8.5.16

PETER BUFFETT:
"Spirit"

En su libro "El secreto eres tú", un ensayo superventas publicado en 2010 sobre valores para vivir al máximo nuestras vidas, Peter Buffett asumía el privilegio de haber nacido en una familia acomodada, pero también afirmaba haber luchado por aprovechar esa situación al máximo. Su padre, Warren Buffett, uno de los hombres más ricos del planeta, confiaba en que cada uno de sus tres hijos encontrara su pasión para perseguirla y dejar en ella su impronta. Peter estuvo interesado por la fotografía, pero como él dijo 'la vocación es misteriosa', así que empezó a estudiar piano hasta cuatro veces, acabando por decidir finalmente que ese era su camino. Desde luego, escuchando su música nadie diría que su apellido le ha beneficiado a la hora de crearla, sus obras transmiten mucho más que la frialdad de una cuenta corriente, y su filantropía le ha llevado a empatizar con situaciones injustas, especialmente la de los indios americanos: "Alguien me habló sobre la gran cantidad de creatividad y alma que hay en el pueblo nativo americano, entonces comencé a leer sobre su historia (...) y me fue capturando más y más fuerte". Peter encontró así un propósito sobre el que centrar sus esfuerzos musicales: "me avergonzó el trato infligido a los indios por el Gobierno y los colonos blancos. En nombre del 'progreso', pueblos originarios de nuestra tierra fueron engañados, traicionados y masacrados... Se fue perdiendo algo más que una simple superficie de tierra, las culturas originarias, resultado de miles de años de observación, conocimiento y vida sostenible en armonía con la naturaleza, fueron pisoteadas y proscritas". Documentado hasta el limite, comenzó su labor de composición, primero como pequeños homenajes en sus primeros trabajos, luego introduciendo un tema en el soundtrack de "Bailando con lobos", musicando las series "500 nations" (de la CBS, por mediación de Kevin Costner) y "Ojibwe – Waasa Inaabidaa" (documental de la PBS), y como gran colofón, por medio de un espectáculo propio, lo que acabarían siendo dos originales shows de música y danza basados en su cultura e historia, una idea que comenzó en 1997 con un trabajo publicado por Hollywood Records, "Spirit dance". El primero de esos espectáculos, basados en dicho álbum primigenio, contó también con una edición en vivo publicada en CD (Hollywood Records, 1999), de título general "Spirit" y con el subtítulo 'A journey in dance, drums and song', grabada en agosto de 1998 en Green Bay, Wisconsin, con miembros de las naciones oneida y menominee, originarios de esa zona de los EEUU.

"Son of the morning star", de Evan S. Connell, una historia sobre los indios norteamericanos de finales del XIX, fue uno de los libros que despertó el interés de Buffett por el pasado de la tierra en la que nació. También la poesía de Walt Whitman le hizo toparse con el término iroqués "Yonnondio", que expresa un lamento por la gente nativa de América, y que utilizó como título de su último trabajo con Narada (como en "Lost frontier", que anticipaba la esperanza de encontrar la frontera perdida con la cultura india, en "Yonnondio" intentaba transmitir un sentido de reconciliación y renovación en lugar de desesperación). Pero tal vez la literatura más inspiradora a la hora de iniciar su proyecto fuera la de Joseph Campbell ("El poder del mito" y "El héroe de las mil caras"): "Leer a Campbell me brindó el marco mítico que buscaba, la trayectoria del héroe. El tema del espectáculo 'Spirit' era la recuperación del contacto, no sólo para los pueblos indígenas que habían sorteado una larga y amarga campaña contra su identidad cultural, sino también para los que nos sentíamos alienados de nuestro verdadero yo". Wayne Cilento, conocido especialmente por su papel en "A chorus line" y otros espectáculos de Broadway, fue el coreógrafo escogido para crear una obra visualmente atractiva, combinando la tradición nativa con la danza moderna. La edición en CD de este directo no recogía todas las canciones del mismo, por ejemplo su verdadero inicio se titulaba "Urban overture" (una pieza que sí se escuchará en el futuro CD "Spirit. The seventh fire", que recogía el segundo de estos shows), y presentaba a una serie de yuppies moviéndose de manera maquinal y acosados por móviles y tecnología, hasta que el héroe se despojaba de sus ropas y ataduras, iniciando la interacción con los indios. El CD del espectáculo comienza en este punto con "Firedance", un recibimiento muy acogedor y estimulante (aparte de su especial relevancia por tratarse de una ampliación del corte incluído en la película "Bailando con lobos", su capacidad de enganche le hace ser un inicio casi perfecto) con una marcada percusión nativa que lo hace verdaderamente especial. Tras un interludio con una ligera flauta ("Coashelleaqua") recitado con gran ceremoniosidad por el controvertido Chief Hawk Pope (coautor de un puñado de las canciones del álbum y amigo de Peter desde su colaboración en "500 nations"), suena una especie de caballo de batalla en la lucha de Peter Buffett, "Hidden heritage", todo un himno de ritmo adictivo donde el rapsoda va recitando las diversas tribus indías sobre una acertada base ambiental con la voz femenina de Ginny Frazier, coatura además de la pieza: "Es un tema muy importante en el espectáculo, realmente establece las bases para el viaje de Brandon. En esa canción Hawk Pope está pasando lista a muchos de las cientos de tribus nativas que han existido o que todavía existen en los Estados Unidos. Una sonora guitarra (que puede recordar a ciertos momentos de la carrera de Alan Parsons o al estilo Enigma) confirma que la música está muy viva, que la frontera no está tan perdida, y un canto indio continúa desplegándose para acabar de configurar el clímax étnico. Entre composiciones de memorable calidad, tal vez una rivaliza especialmente con "Hidden heritage" para erigirse en corte principal del álbum: "Spirit dance" es pura emoción, una joya que engancha sin remedio en su preciosista mezcla de extremos, otra especie de himno por el pueblo indio con un clímax continuo. Un coro infantil ameniza ciertos momentos del espectáculo, voces blancas cuya primera aparición se da en "An eagle above" (que suena a canto de esperanza, canción suave que torna más aguerrida con el complemento de percusiones, furibundas guitarras y vientos, en un entorno muy apropiado para la danza), y posteriormente destacan en la celestial "The place where the crying begins" (conduciendo esta bella pieza de base tierna y emotiva que combina pasajes folclóricos -por medio de la flauta nativa de Robert Mirabal- y rockeros -su final de guitarra eléctrica-, y atrapa en una atmósfera verdaderamente mágica) y "Thunderbird" (un tanto fuera de lugar al sonar el didgeridoo, propio de aborígenes australianos). Entre nuevos temas tribales como "Nothing like song" o la completa y pegadiza "Aubenaubee" (por la que a buen seguro hubieran suspirado los artífices de "Sacred spirit"), y algún interludio ritual ("Passage", "Flag song"), aún restan composiciones sorprendentes, por ejemplo "The dream" presenta un ritmo mas moderno, algo funky, conducido por bajo y guitarra eléctrica, que parece adentrarse por momentos en un etno-tecno de calidad -a la altura de Deep Forest o Enigma-, compás atrevido sobre la aportación indígena de las voces nativas y el recitado. Por su lado, "New west" es una bonita pieza melódica, un tema rescatado del primer trabajo de Buffett en Narada, "The waiting", adaptado para la ocasión. Como colofón, un teclado típico de Buffett introduce una hermosa y sugerente canción, titulada "Auglaize River, 1830" (conmemorando el año en el que el gobierno de los EEUU obligó a abandonar sus tierras a los Shawnee de Ohio) y cantada por Susan Zielke, con la que finalizaba este espectáculo que pretendía ser además "una fuerte declaración política, social y religiosa". Estrenado en la PBS, el espectáculo "Spirit" salió de gira por EEUU con una gigantesca carpa de 740 plazas por recinto, una pantalla gigante, una docena de bailarines y una completa banda de música, un show complicado y no precisamente satisfactorio económicamente, que se podía disfrutar desde 1999 en el VHS y DVD "Spirit - A journey in dance, drums and song", introducido por Kevin Costner, y definido como 'una performance que combina las luces de Broadway y el poder de la música contemporánea con dinámicos cantos y bailes de la cultura americana nativa'. El siguiente paso fue actualizar el espectáculo, con nuevos coreógrafos (Jody Ripplinger y Frank Anderson) y el título "Spirit. The seventh fire", en referencia a la profecía del séptimo fuego. Esta nueva versión, que mantenía la base de la aquí comentada, también fue publicada en 2005 en CD y DVD.

Peter Buffett ha tenido suerte en muchos aspectos de esta su historia (nacer en una familia acomodada, comenzar las emisiones de la MTV con sus jingles -lo que le sirvió de trampolín en el negocio de la música para publicidad-, que Kevin Costner escuchara y valorara su trabajo) pero todo acabó ocurriendo debido a su esfuerzo y perseverancia. Tras su periodo musical mas popular, el que pasó en Narada Productions, hay un cierto desconocimiento en cuanto a la trayectoria y logros de este comprometido artista. Se da por eso la posibilidad de que un gran sector del publico consumidor de este tipo de música, por ignorancia o desinterés, no haya llegado a escuchar sus acercamientos a la cultura india, una música a reivindicar, tres trabajos de enorme intensidad, elegancia y compromiso: "Espero que mi música pueda inspirar a la gente a mirar en el interior de sus almas y que piensen lo que deben de hacer en futuras generaciones", decía el hijo de Warren Buffett, que alcanzó aquí unas cotas de calidad sobresalientes, posiblemente por encima (aunque desde luego haya habido una evolución, casi una revolución de hecho, en su estilo) de sus primeros discos en Narada, obras primerizas de necesario aprendizaje hasta encontrar en la interacción de electrónica y acústica el sobresaliente nivel de "Lost frontier", posiblemente su mejor obra, con el permiso de esta saga "Spirit", cuya conclusión dió paso a una nueva etapa en la obra del músico de Omaha, centrado en la composición de canciones de pop-rock editadas en su mayoría en formato single.

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:









Etiquetas: ,

12.4.16

LISA GERRARD:
"The mirror pool"

Resultaba extraño en la década de los 90 que el éxito imparable de la banda Dead Can Dance (con el momento culminante del excelso "Into the labyrinth" en 1993) no hubiera derivado en álbumes en solitario de sus dos carismáticos componentes, Lisa Gerrard y Brendan Perry, teniendo en cuenta su separación geográfica. El irlandés se iba a hacer de rogar un poco más, alargando su debut hasta 1999, sin embargo la australiana de prodigiosas cuerdas vocales y no menos talla creativa no iba a pasar de la mitad de la década para explayarse con sus ideas propias, algo tremendamente deseado por sus fans, cuyo resultado iba a cumplir con todas las expectativas generadas. Ese paso adelante se tituló "The mirror pool", y la compañía encargada de su publicación en 1995 iba a ser la misma que sacaba a la luz los plásticos de su grupo, la independiente inglesa 4AD. El CD, producido por la propia Lisa y con un fantasmal diseño gráfico de Chris Bigg (presente en numerosos productos de 4AD, incluídos los de Dead Can Dance) y el arte de portada de otro habitual de Lisa, Jacek Tuschewski (también ingeniero de sonido en el álbum), contó 14 años después, en 2009, con una necesaria reedición en vinilo doble (por la exitosa vuelta de este formato) por el sello inglés Vinyl 180, que también disponía de varios vinilos de Dead Can Dance en esos 180 gramos. Con un ligero cambio en la portada, esta jugosa edición estaba "remasterizada de las cintas originales y empaquetada en una portada desplegable".

"A quien pueda interesar: me llamo Lisa Gerrard. Es por amor a la exactitud por lo que he escogido comunicar directamente el perfil de mi proyecto solista recientemente finalizado y que he titulado 'The mirror pool'. Permitidme comenzar con una breve historia. Durante los últimos 15 años he trabajado con Brendan Perry bajo el nombre artístico de Dead Can Dance, título escogido para describir nuestro proceso creativo. Brendan y yo hemos editado 8 discos durante cuyo proceso normalmente sobra una cantidad de trabajo que traspasa la naturaleza continua de un disco de Dead Can Dance. Algunas de estas piezas han sido recuperadas ahora con arreglos orquestales o como música vocal. También hay temas acústicos creados a partir del bouzouki griego, yang chin (dulcimer chino) y percusiones como darbukas, palmas, tambor de camello, tablas bajas, campanillas de elefante hindú, tambores, panderetas y platillos de mano. Junto a estas obras he incluido otras realizadas a partir de muestras instrumentales". Esa era la explicación al disco en palabras de la autora, un trabajo que, como contaba, se grabó en parte (más o menos la mitad del álbum, especialmente -por el impacto que suponen- los cuatro primeros temas) con la Victorian Philharmonic Orchestra en Melbourne. Como en algunos momentos perpetuos de la discografia de Dead Can Dance, el oyente puede acabar presa de un inusitado arrobamiento ante la excelencia de algunas de las composiciones, por ejemplo "Sanvean", el corte más difundido y espectacular del trabajo, impresionante llanto compuesto en colaboración con Andrew Claxton (y cantado en el característico lenguaje inventado por nuestra protagonista) que ha trascendido de este disco para alcanzar un mayor estátus, siendo utilizado en anuncios, documentales, películas, o versionado por artistas importantes como Paul Oakenfold o Sarah Brightman. "Violina (The Last Embrace)" es el comienzo del álbum, una pequeña sinfonía privada (una pieza muy personal, un requiem que Lisa compuso para su madre) que, con la entrada de tan particular voz y su oratoria declamación, no se sabe bien si se humaniza o se diviniza, y es que la garganta de la de Melbourne engloba registros tanto celestiales como demoníacos, llenando cada pieza de intensidad y carga dramática. Así, "The mirror pool" podría tenerse en cuenta como una ópera muy particular en la que "La Bas (Song of the drowned)" ejerceria de larga overtura, además de intensisima y quejumbrosa misa inspirada en la novela de finales del XIX del francés Joris Karl Huysmans, sobre el satanismo en Francia (Lisa pensaba hacer la banda sonora de la película, un proyecto que al final no se realizó, si bien la canción perduró). Como de costumbre en ella, lo folclórico -de tintes oscuros- también tiene presencia en la obra, como este "Persian Love Song (The Silver Gun)" que, al igual que "La Bas", se podía escuchar en la anterior gira mundial de Dead Can Dance y el consiguiente álbum que la recogía, "Toward the within". Similar es el caso de la gran joya del disco, esa mencionada celebración (con esplendoroso acompañamiento orquestal) de excepcional fulgor titulada "Sanvean", donde la voz surge como de un amable éxtasis, declamando algún ritual ancestral: "'Sanvean' lo hice en el disco en solitario porque tenía acceso a una orquesta (...) Estas obras crecen fuera de Dead Can Dance", decía, apelando a un cierto equilibrio y al supuesto carácter documental, según sus palabras, del álbum, que continúa con nuevos ritos paganos, pregonando una cierta confusión ("The rite" es un fragmento de la música de la Gerrard para la obra de teatro Edipo Rey) o buscando algo más la alegría ("Ajhon", ambiente con sonidos naturales y reminiscencias de la Europa del este), antes de acoger el segundo gran corte de la obra, "Glorafin", de letanía casi pegadiza. Aunque la voz sea elemento primordial (aquí lo sigue siendo, y de qué manera), las canciones que presentan intensos acompañamientos o acercamientos folclóricos de calidad, ganan muchos enteros en el contexto del álbum; de este modo, "Glorafin" contiene todo lo necesario para ser una de las composiciones mas recordadas del trabajo, solo un peldaño por detrás de "Sanvean". "Majhnavea's Music Box" es un bonito interludio instrumental, activo e interesante, que merecía sin duda un mayor desarrollo, de hecho, en minuto y medio dice muchas cosas. De similares características son "Werd" y "Celon" (compuesta poco antes del nacimiento de su hija, toma el nombre de un río imaginado por Tolkien), mientras que "Laurelei" y "Venteles" no acuden a desvarios folcloricos, más bien parecen cuentos susurrados por la Gerrard, el primero cantado de manera dulce, acercándose a una nana, con las hipnotizantes cuerdas percutidas del yang chin tomando las riendas rítmicas en su tramo central, el segundo más meditativo, prácticamente a cappella. También el yang chin brilla y se compenetra con la voz en "Nilleshna", escrita para un documental de naturaleza, con aspecto de folclore oriental de buen acabado. Antes del final ("Gloradin") y de una oscura pista extra sin acreditar, es preciso hablar del único corte no compuesto por Lisa (aria perteneciente a la ópera de Handel 'Xerxes', "Largo" es la única pieza sobre la que realmente se dudó si debía ser incluída o no en el álbum, aunque acabó logrando su intención de 'hacerla suya') y del tercero de los temas destacados, "Swans", otra leyenda de aspecto medieval pero de magia intemporal contada por esta adictiva juglar, un sueño que se hace realmente corto. A pesar de no colaborar Brendan Perry, "The mirror pool" tiene que ser tenido en cuenta como otra referencia indispensable para los seguidores del grupo australiano-irlandés, a la par que alguna de sus grandes obras. Este fascinante álbum, que reflejaba el universo propio de la vocalista, vió cómo dos CDsingles eran publicados únicamente en Francia ese año, "Sanvean (I Am Your Shadow)" / "Ajhon" y el promocional titulado "Deux titres live", grabado en 1994 con "La Bas (Song of the drowned) (Live)" y "Lament (Live)", que no estaba incluído en "The mirror pool". Además, las canciones "La bas", "Celon" y "Gloradin" se utilizaron en la estupenda película "Heat", de un Michael Mann que repitió con Lisa Gerrard en "The insider".

"The mirror pool" es una obra mística en la que canciones como "Sanvean", "Glorafin" o "Swans" pueden llevar de la fascinación a la locura. El título hacía referencia a la creencia africana de que este mundo es un espejo y que durante el proceso de hacer música se entra en contacto con los espíritus del otro lado. Los efluvios de magna antiguedad que incorpora la voz de Lisa hacen que este trabajo se sitúe, no sólo temporalmente, entre las ensoñaciones medievales de Dead Can Dance y populares bandas sonoras históricas del epílogo del siglo XX, como la inolvidable "Gladiator", obra de la propia Lisa Gerrard y el afamado compositor alemán Hans Zimmer, así como otras obras con el también australiano Pieter Bourke (como la mencionada "The insider"), que aparece por primera vez colaborando con Lisa en "The mirror pool", interpretando percusiones (tabla, tambores, darbukka, palmas) y algunas voces; además, y obviando el acompañamiento orquestal, Dimitry Kyryakou toca el bouzouki, John Bonnar algunos teclados y la propia Lisa se encarga del yang ch'in y llena el espacio -su propio universo, de hecho- con su fascinante voz: sonidos fantasmales emergen de sus cuerdas vocales y levitan sobre sustanciosas composiciones como "Violina"; las andanzas medievales rezuman tribalidad al menor descuido, disfraces de música antigua revisten atmósferas como "La bas" o "Largo", pero si en algo destaca esta diva oscura es en sus delirios étnicos, momentos de auténtica conexión con lugares, paisajes o tradiciones ("Persian Love Song", "Nilleshna"), hurgando en ritos olvidados ("The rite") o recreándose en trances exóticos ("Glorafin"); los pequeños instrumentales son simples interludios a la espera de la llegada, de nuevo, de la voz, un embrujo que volvería a llegar en nuevos trabajos en solitario, como The silver tree", "The black opal" o "Twilight Kingdom".

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:







Etiquetas: , ,

4.3.16

KENNY G:
"Silhouette"

Gorelick es el apellido de uno de los intérpretes de música instrumental que más discos han vendido en las últimas décadas, un músico conocido por todos si obviamos ese apellido y le llamamos por el nombre que le ha conducido a la fama: Kenny G. Ese afortunado apelativo presenta al saxofonista estadounidense de culto que ha aupado a apasionadas composiciones de música ligera como "Songbird" o "Silhouette" a números 1 incuestionables, baladas que le han llevado a vender millones de copias en todo el mundo, una vez que su renombre en los Estados Unidos se convirtió en un imparable éxito internacional. Tras unos comienzos dubitativos en un Smooth Jazz no excesivamente afortunado, fueron las baladas las que le llevaron a la fama, pero es imposible creer en el éxito de esta delicada y romántica música de saxofón sin el impulso de una compañía de discos (en este caso la potente Arista Records), una promoción que le ha llevado a ser conocido en prácticamente todo el mundo. Así, en los 80 supo aprovechar las virtudes románticas de su música para despuntar primero con "Duotones" en 1986 (que contenía "Songbird", su primer gran éxito, escrito como una carta de amor a su novia -Lyndie Benson, futura esposa-) y a continuación con un trabajo alegre y completo de título "Silhouette", realmente su quinto álbum, publicado en 1988 por Arista.

Aunque fuera un término más antiguo, utilizado desde finales de los 70 para definir una música cruce de caminos entre jazz, pop, funky y rhythm and blues (David Sanborn, Spyro Gyra, George Benson o Grover Washinton, Jr. eran algunos de sus valedores), una década después casi podría parecer que el Smooth Jazz hubiese sido creado para Kenny G, dada su preferencia de la melodía sobre la improvisación en un entorno rítmico dominado por el saxofón. En este contexto, "Silhouette" fue un enorme acierto por lo familiar de sus melodías y por esa envoltura romántica tan pronunciada que provocó la conversión del saxo en un instrumento pasional, sensual, incluso erótico. Si "Songbird" fue la composición destacada de "Duotones", en "Silhouette" lo fue el tema homónimo: "Silhouette" es una de las grandes melodías de Gorelick (que compone en solitario más de la mitad de un álbum que también se encarga de producir). Pegadiza y hermosa -sin duda a la altura de "Songbird"-, afirmaba que fue grabada sin utilizar un estudio real, con un modesto equipo de grabación en un pequeño apartamento en Los Ángeles: "Es solo una muestra de lo que puede suceder cuando se reproduce música desde el corazón", dijo el de Seattle. "Tradewinds" no se queda atrás, presenta la calidez del Smooth Jazz pero sin acompañamiento vocal. Sin embargo, la obra sí que cuenta con vocalistas en las dos canciones propiamente dichas del álbum, ambas compuestas exclusivamente para este artista en alza: "I'll be alright", aun sin ser excesivamente pegadiza, pone una nota de color y un toque distintivo y agradable al álbum, al cortar el despliegue instrumental; está cantada por Andre Montague, que ya participó en el disco "Gravity", cosa rara en un Kenny G que no suele repetir vocalistas. Más adelante llegará "We've saved the best for last", compuesta por Dennis Matkosky (ganador de un Grammy y nominado al Oscar por "Flashdance") y cantada por el veterano Smokey Robinson, que pasa algo más desapercibida ("Smokey Robinson es un gran tipo -comentaba Kenny-. Fue un placer conocerle y un honor tenerle para cantar una canción conmigo. Este dúo siempre será muy especial para mí"). Volviendo a los instrumentales, enseguida llegan dos de los más destacados: "Against Doctor's orders" es uno de los cortes más atractivos y sorprendentes, presenta un ritmo contagioso y alegre con un cierto tono irónico: "Me había roto el pulgar en un accidente de coche y me dijeron que no podía tocar el saxofón durante unos meses. Grabé esta canción con un pulgar roto en contra de las órdenes del médico". Acto seguido se presenta uno de los grandes clásicos ocultos de este virtuoso, aunque "Pastel" no llegó a ser single ni es especialmente recordado en recopilatorios, es sin embargo de sus melodías más especiales, sensibles y sensuales, y guarda un estupendo solo de saxo soprano. Parece complicado depositar toda la carga de un disco en un instrumento de viento como el saxo, y de hecho, tras una primera mitad brillante, el tramo final del disco pierde un poco la chispa ("All in one night", la soleada "Summer Song", o "Let go", que parece recuperar emociones por medio del romanticismo), para acabar con "Home", este sí, otro buen tema de esencia nocturna, una emotiva y sincera vuelta a casa con la que acaba este hermoso álbum para todos los públicos, una obra que alcanzó el número 1 en las listas de Jazz Contemporáneo (al igual que "Duotones"), y unas ventas de 25 millones de copias en todo el mundo. Los sencillos del trabajo fueron "Silhouette" (con "Home" en la cara B y un tema nuevo, "Looking for a way to let go", en el CDsingle), "Against Doctor's Orders" (con "Tradewinds" en la cara B) y "We've Saved the Best for Last". Además de los saxos (alto, tenor y soprano) y otros instrumentos (principalmente teclados) interpretados por Kenny, este se rodeaba de buenos instrumentistas de sesión para los bajos, guitarras, percusiones y demás teclados, entre los que destacaban Preston Glass y especialmente su amigo Walter Afanasieff, ganador de varios premios Grammy (especialmente el de la canción de Celine Dion "My heart will go on", incluída en la película Titanic. Si con su obra hasta "Silhouette" Gorelick se había caracterizado por una música melosa, incluso empalagosa para algunos, esa dosis de romanticismo iba a verse incrementada en el siguiente disco de estudio de este intérprete de rizada melena, "Breathless". Antes de ello, su fama iba a continuar in crescendo gracias a su álbum en directo "Live" (cuyo tema "Going home" fue un sorpresivo hit en China) o a su participación en la banda sonora de la película "El guardaespaldas" (la BSO más exitosa de todos los tiempos, según algunas fuentes), en la de "Pretty woman" y en el drama protagonizado también por Julia Roberts "Dying young (Elegir un amor)", para el que creó una acertada y popular composición como tema principal, y colaboró con un joven James Newton Howard.

La popularidad de este saxofonista demuestra que hay una línea muy fina entre la música instrumental y el publico, siempre que esté construida con unas ciertas condiciones primarias de melodía y ritmo, y se promocione convenientemente. El tercer punto es adoptar una imagen atractiva, elegante y fácil de reconocer, y eso es algo esencial en Kenny G, su larga melena rizada es un icono del Smooth Jazz y motivo recurrente de las portadas de sus discos. Indudablemente, este desvío de atención parece decir poco a favor de la calidad musical de nuestro protagonista, que ha recibido numerosas criticas y ataques directos por parte incluso de compañeros de profesión: la mayor polémica la motivó Pat Metheny, que habló sobre Kenny como un saxofonista con serios problemas rítmicos y un limitado vocabulario armónico y melódico, que toca desafinado y ni se acerca a ser un buen instrumentista: "Lo que demostró fue una habilidad para conectarse con los impulsos más básicos de la audiencia, reutilizando sus dos o tres licks más efectivos (sosteniendo notas largas, o pasajes rapidísimos, aunque con deficiencias armónicas) en los momentos claves, para incentivar al público una y otra vez". Realidad o envidia por el ingente número de ventas, Metheny deliberaba sobre la conveniencia de utilizar la palabra jazz en la música de Gorelick, pero fue relativamente amable hasta que este realizó una versión de "What a wonderful world", de Louis Armstrong: "Con este movimiento, Kenny G se convirtió en una de las personas en el mundo a la cual no puedo valorar como hombre (por su increíble arrogancia al considerar posible semejante cosa) ni como músico, por pretender compartir el escenario con la figura más importante de nuestra música". Aunque se pueda entender la opinión de Metheny en este sentido, las melodías originales de Kenny G seguirán alimentando el placer de escuchar una agradable y distendida música de saxofón, como la incluida en "Silhouette".









Etiquetas: , ,

4.2.16

LITO VITALE CUARTETO:
"La excusa"

Aparte de las demás manifestaciones de sus inquietudes musicales (en solitario, en duo o en trio -el quinteto vendría poco después-), la del cuarteto fue para Lito Vitale una manera gozosa de presentar una música alegre y tremendamente viva. El de Villa Adelina decía: "en realidad me siento cómodo en cualquiera de los formatos. Los puntos más importantes fueron el trío, el cuarteto y el dúo con Baglietto, son los que han tenido más trascendencia y donde el resultado fue musicalmente óptimo para lo que yo estaba buscando en esos momentos". A finales de los 80, coincidiendo con esa faceta artística que comenzó en 1987, este teclista argentino fue conocido y reconocido en España, país que le acogió -ante la satisfacción del artista, deseoso de ser escuchado- con buenas ventas y populosos conciertos. Un tema mítico de estas representaciones en vivo no pertenecía a ningún plástico de Lito, se trataba de una 'estudiada improvisación' de titulo "La excusa", una obra genial que levantaba al publico de sus asientos por lo radiante de su desarrollo y por la maestría de su interpretación a manos de los cuatro virtuosos. En 1991 se iba a hacer justicia con esa extraña y lamentable ausencia, ya que Ciclo 3 publicó en Argentina el trabajo que contenía al fin la mágica composición, un álbum titulado generalmente "La excusa", que meses después llegaba a España de la mano de GASA.

Es curioso como, por obra y gracia de la mercadotecnia, este músico de jazz, rock instrumental y folclore fuera enclavado en el saco de las nuevas músicas, incluso de la new age. Su esencia melódica, así como desfilar por ciertos programas radiofónicos de éxito, fueron la 'excusa' definitiva para esta furtiva inclusión ("En general las etiquetas no valen (...) En las tiendas de música debería haber una sección que pusiera 'músicos'", comentaba al respecto Lito, que también acuñó el apelativo 'gran música de fusión'). "La excusa" cuenta solamente con cuatro largas composiciones, de las que una es ya conocida ("Una excusa") y otra es, por título, una improvisación ("Permiso, voy a improvisar un poco"), lo que podría dar a pensar que este trabajo fuera un aprovechamiento del gran momento popular de la banda. Nada más lejos de la realidad, la necesidad del tema principal y los buenos momentos ofrecidos por las demás, especialmente "Algo nuevo", hacen de "La excusa" un disco que no se queda atrás respecto a los anteriores del cuarteto. Como inicio, "Algo nuevo" no es que presente especialmente nada novedoso, pero sí que consigue contarnos una hermosa historia en trece minutos muy llevaderos. Un excepcional fondo de esencia minimalista casi eclipsa al saxo y su acertada melodía de aires populares al comienzo de la pieza, para pasar a ser el teclado el que toma un gran protagonismo en su tramo medio (espectacular el solo que comienza en el cuarto minuto con sonido de harmónica), inundando de aromas de jazz y de tango esta grácil pieza en la que cada instrumento es un personaje, aportando cada uno sus cualidades para conformar otra gran composición del cuarteto. No obstante, es reseñable que la mayoría de este disco -los tres primeros cortes- fuera grabado por un 'falso cuarteto', un terceto realmente en el que Vitale, volviendo a sus inicios, interpretaba la batería. Si bien es evidente que en vivo se solucionaba esa situación, hay que precisar que los músicos del disco fueron exactamente: Lito Vitale (teclados, voces, percusión, batería en los dos primeros cortes), Marcelo Torres (bajo de 6 cuerdas), Manuel Miranda (flautas -quena, antara- y saxos -tenor y soprano-) y Jorge Araujo (batería en el tema "Una excusa"). No se perciben las "Opiniones encontradas" en el segundo corte, más bien nos encontramos de nuevo con una grata armonía de intérpretes, cada instrumento tiene delimitado su espacio y casi se pueden disfrutar en solitario bajo, piano, flauta o batería, tanto como en un conjunto alegre y vistoso con efluvios de bossa nova y folclore. "Permiso, voy a improvisar un poco" es una larga improvisación soñadora, una magistral demostración a los teclados combinando diferentes estilos, y de hecho otro punto culminante del trabajo, donde se pueden atisbar referencias de obras anteriores de Lito, en lo que sin duda es un sonido característico en su carrera. Es aquí cuando aparece el momento culminante del disco, la esperadísima "Una excusa", tema que provocó la aparición del álbum: "Lo hicimos porque queríamos grabar el tema que daba título al disco, porque que me gustaba muchísimo el solo de Marcelo en el bajo. Nos parecía absurdo no grabar esa música aunque ya estaba pensando cambiar el grupo o dejar un tiempo sin grabar". La melodiosidad de un bellísimo piano conduce a la pieza al territorio del viento, un vistoso paraje con la rítmica y espectacular intrusión del bajo; es este el que destaca especialmente en un interludio en el que, tras un suave comienzo, acaba aflorando el carácter de cada engranaje de la banda, para retornar a la melodía de comienzo notablemente engalanada, y con un magistral solo de bajo que no se puede describir con palabras. Una pieza para la historia del cuarteto, en la que no hay que olvidarse de la percusión que la acompaña, ni por supuesto de un piano que cede un poco su papel protagonista, no solo ante el bajo sino por un viento excepcional. La composición básica, como todas las del trabajo, es de Lito, que borda esa particular 'gran música de fusión'. Exultante y vivaz, "Una excusa" es un delirio de belleza y compenetración de cuatro músicos en uno, ya que esta vez sí que la grabó el cuarteto: la melodía del viento (Miranda) la entrada y los interludios del piano (Vitale), el acompañamiento de la batería (Araujo), y la innombrable demostración de técnica y el enorme solo de bajo (Torres). Escuchando grandes momentos como este se entiende la frase de su autor: "Me siento feliz haciendo música".

Dos años después de "La excusa" llegó el último álbum del cuarteto, "La cruz del sur". Muy exigente con su propia música, la considera un proceso cambiante, que depende de muchos factores absolutamente personales. Así, más tarde, aparte de otro tipo de obras en solitario o en colaboración, Lito incluyó una guitarra en su banda para crear el Lito Vitale quinteto. Rubens 'Donvi' Vitale, padre de Lito, pedagogo musical y creador junto a su mujer, Esther Soto -también profesora y cantante-, de numerosos proyectos musicales (entre ellos MIA -Músicos Independientes Asociados-) y del sello Ciclo 3, murió el 26 de octubre de 2012. Él fue una especie de alma mater para Lito, su hermana Liliana y tantos otros músicos que pasaron por sus clases, y que por ejemplo configuraron el proyecto MIA (Músicos Independientes Asociados), cuando Lito tenía 13 años: "Mi viejo me enseñó a buscar siempre el camino más artístico y verdadero, a no volverme loco con que las cosas funcionen económicamente". 'Donvi' fue sin duda culpable en gran parte de que esta música llegara hasta nosotros, y el talento natural de su hijo hizo de él un músico reconocido, creador de obras tan fabulosas, incluso inmortales (y no importa la denominación ni clasificación de las mismas) como "Ese amigo del alma", "Recuerdos en mi bemol", "Los dueños del sol" o "Una excusa", que tras deambular por múltiples escenarios encontró acomodo en CD y vinilo en 1991.

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:

Etiquetas: , , , ,

19.1.16

OTTMAR LIEBERT:
"Poets & Angels"

Aunque parezca un recurso fácil, no es sencillo realizar un disco de canciones populares navideñas (el carol en el mundo anglosajón o el villancico de los hispanoparlantes), especialmente por lo conocido y manoseado de los temas más difundidos, esos que cada familia puede tararear en sus reuniones. No sólo es importante sonar de una manera distinta, original y atractiva, sino que hay que saber tratar bien a estas tonadas relacionadas con lo divino. Parece que desde siempre la cultura norteamericana se toma más en serio que la europea la musicalidad y el interés popular de este tipo de composiciones populares, practicamente todos los artistas superventas de la conocida como new age en los EEUU han presentado en una o varias ocasiones su propia interpretación de un puñado de canciones navideñas en forma de álbum temático: Chip Davis (Mannheim Steamroller), George Winston, David Lanz, Jon Anderson, Jim Brickman, Cusco, Enya, Liz Story, Craig Chaquico, Kenny G, Peter Buffett, los artistas del sello Windham Hill..., y en la mayoría de las ocasiones se ha tratado de los álbumes más vendidos en los meses invernales, lo que significa un verdadero negocio para algunos de los artistas mencionados. Ottmar Liebert no iba a ser menos, y a finales de 1990 Higher Octave Music le publicó un sencillo pero estimulante trabajo para la temporada invernal titulado "Poets & Angels", con el clarificador subtítulo 'Music for the holidays'.

Con "Nouveau flamenco" (1990) y "Borrasca" (1991), este guitarrista de figura elegante y bohemia logró numerosisimas ventas y dos números 1 en la lista de new age de la revista Billboard, medidora de las tendencias comerciales en los Estados Unidos (el de "Nouveau flamenco" llegó con la reedición en el año 2000). A pesar de la importancia de los dos trabajos mencionados, uno menos mediático se coló enmedio de ambos, este "Poets & Angels" donde la guitarra vuelve a ser protagonista principal y absoluto. En un sentido religioso se podría crear una problemática entre las canciones navideñas y su inherente sentido católico, pues Liebert, católico de nacimiento en Alemania, dejó de serlo por voluntad propia desde los 16 años, tomando contacto enseguida con el budismo zen. Sin excesivo celo ético, queda escuchar agradecidos estas sencillas tonadas que a muchos han acompañado cada Navidad, y otros conocen y respetan por su belleza y carácter folclórico. Ottmar Liebert impone su estilo para versionar ritmos tan populares como "Jingle bells", "Silent night" o "Little drummer boy". El sonido es rotundo, crea bellas atmósferas plagadas de rumba y sabores de lo hispano a lo tropical, e incluso, al dejar una impronta tan rotunda con la guitarra española, casi crea un disco propio, original, en parte gracias a la inclusión de cinco composiciones propias, entre las que destaca enormemente "Starry Nite (March of Kings)", con la que Ottmar se acercó maravillosamente a lo popular -parece sacado de la tradición- y endulzó diversos recopilatorios de su compañía. En cuanto a las otros cuatro, son la prueba de que Liebert lleva el ritmo en los genes y el flamenco en el corazón, de ahí las influencias escondidas, disfrazadas de Navidad, movimientos rumberos -"Poets & Angels", "Festival (Of 7 Lights)"- y aires flamencos -"Shepherd's Nite Watch", "Morning Glory"-, que sazonan notablemente el conjunto. El resto del plástico sí que se compone de gloria y divinidad, diez carols (o villancicos) tratados instrumentalmente y rescatados de la tradición, aunque en el disco no se atribuyen realmente a los autores originales, a los que llegamos -si los hay reconocidos- con una fácil búsqueda. "Deck the halls" ('Adornen los salones', canción galesa del siglo XVI cuyo estribillo se interpretaba con arpa) abre el trabajo, y es un comienzo apetecible y agraciado. Numerosos artistas han interpretado la mayor parte de estos clásicos, por ejemplo el villancico francés "Angels we have heard on high" ('Ángeles cantando están') ha pasado por las voces de, entre muchos otros, Andrea Bocelli, Cristina Aguilera, Jewel, The Carpenters o, de manera instrumental, The piano guys. Otro de los más conocidos, "Little drummer boy" (supuesto original checo transcrito en el siglo XX por la pianista estadounidense Katherine Kennicott Davis) se hizo muy popular desde la versión de la familia Trapp, y en España por medio de Raphael ('El tamborilero'), si bien cuenta con numerosísimas versiones en variados estilos, soul (Stevie Wonder, Ray Charles), folk (Joan Baez, Bob Dylan), clásica (Nana Mouskouri), rock (Jimi Hendrix), pop (Abba), disco (Bonnie M), a-cappella (Take 6) o, en lo instrumental, Kenny G, Tuck Andress o Mannheim Steamroller, si bien la versión de Liebert convence y se disfruta. Continuando con las melodías más conocidas, "We 3 Kings (of Orient R)" es otro villancico estadounidense (compuesto por John Henry Hopkins Jr en 1857), mientras que "O holy nite" es francés, de 1843. Eso sí, tal vez los dos títulos más representativos sean "Jingle bells" ('Navidad, dulce navidad', de James Pierpont, 1857), que en su origen no era específicamente una canción de Navidad, sino que trataba sobre las carreras de caballos, y "Silent night" ('Noche de paz', austriaco, de 1816), con importantes versiones, en el entorno de las nuevas músicas, de Enya, Mike Oldfield, Mannheim Steamroller o Il divo, entre muchos otros. Menos conocidos son los tres que restan por comentar, todos ellos del siglo XIX, "1st nowell" (inglés), "Away in a manger" (norteamericano) y "O christmas tree" (alemán). La edición japonesa incluía además el corte "Poets + Angels Live". "Poets & angels" fue el primero de los tres álbumes navideños de Ottmar Liebert. El segundo es "Christmas + Santa Fe", publicado en el año 2000: Santa Fe es la ciudad de residencia de Liebert desde 1986, y su influencia, su actividad y diversidad cultural, ha sido fundamental en la creación del 'nouveau flamenco'. La llegada del guitarrista hasta este entorno fue casual, cuando se dirigía a Los Angeles desde Boston, donde había tocado en una banda de rock y había trabajado como mensajero en bicicleta: "Estaba ayudando a un amigo a conducir una camioneta de regreso a Santa Fe y me iba a quedar un par de semanas, descansar e ir a Los Ángeles. En lugar de eso disfruté realmente de la ciudad, hay una interesante mezcla de cosas allí, tienes la cultura india, la cultura hispana y la cultura anglosajona. Hay restaurantes que combinan la comida mexicana con todo, italiana, francesa, cocina asiática, de California...". Se trata además de un paraje encantador en las fechas navideñas, de ahí el título de esta segunda entrega. La trilogía se completó en 2005 con "Winter rose", que incluía referencias a clásicos como Fauré o Tchaikovsky. 

Aunque le consideren un diletante del flamenco, no cabe duda de la capacidad de Ottmart Liebert para lograr melodías pegadizas a la guitarra española en un estilo aflamencado que él mismo se encargó de bautizar como 'nouveau flamenco' en su primer álbum. "Poets & Angels" es fácil y plácido, pero en absoluto aburrido, es más bien bastante entretenido en su duración de 54 minutos poblados por 15 canciones cortas plenas de candor navideño. El sonido es limpio, con la producción de Liebert y Domenico Camardella, y la utilización de guitarra flamenca por parte de Ottmar Liebert, el bajo de Jon Gagan y la percusión (y palmas) de Davo Bryant. Gagan en especial ha sido un habitual en la cambiante banda de acompañamiento del músico, denominada 'Luna negra'. En la portada, Liebert (altivo, desenfadado, con su cualidades mestizas realzadas) mira al cielo buscando esos ángeles que se pasean por el titulo del disco, aunque también parece dar gracias por la sorprendente y excepcional acogida de su música, ese nuevo concepto llamado nouveau flamenco que, ante las iras de los puristas españoles (calificado por Paco de Lucía como una caricatura del flamenco), nació en 1990 con el primer plástico de este fan de Carlos Santana, Miles Davis y John McLaughlin. La controversia está servida, usted pase, disfrute y decida. Pero ante todo disfrute.

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:





Etiquetas: , , ,

14.12.15

PAUL WARD:
"For a knave"

En cualquier campo o estilo musical son numerosos los ejemplos de artistas que, tras una o dos obras de interés, desaparecen sin dejar rastro. También es usual que no se les reconozca su labor, cayendo en el olvido algunos trabajos meritorios que podrían haber tenido cierto alcance. Ambas circunstancias se conjugan en la figura de Paul Ward, sintesista británico de inmerecida escasa repercusión, en especial por una joya oculta de la música electrónica instrumental de las dos últimas décadas del siglo pasado, de título "For a knave", publicada en 1991 por el sello Surreal To Real, una agrupación de músicos electrónicos fundada por el propio Paul Ward junto a John Dyson y Anthony Thrasher, para editar principalmente los álbumes de los dos primeros, así como los de otros artistas electrónicos como Ian Boddy, Michael Shipway, Glyn Lloyd-Jones, o grupos como Wavestar (dúo del propio Dyson y David Ward-Hunt) o Tranceport. Dyson rememoraba felizmente aquella época como un grupo de amigos, principalmente universitarios, convocados por Ward a través de un anuncio en una revista musical en los 80, que solían reunirse en algún bar para charlar o tocar música electrónica.

Si poco conocidos son los dos discos en solitario de este teclista, aún más difícil de encontrar es su seminal álbum de 1987 "Beyond The quiet point" (reeditado en 1995 por Surreal To Real), firmado a dúo por Ward y Neil Thompson (otro miembro de aquel grupo de colegas) bajo el nombre de Quiet Point. Se trata de un trabajo nada desdeñable, muy dinámico, con ritmos y melodías definidas en un contexto totalmente electrónico, cercano a algunas bandas sonoras ochenteras (Jan Hammer, Giorgio Moroder). Posee buen sonido y piezas muy llevaderas, que van a ser el germen del estilo que Paul Ward va a presentar en sus dos discos en solitario (por ejemplo "Taken to a place", que parece un bosquejo de "Interleave" -corte estrella de su primer álbum-, aparece en el segundo con igual título y tratamiento). Por unas u otras causas, Quiet Point se disolvió y Paul Ward comenzó su carrera en solitario; posiblemente era este último el principal valedor y creador en el grupo, de hecho Neil Thompson aporta una única composición en su participación en los dos álbumes en solitario de Ward. En "For a knave", el que nos ocupa, produce además tres de las composiciones, mientras que John Dyson se encarga de la producción de una de ellas, dejando el resto y la supervisión general para el propio firmante de la obra. Una pintura de Kevin Raddy ilustra la cubierta del plástico, anticipando su carácter aventurero. De hecho, un comienzo cósmico muy relajante deviene en una completa pieza estimulante e intrépida que parece haber sido creada como sintonía de televisión o incluso para cine del genero de espada y brujería, si atendemos a dicha portada. Dominada por teclados simulando guitarras y flautas, y percusión electrónica en una onda africana, en el climax final de "Flying south" suena otra furibunda falsa guitarra. Todo lo que hay de ficticio en esta música lo hay de palpitante, y mientras otros sintesistas deslizan provocativos juegos cacofónicos o largas suites atmosféricas en sus trabajos, Ward se centra por lo general en una música contundente, piezas electrónicas cortas con asomos al rock, de consumo fácil y entretenimiento, logrando un producto acertado y de calidad ("yo no hago desarrollos largos y ambientales", comentaba). El clima épico se mantiene durante todo el álbum, en el que también puede respirarse un componente altivo tan propio de otros músicos de renombre como David Arkenstone o Yanni, ambos del campo de la new age, que enaltece composiciones como "First home", con despliegue efectista final. Un teclado bastante solitario y afable es complementado en "Love, lies and magic" por aires sinfónicos conforme avanza la pieza, un tema producido por John Dyson, al que Paul atribuía todo el mérito del artístico tratamiento orquestal, que salvó una composición que no hubiera funcionado sin su ayuda. Más romántica se presenta "Borderline", que se hace corta, antes de llegar a un momento culminante (tal vez lo mejor, junto a "Flying south", de un disco muy adictivo) titulado "Interleave", melodía con fuerza, repetitiva y pegadiza, incluso excitante, que presenta vientos simulados muy atractivos. La segunda parte del álbum comienza con la facilona y pegadiza tonada de "Last stand", con ritmo constante y bajo y saxo simulados. "The alchemist" es otra melodía rotunda, la única que presenta una guitarra real en el conjunto electrónico (interpretada por Phil Easton), mientras que más delicadas son "Cetacean" (atmosférica y conmovedora), "Glide path" (soñadora pero directa) y un largo epilogo luminoso y aventurero, que deriva por igual en un tono épico y cósmico, titulado "Twelve towers", distinguible de los demás cortes por sus mantos de teclados en una onda planeadora. Es un final relajante y maravilloso en un trabajo con un melancólico toque retro ("el minimoog proporciona el sonido analógico clásico", añadía Paul), creado en 8 pistas y con el siguiente equipamiento: sintetizadores Roland (JX-8P, D50 y SH-09), Minimoog, Yamaha TX7, Sequential Circuits Pro-1, el sampler Ensoniq EPS y pedales Moog Taurus Bass.

Es evidente que se pueden encontrar similitudes en la obra de Paul Ward, por ejemplo la elegante secuencia y la ilusión de falso viento que abren "Flying south" bien podrían haber adornado algún trabajo del Vangelis de finales de los 70. Aunque no se puede llegar a asociar plenamente a esos monstruos de este tipo de música como el propio Vangelis o Jean Michel Jarre, sí que se pueden encontrar ecos de otros solistas de excepción como Joel Fajerman o Robert Schroeder (un poco menos Thierry Fervant, que incorpora elementos acústicos a su música), de bandas de gran seguimiento como Tangerine Dream (en su vertiente más melódica) o Wavestar (el grupo de John Dyson), así como de algún monstruo de la new age como David Arkenstone (en su carácter fantasioso y grandilocuente), o de refilón de otros artistas del sonido Narada Mystique, como Peter Buffett. La misma compañía Surreal To Real sacó a la luz en 1994 "The fear of make-believe", la última obra conocida de Ward. Presenta un sonido más avanzado, robótico incluso (a pesar de usar bajo, guitarra y batería reales), no tan provisto del halo romántico que desprendia el carácter aventurero de su debut, cambiado por una cierta frialdad cósmica que no llena tanto, al carecer de la frescura y elucidad de su primer plástico. Se mantienen las melodías atractivas, de continua sintonía (tal vez con voces hubiera entrado en la comercialidad del tecno-pop) y ritmos tecnológicos que hacen de "The fear of make-believe" otra obra totalmente acertada y recomendable para devotos de la electrónica y para cualquier tipo de público, dada su huida de ambientes caóticos y consecuente fácil consumo.





Etiquetas:

19.11.15

BABIA:
"Oriente-Occidente"

Antes de que la etiqueta Nuevas Músicas unificara en el mercado español una larga gama de estilos para su fácil comercialización, una serie de inquietos músicos habían desarrollado una llamativa fusión de sus trayectorias en el mundo del folk, la música antigua y el pop-rock. Cuatro músicos madrileños cercanos y amigables, Luis Paniagua, Luis Delgado, Eduardo Paniagua (hermano de Luis) y Jesús Greus (que se acabó especializando en música andalusí, afición compartida con los dos anteriores), se adelantaron a su tiempo al crear a comienzos de los 80 el grupo Babia, cuya existencia sólo contempló un disco, un excepcional vinilo titulado "Oriente-Occidente", publicado en 1982 por Guimbarda. Manuel Domínguez fue el periodista que creó este gran sello que publicó y distribuyó música folk de España (Emilio Cao, Labanda, Vainica doble, etc) y del resto del mundo (Alan Stivell, Boys Of The Lough, Silly Wizard, Pentangle y sus miembros -John Renbourn, Bert Jansch-, Don Cherry, Alan Giroux, Barbara Dane, Jose Afonso y un largo etcétera de más de 20 países, incluyendo el trabajo "Children of the sun", de un jovencísimo Mike Oldfield con su hermana Sally). Como su título indica, el álbum viajaba continuamente de Oriente a Occidente, paseándose por varios continentes en una rica y agradecida 'fusión étnica', tal fue el término que se utilizó para denominar a esta fenomenal aventura que Luis Paniagua reeditó en CD en 2003 en su sello Silentium.

Es precisamente en esta reedición donde encontramos un adecuado texto aclaratorio: "Hay que remontarse a enero de 1981 para encontrar el origen de lo que es hoy Babia. Fue en esta fecha cuando se comenzó a pensar en la posibilidad de crear una formación de músicos cuya labor no estuviera limitada por ningún molde previo. Se abrieron puertas y ventanas a muchas culturas, a nuevos y viejos sonidos y a un gran número de instrumentos". Extensa es, precisamente, la gama de utensilios: Sitar, pipa, esraj, psalterio, tanpura, contrabajo, bajo eléctrico, teclado, tabla, xilófono, caxixi, gong, timbales, címbalos, campanas, rueda de campanas, cencerro, botes de arroz, bolsa de moldes de repostería, voz (Luis Paniagua); sintetizador, órgano, guitarras sintetizadas, bajo eléctrico y sintetizado, archilaúd español, guitarra portuguesa, programador de ritmos, kalimba, rhana tun, cabasa, timbal, címbalos, campanas, voz (Luis Delgado); flautas sopranino, soprano, alto y bajo, flauta búlgara, flauta noruega, flauta sintetizada, psalterio, darbuga, xilófono, palo de lluvia, kalimba, crótalos, gongs, plato, cascabeles, campanas, campana de tubo, cencerro, sonajas, pajarito, voz (Eduardo); tabla, tabila, bombo, caja, charles, platos, campanas, caxixi, caña de semillas, voz (Jesús). Además, las colaboraciones puntuales de Pepe Ébano (tumbadoras), Andreas Prittwitz (saxo alto y clarinete), Paco Espinosa (bajo eléctrico) y Juan Alberto Arteche (voz). "Oriente Occidente" es un atrayente cuaderno de viajes que comienza con fuerza y folclorismo andino, pues la introducción ("Introducción-Nazca") nos conduce hasta Nazca, esa inmensa región peruana en la que se ubican unas misteriosas líneas excavadas en la arena como señales para dioses voladores. En esta mirada aérea -sólo se pueden distinguir desde el aire, de ahí que Luis añada 'elevándose a cientos de metros'-, la música consagrada a estos dioses es vibrante en cuanto a sus cuerdas y percusiones, si bien no hurga en lo misterioso y sí en lo folclórico por las flautas empleadas. El conjunto viaja hasta la India en el segundo corte, "Nuevos razonamientos", gran demostración de estos monstruos de la música patria que tiene todos los condicionantes para encandilar, melodía, ritmo, exotismo y una interpretación de lujo: el sitar era el instrumento característico de Luis en aquella época, y su exótico sonido llena este corte dividido en un primer segmento tranquilo y un segundo activo y pegadizo, tanto como para nombrarlo como uno de los momentos destacados, a pesar de no ser elegido como single. Desde luego, era un sonido distinto en aquella época, y no exento de comercialidad si se hubiera difundido con mayor acierto, y es que hay que hacer constar que estos cuatro amigos efectuaron una grabación adelantada a su tiempo. Cada canción es distinta a la anterior, así como su instrumento principal: en "Luciérnaga" es el saxo el que imprime un tono jazzero al tema, con un atractivo desarrollo bastante bohemio. Algo similar sucede en "Música terrena", con vientos desatados en un plan algo más étnico. Es Luis Paniagua el compositor principal del trabajo y en este sentido alma máter del mismo, puesto que solamente dos de los cortes no son de su creación: "Kejaritomene" (un pequeño interludio de su hermano Eduardo, que realmente se asemeja a alguna de las hermosas miniaturas que Luis Delgado creó poco tiempo después para el documental "Alquibla"), y "Mohebius" (que sí es obra de Luis Delgado, un folclórico 'nuevo amanecer, de un sol de color azul' -explica-, un cuento de andanzas exóticas con rica instrumentación comandada por la flauta, muy bien desarrollado y con un sonido muy actual). "Oriente-Occidente" tuvo un lanzamiento en forma de single, un intento de radiodifusión que contenía "Toi toy" en la cara A y "Torero" en la B: "Toi toy" es el tema elegido como portavoz de esta diferente propuesta musical, aunque tal vez no parezca tan atrayente o afortunada como "Torero" o "Nuevos razonamientos", pero si que posee garra y buenas intenciones, así como un enorme bajo (de Luis Delgado) que puede recordar a ciertas canciones de Pink Floyd o de Alan Parsons, lo que pudo motivar su elección como corte destacado. En las voces, en la más pura tradición india, colaboraba un invitado de excepción, el guitarrista de Nuestro Pequeño Mundo, Juan Alberto Arteche, que justo ese año 1982 fundó Finis Africae. Si cabe más interesante que el anterior, "Torero" es un sencillo distinto y atrevido para su época, un inicio calmado deriva en una llamativa y maravillosa pieza, pegadiza incluso en su tuna principal, en la que se puede paladear además la completa gama de instrumentos que la engrandece e intenta plasmar su definición en el cuadernillo: 'valor, locura, soledad, fé, oración, color'. Concluyendo, "Misterio del entendimiento" es de nuevo algo andina (presenta un primer tramo relajante a la flauta y un segundo rítmico con un ameno xilófono, consiguiendo un corte, si bien no especialmente destacado, muy completo) y "Bengala" retorna a la India, al adaptar un tema popular en el que destacan sitar y percusión, pleno de gracia y movimiento, un atractivo final en un disco completísimo que, recuerda Luis Delgado, se hizo mientras trabajaba en la RCA durante el día, y por la noche daba conciertos y producía grupos de folk. Luis Paniagua concluía así su comentario sobre el trabajo: "Un sonido nuevo en el cual se encuentran Oriente y Occidente, presente y pasado hacia el futuro. (...) Su música está llena de color, visiones, sensibilidad, ensamblando perfectamente los sonidos, las ideas y los timbres".

Dinámica y vital, la de Babia es una música que poco tiene que ver con la espiritualidad que Luis Paniagua promulgará en su carrera futura, aunque posea ciertos tintes relajantes, basados en la profunda sonoridad del sitar y de sus cadencias indias. Mas allá del folk, de las músicas del mundo y del jazz, esta conjunción de elementos tiene verdadero duende, exponiendo al oyente su fantasioso mundo interior, un cúmulo de viajes exóticos y experiencias interiores. "Oriente-Occidente", que en su título parece buscar un equilibrio entre la pobreza material de países como la India y la pobreza espiritual de nuestro modo de vida, sigue sonando fresco más de tres décadas después de su publicación, y permite disfrutar de un clima de lejanía y aventura sin salir de casa, un trabajo muy completo, de variada y poco convencional instrumentación, cambiante estilísticamente hablando, y con un vistoso componente melódico, una excepcional rara avis en el panorama de los grupos españoles de comienzos de los 80.

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:



Etiquetas: , , , ,

20.10.15

WOLFSTONE:
"The half tail"

Aunque la banda escocesa de rock celta Wolfstone siempre se había decantado hacia una música rotunda, una progresión natural experimentada desde comienzos de los 90 donde lo mas puro y tradicional seguía estando presente en gran medida, ellos mismos avisaban que en su trabajo de 1996 "The half tail", el oyente podría sentirse atrapado por un sonido mas duro que en los exitosos, sublimes incluso, "The chase" o "Year of the dog", las dos anteriores obras del grupo. La propia portada del nuevo álbum avisaba claramente de ello, una desafiante calavera de bovino con fondo de colores negro y sangre. Lástima que la caligrafía del libreto, obra de Amanda Munro, sea tan elegante y estilizada como dificilmente legible. El título provenía de una antigua expresión escocesa sobre los talleres en los que se reparaban los carros que se quedaban a 'media rueda' (half tail), al romperse una de ellas. El sello norteamericano de música celta Green Linnet volvió a apostar por estos herederos de William Wallace, y realmente es constatable que en "The half tail" se respiraba más que nunca el espíritu combativo escocés, a través de reels guerreros y letras comprometidas.

Esta banda implica una demolición del folk que se digiere de manera convencional, planteando una rockera y sugestiva combinación de ritmo y melodía, y una alternancia de temas vocales e instrumentales que consigue una deliciosa fluidez y mayor sensación de variedad. Desde luego, no hay momento para el aburrimiento en "The half tail", para empezar, por medio de un poderoso y bailable reel de título "Zeto" (su primera parte, 'Zeto the bubbleman', es una versión de Gordon Duncan de otra enérgica banda, Ceolbeg, mientras que el segundo tramo, 'Electric chopsticks', fue compuesto por Roddy MacDonald). El contraste se da con "Tall ships", una acertada canción de Ivan Drever con aroma country, armónica incluida. "No Tie Ups" es otro vocal que cierra el disco correctamente, sin embargo son las otras dos canciones que restan del trabajo las que rozan la excelencia: "Heart and soul", de fácil seguimiento, funde de nuevo eficazmente sones sureños y celtas, de la mano de Drever y Duncan Chisholm; y "Bonnie ship the diamond" es una delicia, un soberbio arreglo de un tema tradicional (consta de dos partes, 'Bonnie ship the diamond' y 'The last leviathan'), de desarrollo pegadizo y furiosa guitarra. En cuanto a los cortes instrumentales, el nivel es sencillamente sublime: "Gillies" es uno de los grandes clásicos de la banda y de la música celta de final de siglo, una magistral pieza recordada y venerada, que aúna intensidad y emotividad (su primera parte, el aire lento 'The sleeping tune', es obra de Gordon Duncan, mientras que la segunda y más rítmica, 'The noose and the gillies', la compuso el canadiense Perry Gauthier). En "Granny Hogg's enormous wallet" un comienzo de suave piano deja paso a una animada y sugerente danza con protagonismo de la flauta. "Glenglass" es una delicada y bellisima tonada de Stuart Eaglesham, esta vez dominada por el violín, otro de los puntos culminantes del álbum. Para concluir, "Clueless" no llega a alcanzar, a pesar de su corrección, los niveles anteriores. A efectos de producción el álbum es mas que correcto, posee un sonido limpio y conciso, con momentos de todo tipo muy bien delimitados y construidos. El responsable, Chris Harley, intentó ser el sustituto de Phil Cunningham, y este escocés desaparecido en 2015 demostró perfectamente su valía, la experiencia de tantos años con otra banda escocesa de renombre, Runrig, a los que agradecía Duncan Chisholm haber abierto el camino de la música celta escocesa hacia el rock. La banda mantenía sus cuatro miembros básicos, lo que garantizaba la conjunción de los mismos: Duncan Chisholm (violín), Ivan Drever (voz, guitarras, bouzouki) y los hermanos Eaglesham, Stuart (guitarras, whistle, voces) y Struan (teclados); además, Wayne Mackenzie (bajo), Mop Youngson (batería) y Stevie Saint (gaita), y como músicos invitados, Iain Macdonald (flauta), Sandro Ciancio (percusión) y Fraser Spiers (armónica). Mención aparte merece un gaitero tan innovador como Gordon Duncan (fallecido prematuramente en 2005, curiosamente el mismo año que otro genial intérprete de gaita, Martyn Bennett), que participaba en el anterior trabajo del conjunto, y si bien no aporta su magistral interpretación en éste, sí que colabora en la composición de algunos de los temas.

La inclusión de títulos tan míticos como "Gillies" o "Glenglass" en cuanto a los instrumentales, y "Bonnie ship the diamond" o "Heart and soul" entre las canciones, ayudó a hacer de "The half tail" un trabajo equilibrado (si bien los temas sin palabras parecen dominar el conjunto) y absolutamente imprescindible en la amplia y efectiva discografía de los escoceses, si bien culmina su mejor etapa, a partir de la cual las composiciones esenciales son menos habituales. Unas giras extensisimas hacían tan fáciles los momentos de fiesta como difíciles los destinados a la composición de nuevas canciones, lo que no impidió que siguieran llegando más trabajos con pequeñas nuevas joyas, buenos discos en general ("Seven" o "Almost an island", por ejemplo), pero que están notablemente eclipsados por la grandeza de sus grandes obras. No en vano, "The half tail" fue el último trabajo de Ivan Drever en la banda, al decidir dedicarse totalmente a su carrera en solitario. Uno de sus álbumes, "This strange place" (creado junto al bajista Wayne Mackenzie), creó una cierta confusión en el público al decidir Green Linnet editarlo bajo el nombre de Wolfstone, sin tener el sonido propio del grupo, el que abrumaba en trabajos como "The half tail".

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:





Etiquetas: , , ,

22.9.15

HIMEKAMI:
"Ihatovo Hidakami"

De un tiempo a esta parte, la enorme importancia que han adquirido los medios de comunicación ha posibilitado que lo que antes era muy lejano, casi imposible de acceder, ahora esté a un solo click del ratón, más allá de kilómetros, idiomas y fronteras. Por eso ahora conocemos con total fiabilidad las discografías de músicos lejanos y exóticos, pero sólo hace unas décadas nadie fuera de Japón sabía quién era Yoshiaki Hoshi y por lo tanto Himekami, grupo de culto en su país que al fin traspasó fronteras gracias a la recopilación "Moonwater", distribuída en Estados Unidos por Higher Octave Music y con edición española a cargo de Sonifolk/Lyricon. Dicho sello se encargó de la difusión y traducción a nuestro idioma de las nuevas obras de la banda nipona, comenzando por un sosegado trabajo de 1990 (que llegó a España en 1991) de título "Ihatovo Hidakami", en cuyo interior se explicaba: "En Ihatovo Hidakami se encuentra el origen de Japón, que nunca acabará de contarse". Es altamente destacable la forma en la que dos músicos japoneses tan parejos pero a la vez tan distantes y personales, como Yoshiaki Hoshi y Kitaro, quisieron tratar el mismo año 1990 la historia de sus orígenes. Hoshi (Himekami) se amparó en la poesía y en una supuesta sencillez inspirada por la naturaleza, mientras que Kitaro utilizó una mayor complejidad instrumental para abordar las leyendas ancestrales de su tierra en otro inmenso álbum de título "Kojiki".

En el caso de Himekami, la interacción entre la propia imaginación del músico y los mitos colectivos del país nipón, generaron una realidad artística que iba más allá de la propia música para alcanzar un extraordinario nivel poético, lográndonos trasladar mentalmente a los paisajes inmemoriales a los que rendía pleitesía, como inspirado por antiguos alientos. Hidakami (también conocido como Kitakami) es un lugar del norte de Japón, en la prefectura de Iwate, varios kilómetros al norte del lugar de nacimiento de Yoshiaki Hoshi, la ciudad de Wakayanagi (Kurihara), en la prefectura de Miyagi. La de los Hoshi con Iwate es una historia de amor, allí instalaron su residencia y lugar donde compusieron sus éxitos, y también allí (en Takizawa, concretamente) nació su hijo Yoshiki, que actualmente mantiene el nombre del grupo tras la muerte de su padre. Es evidente que se trata de una zona que los Hoshi conocían a la perfección y quisieron reverenciar en este trabajo, tanto a través de una preciosa música como de un completo libreto ilustrado con bellas fotografías naturales, cada una de ellas presidida por un idílico pie de foto. Con aspecto de haikus (breves poemas japoneses de tres versos, basados en la emoción que produce la contemplación de la naturaleza), se trataba de poemas en los que se hablaba de ese lugar del norte de Japón llamado Hidakami, donde el sol, el viento o el bosque son elementos tan profundos y espirituales como la memoria de sus gentes, que alcanza los siete mil años. La música presentada por Yoshiaki y Etsuko Hoshi en este álbum de sonido complaciente, relajado, se apropiaba de la magia del paisaje, de la insondabilidad de las viejas leyendas y de la cercanía y felicidad de sus pobladores, en su paleta abundaba el colorido, del azul del cielo y de las aguas, al verde de los árboles o el rojizo de los atardeceres. En "Katayuki kanko shimiyuki shinko" podemos notar cómo toda la naturaleza se va desperezando, cómo el sol llega poco a poco a cada rincón del bosque y el nuevo día hace acto de presencia, derivando en un pequeño himno pleno de sencillez, una música tan inocente que parece hecha para alguno de los films animados de la época dorada de Disney. De hecho, "Tsuriganesouwa asano kaneo takaku narasi" ('La flor campanilla tintinea fuertemente por la mañana') podría asemejarse a una nana, por su suavidad y una cierta carga infantil, una humilde belleza flotante. También infantil pero muy eficiente es "Sanjyunen toiu kiirona mukasi" ('El color de 30 años convertido en sepia'), otra divertida tonada juguetona, saltarina, destacada en el trabajo, si bien no tanto como "Kaze no manto" ('El manto del viento'), posiblemente el tema estrella del álbum -junto al que lo cierra-, una hermosísima demostración de lo que Hoshi era capaz de ofrecer, extrayendo de muy dentro sonidos que conectan con la más profunda esencia del oyente. 'El manto del viento' mantiene durante un minuto un carácter ambiental, para encontrar entonces una exultante melodía de teclado aflautado, igual de apacible pero con mayor intensidad. También "Tsumekusano akari" / "Ano Ihatovo no sukitohtta kaze" ('Aquel transparente viento de Ihatovo') es otro corte afortunado, melodía ondeante que se desarrolla in crescendo durante mas de 8 minutos, un ensueño bucólico en el que árboles, plantas y animales se enzarzan en un ballet mágico. Composiciones relajantes adornan el resto del álbum, la suite "Kouseino sorano nohara" ('El campo bajo el cielo azul') / "Kentaurusai" ('La fiesta de Kentauro') / "Hontou no saiwai" ('La verdadera felicidad') presenta ciertas reminiscencias clásicas chinescas, "Numabatakeno oriza" ('Oriza en la ciénaga') es como un Debussy japonés, y una nueva suite, "Oozonaro taki" ('La cascada del cielo') / "Kuromojino kino nioi" / "Yukiwa aojiroku akaruku mizuwa rinkouo age" ('La nieve está pálida y el agua fosforescente'), parece una auténtica sinfonía natural. La capacidad evocativa, presente en este trabajo, de la música de Himekami ha provocado que durante su trayectoria varias de sus composiciones hayan servido para acompañar imágenes de documentales ("Kaido") o películas ("Tohno monogatari"), además de servir de sintonía para cabeceras de programas de la NHK y la TBS. De igual manera, "Ihatovo Hidakami" concluye con una suerte de sintonía, "Aoi kurumi" ('La nuez azul'), una dulce melodía de semblanza folclórica, que sin llegar a impresionar sí que se puede respirar y disfrutar. Discurriendo por caminos de aparente simplicidad, la beldad de las armonías y ambientes de "Ihatovo Hidakami" embelesa sin llegar a aburrir, la delicadeza de los teclados inunda de belleza cada composición, y las dotan de aspecto natural, en absoluto sintético, gran virtud de un grupo que se inspiraba preferentemente en la naturaleza, y cuyas pretensiones eran ni más ni menos que reflejar en su música lo increíble, maravilloso y en ocasiones indescriptible, de los paisajes, cielos, aromas, flora o fauna de Japón. Y por lo general, lo conseguían.

Apacible, balsámico, infantil por momentos, o al menos enmarcada en un tipo de sonido para todos los públicos, esta obra es un sencillo cuento que consigue algo tan complicado como narrar la belleza, logrando de paso una belleza doble, la comunión de paisaje y música, a través de ambientales haikus musicales, serenos, discretos, pero absolutamente emocionantes. Como su propio país, Hoshi representaba perfectamente esa dualidad entre lo antiguo y lo nuevo, lo ancestral y lo tecnológico, lo natural y lo artificial. Bien construida y encauzada, la vivencia en armonía de ambas realidades generó un producto embriagador, que lamentablemente no parece haber tenido una continuidad aceptable tras la muerte del maestro, en su propio hijo Yoshiki. Nos quedamos, entonces, con esa estupenda discografía que afortunadamente, en cuanto a los años 80, hemos podido degustar a través de completos recopilatorios ("Moonwater", "Snow goddess", "Lo mejor II" -que incluía dos composiciones de "Ihatovo hidakami") y, ya llegados a los 90, por medio de ediciones con traducciones a nuestro idioma de álbumes como "Zipango", "Homura" o "Ihatovo Hidakami".

ANTERIORES CRÍTICAS RELACIONADAS:



Etiquetas: , , , ,

6.9.15

NICHOLAS GUNN:
"Afternoon in Sedona"

Al contemplar, en vivo o en fotografía, la riqueza paisajística de desiertos como el de Sedona, en el estado norteamericano de Arizona, se presume lo fácil que debería resultar para un músico sentirse inspirado por su belleza e inmensidad. Artistas tan distintos como Steve Roach, Ken Davis o Chris Spheeris se han sentido atrapados por esas formaciones rocosas de arena rojiza que rodean la ciudad de Sedona, en las cercanías del parque nacional del Gran Cañón. El flautista inglés -afincado desde su juventud en los Estados Unidos- Nicholas Gunn, es otro de los músicos que plasmó en CD sus impresiones al respecto de este desierto rojo y de la espiritualidad que emana del lugar, así como su homenaje hacia las tribus nativas americanas, Sinaguas, Yavapis y Apaches, que habitaron tan prístinos paisajes hasta que acabaron siendo recluídas en la reserva india de San Carlos, al sudeste de Arizona. Su recuerdo llevó por titulo "Afternoon in Sedona" y lo publicó el sello de Sausalito (en la bahía de San Francisco) Real Music en 1993.

Para sacar a la luz sus primeras composiciones tras las negativas de las discográficas a las que había enviado sus maquetas, Gunn tuvo que recurrir a la autoedición de "Afternoon in Sedona" en 1992, e incluso obtuvo un buen reconocimiento gracias a algunas emisoras independientes y a varias cadenas de tiendas de artículos naturales que también vendían músicas de relajación y New Age, como Natural Wonders o The Nature Company. El carácter minorista de esta primera grabación de "Afternoon in Sedona" no evitó que Real Music mostrara interés en su reedición, aunque en un primer momento había sido uno de los sellos que había obviado las propuestas de Nicholas. El CD, reeditado con merecimiento en 1993, logró un cierto éxito, si bien fue su segundo trabajo, "The sacred fire", el que alcanzó el top 10 en las listas de ventas de New Age de la revista Billboard, una categoría con la que el músico no estaba de acuerdo, prefiendo el término World Music o Instrumental Music. "Afternoon in Sedona" posee una encantadora inocencia, transmite paz, incluso amor o pasión, sentimientos que inspiran a este músico tanto como los grandes paisajes. De inicio sorprende con el corte homónimo, una divertida tonada de ritmo animado donde la flauta ya toma el lógico protagonismo. Algo mas elaborada y con una delicada dosis de fantasía se presenta "The traveler", donde el flautista propone que aprendamos de lo que 'el viajero' puede contarnos, y para completar una estupenda terna inicial, "Sedona rising" es una composición mas aventurera, si bien con la sutileza propia de este hábil intérprete que festeja aquí los cambios estacionales. Aunque la flauta sea en todo momento el elemento principal, es destacable el carácter multiinstrumentista de Nicholas Gunn, que interpreta en el disco flauta, violín, percusión, piano y sintetizador. Alex Acuña y Auzzie L. Sheard III colaboran en la percusión, y Bill Cobb con las guitarras. Ya en el comienzo del álbum destacan especialmente las percusiones, y es que no hay que olvidar que un Nicholas adolescente, ya afincado en Los Angeles, aparcó la flauta un tiempo para dedicarse a la percusión. También hay que prestar atención a los teclados, que adquieren especial relevancia en "Medicine wheel" -de un eficaz sinfonismo que representa 'las emociones cotidianas sentidas por los indios cuando adoraban al poder curativo dentro del equilibrio creado en sus vidas en Sedona'-, "Moondance" -una danza a la luz de las estrellas dotada de burbujeante magia- y "Voyage of the butterfly". Al contrario que la mayoría de las canciones más recordadas, que adquieren notaciones tribales, esta última está poseída por una gran dosis de romanticismo, si bien la composición más destacable en ese sentido es la que Nicholas dedicó a su esposa, "Michelle's theme", que le recordaba en todo momento lo delicado que podía ser el amor. Toques épicos se advierten en "Dance of the eagle", y sonidos naturales ayudan a crear atmósferas nativas en "Fading from existence" (sobre la sabiduría de la naturaleza) o "Qomolangma" (el nombre tibetano del monte Everest). En general se trata de un trabajo sencillo y encantador, que suple su limitada profundidad con una buena dosis de espiritualidad y bellas melodías denominadas por la crítica como neo-primitivas, y que evidencia el dominio de los instrumentos de viento de este multiinstrumentista nacido en Rochester. En un afán creativo que le lleva a controlar cada faceta de su música, Nicholas es, además de compositor e interprete, el productor de sus propios trabajos, como de este álbum de debut en un mundo, el de la música instrumental, al que quiso acceder tras admirar la obra de sintesistas como Jean Michel Jarre o vangelis, y descubrir sus enormes posibilidades.

Nicholas Gunn propuso en "Afternoon in Sedona" una colección de juegos de viento, teclado y percusión de meliflua sencillez, tal vez inocencia, pero de gran acierto en el sentimiento y en la manera de concentrar sus intenciones espirituales en el pueblo indígena americano, pues parte de la esencia india se encontraba en la mayoría de los cortes del trabajo, a los que imprimía una gran fuerza tribal. Basado en un tramo inicial fabuloso, deslumbrante por momentos, se trató de un primer disco prometedor, una potente irrupción en el mercado de la New Age de este artista que continúa activo sin descanso y con solvencia, si bien su popularidad, como la de la mayoría de las estrellas de este tipo de música, ha ido menguando con el paso del tiempo. En estos estupendos y exitosos inicios, quedó deslumbrado por la belleza sin igual de los paisajes de Arizona, que intentó convertir en una música profunda y hermosa: "No hay mapas de carreteras en esta tierra, las únicas direcciones son aquellas que parten del corazón".

Etiquetas: , ,