección de uilleann pipe, que suena en solitario y llena por completo la enérgica pieza), "O'Neills's statement" (una marcha llevadera, festiva, de Eoghan O'Neill, que culmina con un arrebato de poder, un frenesí de sonido Nashville por medio de la highstring guitar del autor del tema, que ya destacaba en los reels de inicio confundiéndola por momentos con el banjo) o "The pigeon on the gate". No hay que olvidarse de "Atlantic bridge" (magistral melodía de gaita con momentos descontrolados, donde sí que suenan banjo y dobro, en la periferia de la tradición), obra de un Spillane que como compositor -y a la espera de su más grande creación, que llegará en su álbum "Pipedreams"-, desborda esencialmente en las piezas más delicadas y soñadoras, mostrándose como un músico tan sensible como parco en efectismos innecesarios: "By the river of gems" es un corte emotivo y evocador basado esencialmente en la gaita, de autoría compartida con O'Neill y P.J. Curtis; más interesante sin embargo es el aire lento "Daire's dream", maravilloso, evanescente, tal vez el mejor tema del álbum, una atmósfera dulzona que llena el espacio y a la que sigue un delicadisimo y sensual dobro. Esa emocional comunión del dobro y el banjo con gaitas y flautas afianza la esencia misma buscada en el proyecto, plasmada por Béla Fleck en un título rápido y efectivo, "Sliverish", refrescante y divertido diálogo de esencia hillbilly que constituye otro de los momentos más interesantes del álbum y una demostración, la de que elementos tan distantes como estos pueden compenetrarse perfectamente sin prejuicios desarrollando un enorme nivel. También de dirección contraria, corte esencialmente americano aunque compuesto e interpretado en esta ocasión por británicos, es "Lansdowne blues". Por último, la curiosa inclusión de una canción de Lennon y McCartney, la tierna "In my life", protagonizada por la flauta. Fuera de créditos, doce anecdóticos segundos de guitarra a cargo de Spillane ("Davy's surprise guitar").

Dicen que no hay dos gaitas que suenen igual, y de esa forma no hay dos gaiteros iguales. Liam O'Flynn cuenta con el beneplácito de la edad para poder considerarse el abanderado de la gaita irlandesa, pero Davy Spillane es sin duda un intérprete magistral, en cuyas manos dicho instrumento cobra vida. "Atlantic bridge" alcanzó grandes cotas de calidad, elegancia y una fusión de culturas que supuso el punto culminante para que el trabajo gozara de un plus de fuerza y repercusión, tanto fue así que Spillane formó una banda para recorrer el Reino Unido, grabando una sesión para la BBC Radio One, publicada en 1988 bajo el título de "Out of the air", con temas de "Atlantic bridge", de Moving Hearts y varias novedades. Se agradece la inventiva de Spillane en un mundo dominado generalmente por una tradición que a veces llega a cansar. El prestigioso productor de "Atlantic bridge" y verdadero instigador de este proyecto, P.J. Curtis, lo definía así: "La música es como un río sin fin de energía, buscando continuamente fluir hacia nuevas direcciones, nuevos caminos, buscando nuevos medios de expresión", y para finalizar, avisaba al oyente, "escuche y disfrute".

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30.12.14

VARIOS ARTISTAS:
"Adagios del siglo XX1"

El incomparable skyline de Manhattan es la imagen que nos aborda para ilustrar "Adagios del siglo XX1", una recopilación con acento español, pero publicada por la compañía norteamericana -neoyorquina, de hecho- Elektra Nonesuch. La fotografía, obra de Paca Arceo tratada por ordenador que rememora décadas pasadas -y no sólo por incluir las torres gemelas-, refleja lo que vamos a encontrarnos en el suculento interior: esta interesantísima compilación nos introduce de lleno en una exitosa generación de músicos contemporáneos norteamericanos (salvo Piazzolla y Górecki) que despuntaron en varios momentos del siglo XX, tal vez no tan popular y nacionalista como la del salto del XIX al XX, pero con parecida esencia romántica y emocional a pesar del cambio de formas (dados los avances tecnológicos incorporados al arte musical). Era el minimalismo la propuesta más incorporada en el disco que nos ocupa, por mor de la fama y predicamento de algunos de los nombres implicados, y aunque temporalmente algunas de las creaciones del mismo databan de décadas atrás, supieron encontrar su hueco en las conciencias del cambio de siglo junto a las obras de otros músicos que en esos momentos destacaban en las listas de éxitos, no sólo de la música contemporánea sino de la clásica en general o del enorme saco de las nuevas músicas.

El siglo XX, conflictivo, revolucionario, dejaba paso a una nueva centuria prometedora, ilusionante, pero este disco se publicó realmente varios años antes de ese relevo, concretamente en 1997, por lo que los músicos adscritos lo son por visionarios, por buscadores de una belleza que más que recordar el pasado intentan ilusionar con el futuro, basándose en composiciones lentas y altivas como son por definición los adagios (se considera adagio a una pieza musical cuyo tempo es lento). Y en cuanto a 'buscar la belleza', quién mejor que Ramón Trecet para prologar el disco, destacando en su escrito ese carácter actual, comprometido y luminoso ('del infierno del polvo al imperio de la luz') de los artistas que pueblan el CD. Lo inaugura Philip Glass, que proporciona tres temas al conjunto: "Living waters" (creación magistral, de una impenetrable incertidumbre y aires de funeral -fluida como una incesante marea, escribe Angel Romero en el libreto-, perteneciente al álbum "Anima mundi" y recuperada sabiamente para la película "The Truman show" dos años después de esta compilación), "1957 - Award montage" (claro ejemplo de compases glassianos, pertenecientes en esta ocasión al film "Mishima" -interpretados por el Kronos Quartet para su disco "Kronos quartet performs Philip Glass"-, en el que Philip contribuyó notablemente a crear su intensa atmósfera onírica y dramática) y "The unutterable" (otro adagio fílmico de una banda sonora tan imprescindible como la de "Powaqqatsi"). No es el único que aporta su visión profundamente minimalista, pues de Steve Reich suena "Movement II" de su trabajo "Tehillim - Three movements for Orchestra", una pieza intrigante y con interesante percusión en el cenit de la misma, si bien escasa duración para llegar a expresar algo más importante en el devenir de una compilación marcada especialmente por la enormidad de Barber o Górecki y lo accesible de Glass. Mientras tanto, un tercer minimalista americano en discordia, aunque algo más apartado del término, es John Adams, y en su composición "Tromba lontana" -del logrado álbum "The chairman dances"-, podemos entrever ecos de Charles Ives y una especie de nueva 'pregunta sin respuesta' en la música americana, hermosa y atípica, que parece conectar con otra realidad, lejana e imperturbable; su segunda incorporación al álbum es "Disappointment lake", pieza extraña en el de Massachussets, esencialmente por la guitarra, también por su disfrutable carga ambiental y una desconcertante experimentalidad para lo que el recopilatorio promete, es decir, adagios. Aun así, resulta profunda e interesante en su irreverencia. También el folclore tiene cabida en el disco, por medio de dos artistas de excepción, el argentino Astor Piazzolla ("Oblivion" es un lamento teatral de esencia tanguera, un homenaje al bandoneonista por parte de un cuarteto comandado por Gidon Kremer, que grabaron el CD "Hommage а Piazzolla") y el paisano de Philip Glass (nacidos ambos en Baltimore) Bill Frisell, del cual destaca el corte "Egg radio" (balada con aires tropicales y final abrupto y desconcertante) algo más que esa suave mezcla de estilos titulada "Beautiful E.". El mundo del jazz viene representado, además de por la fusión del mencionado Frisell, por el clarinetista Don Byron, neoyorquino como Reich (la Costa Este domina totalmente la parte estadounidense del álbum), del cual se puede escuchar la versión que para su trabajo "Bug music" realizó del pequeño tema "Charley's prelude" de Louis C. Singer, una buena recreación, bailable y disfrutable (en absoluto un adagio, por lo que su inclusión es bastante forzada, aparte de su remota procedencia temporal), de una época lejana y descolorida, pero animada y glamourosa, como lo fueron los años 30 y 40 en New Orleans. Dentro de este conjunto variado y de sobrada excelencia, posiblemente queda lo mejor por comentar, y es que entre la celebridad de ciertos adagios de Albinoni, Beethoven, Rodrigo o Ravel, se encuentran también el "Adagio" de Samuel Barber y, algún peldaño por debajo en popularidad pero muy bien posicionado en cuanto a crítica y ventas, la "Tercera sinfonía" de Henrik Górecki. Sin palabras deja prácticamente el primero de ellos, la pieza de Barber fluye gratamente (no en vano se dice que está inspirada en la descripción que de un río hace Virgilio en su poema 'Las Geórgicas'), proponiendo por igual alegrías y tristezas, y cuando ya ha dado todo de sí, que es mucho, se esfuma tan silenciosamente como llegó, dejando un severo sentimiento de levedad en el oyente. Sin duda una obra inmortal por méritos y la extraordinaria inspiración del músico de Pensilvania fallecido en 1981. Generalmente se llamaba adagio al segundo o tercer movimiento de una sinfonía o concierto, así que la elección del segundo movimiento ('Lento e largo - Tranquillissimo') de la "Symphony No.3" del compositor polaco Henryk Górecki es tan coherente para cerrar el disco como conmovedora es su escucha. La agonía que quedó impregnada en los campos de concentración sirvió para que Górecki creara su célebre 'Sinfonía de las lamentaciones', una partitura tiznada de eterna emoción que, en la versión de Elektra cantada por Dawn Upshaw, le aupó a las primeras posiciones de las listas de ventas no sólo clásicas sino generales, cifras de cinco dígitos dificiles de alcanzar en la música clásica, y más para un compositor cuyo nombre no sólo no era conocido sino difícil de pronunciar y de escribir.

Lleva activa muchos años con algunos saltos estilísticos, pero fue en la década de los 90 cuando Elektra Nonesuch, con un ojo en la música de los Estados Unidos y otro en la estética de la europea ECM, adquirió las características por las que será recordada, especialmente gracias al minimalismo americano. El gran público puede disfrutar desde entonces de grabaciones de calidad de los músicos arriba descritos y de otros como John Zorn, Morton Feldman o Robert Ashley. De impecable factura e innegable acierto, "Adagios del siglo XX1" era una compilación de postín, debemos sentirnos orgullosos al decir que se trataba de una edición exclusiva de nuestro país, ideada por Angel Romero y Pilar García, y publicada con el beneplácito de Elektra Nonesuch y concretamente de David Bither -su vicepresidente en aquel momento-. En un estilo parecido de música contemporánea de calidad, es necesario recomendar encarecidamente la escucha de otras dos compilaciones de la época: "Music at the edge (The ultimate new music collection)" (BMG, 1995), en la que se podía escuchar entre otros a Tavener, Pärt, Messiaen, Glass o el mismo corte antes mencionado de Górecki, y "Renaissance of the humanity" (Catalyst, 1996), con composiciones de Arvo Pärt, Jan Jirasek o Hildegard von Bingen.


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6.12.14

RYAN TEAGUE:
"Field drawings"

Situada en el sudoeste de Inglaterra, Bristol es una populosa ciudad portuaria que, en cuestiones musicales, se hizo famosa en los 90 por el trip-hop de Massive Attack, Tricky o Portishead, el mundialmente conocido como 'sonido Bristol'. Poca relación guarda Ryan Teague con esta música que ha llevado el nombre de su ciudad de residencia a todo el mundo, si bien posee también características avanzadas y sugerentes. El nacimiento de este artista tuvo lugar en 1980 a más de 200 kilómetros, en Cambridge, y aunque desde allí pudo vivir la explosión de aquellos ritmos urbanos, él se concentró en la utilización clásica de unas influencias parecidas, vibrantes, que acabaron encontrando acomodo dentro del moderno minimalismo. Tras sus inicios en Type Recordings (donde publicó el imprescindible "Coins & Crosses") y la selecta discográfica berlinesa Sonic Pieces, el sello encargado de publicar el excelente "Field drawings" en 2012 fue Village Green, compañía independiente londinense que se autodefine como una plataforma para artistas de pop alternativo, 'modern classical', minimalismo, música electroacústica y ambient.
 
Difícil de catalogar, absorbente en su escucha, la música de Ryan Teague encandila por momentos, presa de una incontrolable avalancha de ideas, tanto acústicas como electrónicas. Bien encauzada esa combinación, provoca trabajos como este, de sugerente magnetismo. "Shadow play" es un comienzo hermoso y exuberante, una pieza que parece estar viva, en la cual es asombroso sentir su elegante desarrollo y disfrutar con la elección de efectos e instrumentación. En "Cadastral survey" entran a escena las cuerdas, poseedoras siempre de una cierta magia en una pieza que se hace corta, pues parece tener más cosas que decir, más posibilidades de desarrollo. Como una caricia furtiva, así embelesa "Cascades", delicada miniatura en la que el teclado suena como una caja de música y nos adentra en un mundo fantasioso, sencillo pero de gran belleza. El baile continúa en "Counter turn", a lomos de un minimalismo elegante que puede oscilar entre Nyman y Mertens, si bien presenta esencialmente un estilo circense próximo al de Yann Tiersen, que continúa en otros cortes del trabajo, como "Prime movers" (repetitivo, consecuente con la estética del nuevo minimalismo, aséptico pero rudo y directo) o "Tetramery" (con su frenesí orquestal). Teague acomete de manera fabulosa el estilo neoclásico, y acierta plenamente en piezas como "Games for two", deliciosa tonada en la que la carga folclórica que aporta el violín la conduce a un nuevo terreno fantasioso, a través de un espejo resplandeciente. No se detallan en el trabajo los instrumentos utilizados, por lo que la imaginación entra en juego notablemente, por ejemplo en "Summary of the article" el instrumento principal parece como de percusión aunque suene a teclado, mientras que en los siguientes cortes aparece el repiqueteo de lo que parece un glockenspiel: "Cell cycle" vuelve a acercarse al minimalismo (de manera más envolvente, con un fondo de cierto carácter glassiano sobre el que se construye una pasional melodía) y "Anesidora" (una partitura delicada con un final atmosférico bastante penetrante). Llegando hacia el final, "Neo" es otro pequeño delirio de la fructífera modernidad onírica que había inaugurado el álbum, y "Tableau III" es un delirio ambiental, una despedida profunda continuación de "Tableau I" y "Tableau II" (ambas de "Coins and crosses"). En un resumen poético, "Shadow play" se alza como un esperanzador amanecer, la promesa de un nuevo día lleno de posibilidades en un universo privado, luminoso, en el que sólo Ryan parece saber dibujar los bocetos, momentos mágicos como "Cadastral survey", fantasiosos como "Cascades", reflexivos como "Games for two", de un cierto agobio ("Cell cycle") o incertidumbre ("Anesidora"), o reflejando en general una realidad rutinaria aunque perfectamente llevadera, alegre y confiada, que culmina con una marcial entrada de la oscuridad.
 
La escucha de este brillante, artístico y autoproducido trabajo auguraba un futuro muy risueño a este joven artista al que no se le puede perder la pista, pues continúa ofreciendo bellos ejercicios de clase y estilo en diversos registros. En su maravillosa inquietud, ha llegado a vivir nueve meses en Java (Indonesia) para estudiar la música tradicional de gamelán. Utilice o no estos y otros conocimientos en sus nuevos trabajos, la firma de Ryan Teague promete emociones intensas e imaginación desbordante, un sonido particular y auténtico que se puede encontrar en cada una de sus creaciones, por ejemplo en los doce cortes que a modo de ensayos (una pena que no desarrollara más profundamente algunos de ellos) pueblan "Field drawings", definido por la crítica como un álbum meticulosamente construido y elegante.
 
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RYAN TEAGUE: "Coins & Crosses"





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19.11.14

LIZ STORY:
"Solid colors"

A la sombra del exitoso y estimulante piano de George Winston surgieron en los 80, en los sellos norteamericanos de la aceptada como new age, una serie de nuevos artistas, jóvenes pianistas que complementaban con sobrada calidad y mayor o menor repercusión los catálogos de dichas compañías. Pocos de esos nuevos genios del piano eran mujeres, por eso destacó a comienzos de los 80 que Windham Hill aportara esa sensibilidad femenina a su catalogo, en el que sólo había visto la luz el trabajo de una mujer en solitario, el de Linda Waterfall para la segunda referencia del sello en 1976. La californiana Liz story fue la siguiente (Barbara Higbie se le adelantó sólo unos meses, pero esa todoterreno grabó sus discos a dúo con Darol Anger, antes de que ambos formaran el grupo Montreux junto a otros nombres relevantes como Mike Marshall o Michael Manring), y el cada vez más amplio público seguidor de Windham Hill se encontró con una fabulosa interprete de piano jazz en su primer álbum, "Solid colors", publicado en 1982.

Con una importante formación clásica de cierta precocidad, Story se enamoró del carácter improvisativo de la música del influyente y refinado pianista de jazz Bill Evans cuando le vio tocar en Nueva York, y comenzó a estudiar jazz en serio en Los Angeles. Tocó en un restaurante, improvisando su repertorio en su mayoría, y fue en esa época cuando decidió enviar una maqueta de sus composiciones a Will Ackerman, pensando que el estilo preconizado por Windham Hill casaba perfectamente con el suyo. Ackerman la acogió y apadrinó, naciendo así una exitosa intérprete, especialmente en los Estados Unidos. Grabado en San Francisco y producido por Ackerman, en "Solid colors" se dan cita diez composiciones de colores suaves pero poseedoras de la solidez que marca el título del disco y la portada del mismo, la obra 'Unaccountable bluish glow' del pintor angelino Michael S. Moore. Liz Story posee una forma muy descriptiva de tocar el piano, tal vez no fuera la manera más atractiva ni del panorama de la música instrumental en general, ni del jazz, ni por supuesto de una compañía que albergaba, entre otros, a George Winston o Philip Aaberg, pero sus partituras, a modo de música para película muda, enganchan de manera extraña, más allá de demostraciones de técnica o melodías sencillas o presumiblemente sensibles viniendo de una mujer. Efluvios de un jazz suave inundan la mayoría de las piezas, de forma más activa ("Pacheco pass", "Things with wings", "Solid colors") o contemplativa ("Bradley's dream", "Water caves"), posándose en otras un componente jubiloso que les hace tomar el aspecto de pequeñas plegarias interpretadas con amor y gracia hacia las alturas ("Without you", "Hymn", "White heart"). Hasta cuatro de las composiciones de este trabajo (un número bastante elevado, que deja claro el nivel de inspiración para el debut discográfico de una pianista desconocida hasta el momento) sonaron y han seguido sonado con cierta fluidez en emisoras de jazz y new age y aparecido en recopilatorios de todo tipo del sello Windham Hill: "Wedding rain" (un paseo improvisativo muy afortunado que sirve de apertura al trabajo), "Hymn" (un pequeño himno de marcado estribillo), "Solid colors" (pieza cabalgante que atrapa por su carácter desenfadado y alegre) y "Bradley's dream" (muy soñadora, una fantasía de hermoso envoltorio y atrayente desarrollo). Liz Story alcanzó el número 21 en la lista de jazz del Billboard con este disco de debut, que culmina con el color blanco, puro y hermoso del homenaje definitivo a Bill Evans, la sentida interpretación de uno de sus temas más emblemáticos y elegantes: "Peace piece".

Windham Hill aglutinó en su catálogo a una serie de músicos excepcionales que podríamos denominar como artesanos de la música instrumental, aunque se siguiera asociando a la compañía con la etiqueta new age. Tal denominación, por supuesto, no se acercaba a las intenciones ni a la categoría de la mayoría de ellos, esos Will Ackerman, Alex de Grassi, Philip Aaberg o George Winston, en los que confluían folk, jazz e incluso música clásica. Liz Story, de hecho, llegó a odiar el término new age, al que consideraba una falta de respeto y un cajón desastre en el que introducir lo que no encajaba en las demás denominaciones: "Cuando la gente me pregunta qué hago, les digo que toco el piano en solitario. Dice mucho sobre el estilo de música que hago". El mismo año que otra pianista de excepción, Suzanne Ciani, publicaba el emblemático "Seven waves", Liz Story ofrecía otro tipo de interpretación alejada de ese trasfondo electrónico, la improvisación jazzística de un disco altamente recomendable titulado "Solid colors".


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30.10.14

KAREN MATHESON:
"The dreaming sea"

Considerando la inercia exitosa de la banda escocesa Capercaillie en los 90, a nadie le pareció descabellada la noticia de que su bella y carismática vocalista, Karen Matheson, comenzara una carrera en solitario, eso sí, sin abandonar el grupo que su marido, Donald Shaw, y ella misma crearan años atrás. Este no sólo le acompañaría en su particular viaje sino que se convirtió en el productor (además de compositor e intérprete) de "The dreaming sea", un trabajo excepcional, a la altura de los mejores de una banda que estaba en un momento dulce. Al igual que aquellos títulos importantes, "Sidewaulk", "Delirium" o "Secret people", Survival Records fue la compañía encargada de su publicación en 1996 (Valley Entertainment lo publicó en norteamérica en el año 2000), con una bonita edición limitada en caja de cartón dominada por la pureza del blanco, cuya portada presentaba una foto de Karen remando en un tranquilo lago, y que incluía seis postales en su interior, referidas a seis de las canciones del disco. Más interesante aún era la música desplegada en sus trece cortes, en los que el idioma inglés le gana al gaélico en número, si bien ambos encuentran sus momentos estelares en un acabado impoluto.

Tan encantadoras como la propia vocalista, las canciones desplegadas en "The dreaming sea" aportan una melodiosa tranquilidad a la carrera de la escocesa, restando énfasis celta a su trayectoria, convirtiéndola de golpe en una fulminante intérprete de folk, incluso con un delicado toque de estilo country. Aun así hay bastante de Capercaillie en el álbum, no en vano varios de los miembros de la banda arroparon -aunque algunos lo hicieran de forma efímera- a Karen en la instrumentación del álbum: James Mackintosh (batería), Marc Duff (flauta), Manus Lunny (voz) y por supuesto Donald Shaw (piano, sintetizador y acordeón) se unen a Gerry O'Conner (banjo), Fraser Spiers (armónica), Paul MacGeechan (teclados), Tommy Smith (saxo), Sorley MacLean (voz poeta en "Calbharaigh") y varios intérpretes de bajo, cello, percusiones, violas y violines. En legra grande hay que mencionar a James Grant, compositor, cantante y guitarrista escocés, que no sólo aporta su interpretación de bajo y guitarra sino que compone cuatro de las mejores canciones del álbum: "There's always sunday" (un comienzo radiante, una canción ligera pero con peso suficiente para servir de reclamo y en la que, sobre una exquisita producción, destaca el toque folkie de la armónica), "The dreaming sea" (la gran joya del disco, una deliciosa balada en inglés que glorifica a su autor y que según su postal de la edición limitada retrata, 'a merced del mar soñante', la placidez de playas maravillosas como las de la escocesa isla de Lewis), "At the end of the night" (sin ser destacada, es un bonito y disfrutable añadido) y "Evangeline" (el broche final, una pequeña y preciosa pieza muy folkie dedicada a la hija de Grant, la pequeña Evangeline, la misma niña rubia encantadora que aparece, como un angel, en una de las postales). Sobre Grant hablaba así Karen Matheson: "James escribe canciones increíbles para mí. Es muy poco reconocido (...) Donald y yo le conocimos en un momento en el que yo también me sentía muy vulnerable, James llamó a la oficina un día para ofrecerme algunas canciones y nos encontramos. Pensé que sus canciones eran fantásticas". Decía Donald Shaw en esa época que sus referentes musicales básicos eran muchos, música africana, latina, balcánica, algo de pop y rock, y autores folk norteamericanos como Shawn Colvin: "Estoy muy influido por cantautores de este tipo", afirmaba, y eso se nota en el primer disco en solitario de su esposa, si bien más en el tratamiento otorgado, pues en las composiciones arregladas por él, tanto en solitario como junto a Karen, hay un acercamiento casi total a la tradición escocesa en gaélico: "Rithill aill" (de acabado muy 'Capercaillie', ritmo celta-pop bailable, de hecho muy contagioso, hechizante, como lo fuera el fantástico instrumental "Dr. McPhail trance"), "Fac thu na feidh" (de igual estilo aunque un peldaño por debajo, y con un toque de smooth jazz que se notará más en diversos momentos del siguiente disco de Karen, "Time to fall"), "'Ic lain 'ic sheumais" (de melodía agradable, transmisora, como todo el álbum practicamente, de una felicidad que parece auténtica) y "An fhideag airgid" (pequeño himno celta imbuido de magia en el que Karen está acompañada de piano, cuerdas y vientos en un momento más intenso y trascendental, un nuevo instante destacado de un trabajo del que no se desea el final). Shaw aporta también dos canciones propias en inglés, "Move on" y especialmente "Early morning grey", un tema admirable eclipsado por las genialidades de James Grant. La infortunada cantante inglesa Sandy Denny encuentra la intimista versión de su canción "One more chance", guitarra y voz ejerciendo de enamorados en uno de los cortes más atrayentes de un álbum del que restan por comentar dos adaptaciones de poetas escoceses del siglo XX, una de Murdo MacFarlane, activista gaélico que se puede contemplar en su correspondiente postal, al cual ya recurrió Capercaillie en su trabajo "The blood is strong" ("Mi le m' uilinn", un sencillo corte muy personal a piano y voz en un principio, complementados posteriormente por los demás instrumentos, incluído el saxo), y otra de Sorley MacLean ("Calbharaigh", casi acappella sobre una base ambiental). En 1997, "Mi le m' uilinn" fue utilizado para cerrar el disco recopilatorio "Holding up half the sky: Voices of celtic women".

Sean Connery, otro escocés ilustre, se mostró encandilado al describir la voz de Karen como "una garganta tocada sin duda por Dios". Dificilmente se puede contradecir a todo un agente 007, aunque habría que asegurar que Karen es mucho más mundana y humilde de lo que parece transmitir con sus cuerdas vocales (una capacidad heredada de sus padres y en especial de su abuela Elizabeth MacNeil, reputada cantante de la isla de Barra, en las Hébridas), y que toda su fuerza se centra en unas canciones que si bien no compone, consigue hacer suyas. Su trayectoria en solitario continuó con "Time to fall", publicado en 2002, que intentaba seguir la estela de "The dreaming sea", y si bien el primer tramo del disco mantenía esa encantadora intensidad (de nuevo con la colaboración de James Grant en la mitad del álbum), no acababa de lograr un conjunto de canciones tan completo y acertado, situación más acusada en el trabajo de 2005 "Downriver", última muestra de un folk de esencia escocesa (de hecho en este último trabajo recuperó un repertorio esencialmente gaélico bajo la producción del mítico Donal Lunny) que merecía un mayor reconocimiento por parte del panorama musical en general, en especial este monumental álbum de debut, "The dreaming sea", que va más allá de cualquier disco de Capercaillie.

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29.9.14

AZUL Y NEGRO:
"Suspense"

Cerca de alcanzar el punto medio de la alocada década de los 80, los músicos españoles que más discos vendían en nuestro país eran cantantes consagrados como Serrat, Julio Iglesias o Miguel Ríos, grupos en el estrellato como Mecano, Alaska o Mocedades, y otros que ya despuntaban en sus inicios como La unión o Radio futura. Ninguno de ellos fueron los primeros artistas españoles que grabaron en CD, es decir, aprovechando al máximo la tecnología que ya apuntaban Azul y Negro en el título de su álbum de 1983, "Digital". Ese plástico, a modo de recopilatorio de sus dos primeros LPs, alcanzó un brillante tercer puesto en las listas de ventas españolas el mismo año que "La noche", su trabajo más tecno-pop, llegaba al número 4. Ya fuera por lo novedoso de su sonido, por mediación de su productor Julián Ruiz, o simplemente por estar en el sitio y momento adecuados, Mercury decidió apostar por Azul y Negro para esa grabación digital, y se prensaron en Alemania 400 copias del primer CD español, el nuevo disco del dúo de Cartagena, "Suspense", una apuesta hacia un pop avanzado pero asequible, sin abuso de secuenciadores y ritmos programados, y que sin embargo, a pesar de una sobrada calidad, momentos muy pegadizos y la ya habitual utilización de algunos cortes en televisión y publicidad, no alcanzó las cifras de los dos anteriores, llegando, eso sí, a un meritorio puesto número 14 en las listas, en las que permaneció 19 semanas.

El potente y estilizado sonido desplegado en "La noche" iba a ser matizado en esta nueva obra, retornando de alguna manera al tipo de canciones que copaban la cara A del disco de debut del grupo, "La edad de los colores", en cuya primera edición (que aún no incluía el hit de la vuelta ciclista "Me estoy volviendo loco"), destacaban temas como "No controlo nada" o "La torre de Madrid", otorgando un gran protagonismo -toda la cara B- a los instrumentales. Carlos García Vaso y Joaquín Montoya, los integrantes del conjunto, habían aprendido mucho en estos dos años, y sus aspiraciones quedaron plasmadas en este nuevo álbum de artística y cuidadísima portada (obra del ilustrador Orestis). Aparte de en el título y letra de una de las canciones, la influencia de Alfred Hitchcock, como maestro del suspense, parece estar presente en todo el trabajo, por ejemplo en la deliciosa entrada instrumental al mismo, la propia "Suspense", en la que se pueden ver reflejados el misterio y la intensidad de algunas de aquellas películas míticas. Precisamente este tema, "Suspense", es más que un corte introductorio, es otro fabuloso instrumental que deja bien claro el fenomenal estado de forma del dúo, el primero de los dos instrumentales puros del álbum, curiosamente abriendo y cerrando la obra. El que la culmina con un cálido encanto, "Agua de luna", es incluso superior, más pegadizo, presentando un cierto componente infantil muy divertido, tal vez por eso fuera utilizado en el concurso televisivo 'Los sabios', que presentaba una joven Isabel Gemio. Cerrando el capítulo de instrumentales, habría que mencionar a "Jíbaro", que si bien estaba cantado en un lenguaje inventado, presuntamente amazónico, esas mismas voces podrían considerarse como un instrumento más en el conjunto de una animada y exótica pieza semiinstrumental, inspirada en una aventura que el hermano de Carlos, José, había vivido en el río Amazonas. Vaso parece encargarse de esta faceta instrumental, de igual modo que Montoya lo había hecho en "La noche" (firmando en solitario sus grandes hits sin palabras, "Isadora","Fantasía de piratas", "Fu-man-chu" y "Me estoy volviendo loco"), un Montoya que por el contrario despunta como creador de dos de los tres sencillos del álbum (junto a Julián Ruiz y Marianne Forrest). Resulta sorprendente la facilidad que tenían estos cartageneros para encontrar melodías agraciadas sin necesidad de palabras, pero no hay que olvidar que "Suspense" es un disco dominado especialmente por los temas vocales, canciones acertadas y con sobrada fuerza para conformar un álbum especial, dignísima primera grabación digital en España. "Funky punky girl" (compuesta por Carlos Vaso), es una canción pegadiza con innegable gancho, que fue utilizada eficazmente en publicidad tecnológica (de la marca Phillips) o de nuevo en el mundo del ciclismo (fue sintonía de la Volta a Cataluña 1984) y, como sucedió con la excepcional "The night", con pretensiones en el mercado anglosajón. No en vano el idioma utilizado en las canciones del disco, inglés en todo momento (ideadas por la escocesa Marianne Forrest, a la sazón cuñada de Carlos Vaso), anuncia un intento de asalto a Europa que, incomprensiblemente, no acabó de concretarse. No fue "Funky punky girl" sin embargo el primer single del disco, honor cedido al corte que inspira la portada, "El hombre lobo", que presenta un comienzo original, enérgico y poderoso, que mantiene durante todo su desarrollo. Su elección como primer sencillo parece deberse a que encajaba mejor con el tecno que dominaba su anterior disco, haciendo así más cómoda para el público la transición hacia el pop avanzado. También "Hitchcock makes me happy" fue un importante tercer sencillo, otra espléndida canción de estribillo pegadizo y con una monumental entradilla instrumental que servía de cabecera al anteriormente mencionado concurso 'Los sabios'. "Sunny day", con su marcado bajo y cantada con sensualidad, tampoco es precisamente una canción de relleno, tanto ella como "Jíbaro" o "Suspense" son de esos temas que, sin ser destacados, tanto aportan en el conjunto de un álbum. De igual manera, "Infarto" (titulada "Herzanfall" en algunas ediciones) no es tan pegadiza como las demás canciones, aunque eso no significa que sobrara en este conjunto grato y estimulante con dominio del habla anglosajona, lo que se atenúa en cierto modo en la canción que resta por mencionar, "Es hora de bailar", por su estribillo en castellano. En el ambiente electrónico general, con grandes teclados y percusiones, las guitarras de Vaso también se dejan escuchar en buena parte del álbum respondiendo a las melodías de sintetizador ("Suspense", "Infarto"), acometiendo partes destacadas (el comienzo de "Jíbaro") o interpretando solos al final de alguna pieza ("Hitchcock makes me happy", "Es hora de bailar").

Este disco se grabó en los madrileños estudios Audiofilm en 1983, inmediatamente después de otro proyecto de Vaso y Montoya, de nombre Cinemaspop, en el que realizaban versiones en clave tecno-pop de bandas sonoras inmortales como 'Los 7 magníficos', 'El bueno, el feo y el malo', 'Casablanca', 'Zorba el griego' (que fue el elegido para promocionar el disco) o el tema de James Bond. Sin embargo, y dado el éxito que aún estaban cosechando los anteriores plásticos del dúo -esos puestos 3 y 4 anteriormente mencionados-, Mercury decidió esperar un poco y publicarlo en 1984. "Suspense" es un disco afortunado, exultante, un pequeño clásico del pop avanzado tecnológicamente de los 80 en España, haciendo más hincapié en las canciones que en los instrumentales, con varios cortes gratamente recordados que tal vez merecieran un mayor reconocimiento allende nuestras fronteras. Julián Ruiz realizó un fenomenal trabajo de producción y puso de nuevo su granito de arena en el sonido fresco y atrevido de Azul y Negro, un dúo carismático y gratamente recordado, uno de los grupos españoles que mejor han marinado teclados y guitarras con moderno sentido melódico.

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